La capacidad de superación y resiliencia de las personas significa que, en ocasiones es necesario llegar a un punto bajo o difícil para poder comenzar de nuevo en forma ascendente.
Cuando alguien «toca fondo» puede estar pasando por un momento de dificultad, crisis o adversidad muy fuerte y es justamente en esos instantes cuando se tiene la oportunidad de replantearse al interior, revisar lecciones aprendidas, tomar medidas para salir adelante o proseguir la marcha sin esas pesadas cargas de remordimiento sobre la espalda, en paz y con un optimismo renovado para alcanzar las estrellas.
Esta idea está relacionada estrechamente con la capacidad humana de crecer a través de las experiencias difíciles y algunas personas encuentran fuerza interna, motivación y claridad de propósito, precisamente cuando se enfrentan a momentos aciagos.
Los mayores nos enseñan todos los días con ejemplarizantes acciones que en lugar de quedarse anclado a los recuerdos, a lo que pudo ser y no fue, a lo que no debió suceder y sucedió o a la desesperación ocasionada por los trances del destino, debemos utilizar tan difícil etapa como trampolín para impulsarse hacia arriba hasta asomar la cabeza por la parte superior del atolladero y no volver a repetir tan garrafales errores.
Subir cuando se «toca fondo» es una metáfora que enfatiza en la capacidad de las personas para encontrar la fuerza y la determinación necesaria como forma de superar las adversidades y mejorar los lapsos, incluso después de haber enfrentado las tormentas de ansiedad y desdén más espinosas nunca antes sospechadas.
Una especie de masoquismo ronda con frecuencia las conductas de los seres humanos y por eso, aunque los más cercanos nos advierten con un sabio instinto de lo peligroso, inconveniente y nocivo de «X o Y» relación, o de los desastres que anuncian algunos de nuestros actos, debemos irracionalmente sufrir y vivir el dolor para entender que tales avisos, especialmente los una la madre, estaban ajustados a la lógica y la razón.
«Tocar fondo», entonces, puede llevar a una mayor autoconciencia, porque es en los momentos de zozobra cuando las personas suelen pensar con perspectiva analítica sobre sus cotidianidades y esas decisiones desafortunadas tomadas en un mal momento, por lo que tal reflexión puede conducir a una comprensión más profunda de sí mismo, para inventariar y seleccionar fortalezas y debilidades, y asumir cambios necesarios para mejorar el tramo restante de vida.
Las experiencias difíciles son un catalizador poderoso para la emancipación de sentimientos, porque “tocar fondo” a menudo lleva a una profunda insatisfacción, desesperación o depresión causada por la adversidad y a menudo puede impulsar a la persona a buscar activamente un rumbo mejor por cuanto la conclusión irreversible de no volver a experimentar esa situación desagradable se convierte en fuerte envión conducente a permutas positivas.
Aunque “tocar fondo” no es un requisito absoluto para mejorar, paradójicamente resulta ser un punto de maduración importante en el proceso del crecimiento humano, porque las experiencias difíciles llevan a una mayor autoconciencia, motivación, reevaluación de valores, desarrollo de la resiliencia o aprendizaje y todo suma a una mejora significativa, tanto en la calidad de la existencia como en la cristalización de sueños atrapados que, gracias a la adversidad, salen de entre las cenizas como el ave fénix para alzar el vuelo.
José Ricardo Bautista Pamplona
Tomado de https://www.lapalestra.com.co/
