Escrito por: JULIO CÉSAR CORREDOR

En las redes sociales pululan unos particulares test, que ponen a prueba el conocimiento o la memoria de las personas.  Algunos, incluso, de manera irónica, buscan dejar en evidencia que la persona, ya no es tan joven como lo cree. Para el caso de quienes hemos vivido en la “muy noble y leal ciudad de Tunja” aparecen interrogantes como estos:

  • ¿Se puso cita con los amigos, en la esquina de Telecom?
  • ¿Estuvo escogiendo a qué película ir, en la esquina de los afiches?
  • ¿Conoció o jugó billar en el Champion?

Si el porcentaje de respuestas positivas alcanza el 50%, usted supera los cuarenta años de edad.

Ahora bien, siguiendo ese jocoso estilo de interrogatorio, yo les pregunto:

  • ¿Estuvo usted con múcura, olla, o balde en mano, recogiendo agua en la ‘Pila Salada’, en la ‘Fuente Grande’, en la ‘Fuente Chiquita’, en la ‘Casa del Sapo’, ¿o en algún otro aljibe natural de Tunja?
  • ¿Tuvo que estar atento al paso del carrotanque, si no es qué de los asnos, para salir a llenar las ollas de agua?
  • ¿Podía bañarse, máximo, cada tres días a totumadas?  

Si el porcentaje de respuestas positivas alcanza el 10%, usted es de los que vivió las afugias e incomodidades de la Tunja sin agua, la que “moría de sed” y en cuyas casas, los grifos, las regaderas y las cisternas eran prácticamente, elementos decorativos, a los que se les “hacía fiesta”, cuando de ellos salía una gota del llamado ‘vital líquido’.

No en vano, los tunjanos por aquellas épocas teníamos la fama de desaseados, dizque porque le teníamos miedo al agua. Pues ni una cosa, ni la otra, simplemente era porque la poca que llegaba, había que “escurrirla” al máximo, para cocinar, lavar la ropa, descargar los sanitarios, y bueno, también para nuestro aseo personal.

Esa compleja situación, fue llevando la ciudad al atraso, y de la próspera Tunja de la Colonia, capital de las Provincias Unidas del Nuevo Reino de Granada, se pasó a una región estancada, con escaso desarrollo, pues ante la falta de agua, ninguna empresa de renombre la veía dentro de sus objetivos y las que estaban, poco a poco alzaron vuelo.

Eso no lo saben las nuevas generaciones, ni los forasteros, aquellos que llegaron a Tunja no hace más de 27 años, y si lo saben, no magnifican lo que como niños, jóvenes o adultos, tuvimos que pasar.

Por eso, así como celebrábamos jubilosos, cuando el oxidado grifo proveía agua, hoy nos regocijamos y elevamos un agradecimiento al cielo, porque en medio de uno de los veranos más intensos que hemos experimentado en los últimos tiempos, Tunja es la paradoja nacional.

Pero ojo, con la suerte no se juega, conozco grandes fortunas que se han esfumado en un abrir y cerrar de ojos, por eso, la incalculable fortuna que tenemos hoy los habitantes de Tunja, debemos cuidarla al máximo y más allá; no olviden que ‘quien no recuerda su pasado, está condenado a repetirlo’.   

Por eso, a aquellos afortunados, a quienes a toda hora han tenido agua para refrescar su rostro, cantar en la ducha, tener el más lindo jardín, o exhibir su resplandeciente vehículo, les invito respetuosamente a tomar conciencia, para que podamos tomar agua, o para que mañana, no les vayan a decir, “piojosos desaseados”.

Tomado de: https://ultimahoraboy.com/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *