Aunque el ser humano persigue de manera desaforada el dinero, los bienes, los autos lujosos, las mansiones, la ropa de marca, la electrónica sofisticada y otra clase de “satisfacciones” más, está claro que en medio del panorama gris y la descomposición social que vive la humanidad, el tesoro más valioso es la tranquilidad.

La tranquilidad es un estado de calma y paz interior en el que una persona se encuentra libre de preocupaciones, tensiones o disturbios; es una fase mental y emocional donde se experimenta serenidad, armonía y bienestar, resultado de la ausencia de conflictos, la práctica de técnicas de relajación, el contacto con la naturaleza, la meditación o simplemente estar en un ambiente seguro y reconfortante, lejos de riesgos y amenazas.

Contrario a pensar que la tranquilidad se obtiene con el poder adquisitivo, para muchas personas el anhelado instante es un objetivo deseado en la vida, porque contribuye significativamente a la ventura general del equilibrio emocional.

Sin embargo, hay personas nocivas empeñadas en robar la sonrisa y la tranquilidad a otros; seres lúgubres que llevan sobre su espalda una pesada carga de culpas, resentimiento, pasado punzante y dolor, razón por la que les molesta profundamente la alegría y el bienestar de aquellos que, con positivismo, buscan espacios reconfortantes para hallar la felicidad.

Un ser feliz es para estos enfermos personajes como “acercarle la cruz al demonio” y por eso se retuercen como si el éxito y el contento del otro fuera su contra, su amenaza y padecimiento.  

Cuando se nos acercan estas energías oscuras, el ambiente se torna pesado, tétrico y sombrío, todo es negativo, tragedia, no se habla de otra cosa y la crítica mordaz es predominante. Personas cuya única misión de vida es destruir, anular, diezmar, calumniar y apesadumbrar con sus palabras cargadas de desilusión y venganza interior.

Pero no solamente son esos seres luctuosos los que nos roban la sonrisa y la tranquilidad, porque en un acto de masoquismo desaforado, acostumbramos a reunir la familia en torno a la mesa y mientras llevamos la cuchara a la boca ponemos a todo volumen la televisión y el móvil para ver las más horrendas escenas de asesinatos, secuestros, hurtos, odio, polarización, inquina y un santoral más de tóxicas noticias que de tajo nos cambia el semblante y nos llena de zozobra y miedo.

Hoy, en el espectro digital hay infinidad de posibilidades para escuchar, ver y leer buenos contenidos, pero al parecer nos quedamos anclados a esos medios que utilizan la chabacanería, el chisme mediático y los titulares amarillistas, la difamación y el comentario ligero para ganar adeptos, mientras en la otra fila del control, en el dial y el teclado existe un abanico muy grande de opciones para reemplazar los compendios nocivos y, sin apartarnos de la realidad, consumir contenidos útiles que contribuyan al crecimiento intelectual, estético, espiritual y humano. Lo que vemos, leemos y oímos en las redes, la televisión, la radio y la prensa escrita, es decisión únicamente nuestra.  

Debemos cerrar filas y tomar distancia de esos abismos puestos allí como trampas mortales y al acecho de un pequeño resbalón de los incautos caminantes para devorarlo en el vacío de sus penumbras.   

Hallar valor a esa armonía que solo encontramos en las pequeñas cosas, a la grandeza que significa la familia, al amor incondicional de los padres, al fraterno abrazo de los escasos amigos, a la verdad y a la fidelidad a los principios, es una buena solución para mantener en nuestro rostro una sonrisa plena y en el espíritu la tranquilidad que nos otorga una salud mental y emocional positiva y duradera.

 Las telarañas internas que invaden el interior y dejan atrapados los sueños deben ser des-enmarañadas con una buena alimentación, permanente ejercicio, prácticas sanas, consumo de contenidos alentadores, el relacionamiento con seres auténticos y valiosos, la concentración en nuestros objetivos de crecimiento y la acción efectiva, porque como dijo el Papa Francisco a los jóvenes en su visita a Colombia “Que nadie les robe la alegría y la esperanza”.

 José Ricardo Bautista Pamplona

Tomado de https://www.lapalestra.com.co/

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