Así lo testifica para creyentes y no creyentes en las sagradas escrituras, una afirmación que tiene una base real, lógica y sólida.
La división interna dentro de un reino lleva a conflictos constantes, debilitando su capacidad de gobernar eficazmente y, por ende, impide proteger a sus ciudadanos de la debida forma.
Los bandos opuestos de uno y otro lado socavan la estabilidad, generan discordia y dificultan la toma de decisiones acertadas dando paso a las determinaciones arbitrarias que, a causa del conflicto, las pugnas y el pulso constante, terminan por afectar a los que menos tienen que ver en el acalorado trance de los egos, el resentimiento, las revanchas, las venganzas y la idolatría.
Cuando un país está desunido, carcomido y polarizado, experimenta consecuencias negativas, porque la parcelación lleva a apuros civiles, revueltas, guerras urbanas e incluso a la fragmentación en estados más pequeños o «repúblicas independientes» ocasionando con ésto el desgobierno y la desintegración total.
Por otra parte, la falta de cohesión hace que el país sea más vulnerable a las amenazas externas, como invasiones de otros estados o intervenciones extranjeras, porque la falla en la conexión genera inestabilidad política, y a su vez afecta negativamente la economía del colectivo.
La incertidumbre política y los cambios constantes en el liderazgo, llegan a disuadir la inversión extranjera y entorpece el desarrollo monetario, por cuanto la división impide la toma de apreciaciones efectivas y genera intranquilidad y desconfianza entre los inversionistas.
La segmentación erosiona la identidad nacional y la coherencia cultural de los estados, lo que conduce a una pérdida de solidaridad entre los ciudadanos y el surgimiento de alteraciones que desembocan en la intimidación, la inseguridad, el vandalismo, el terrorismo, la corrupción y el desenfreno social.
Las devastadoras consecuencias de la división entre Rusia y Ucrania, Israel y Palestina que han dejado miles de muertos, genocidios y la destrucción de la infraestructura patrimonial, o la de Venezuela que hoy tiene a sus conciudadanos mendigando, algunos delinquiendo y otros sobreviviendo en países ajenos, son algunos ejemplos históricos de cómo la partición interna es lesiva, como ocurrió en el Reino de España durante el siglo XVII, durante el período conocido como “la guerra de los treinta años”.
En ese momento, España estaba dividida por conflictos religiosos, políticos y territoriales y el gobierno central, bajo la dinastía Habsburgo, luchaba por mantener su dominio sobre un vasto imperio que incluía territorios en Europa, América, África y Asia, sin embargo, la descentralización del poder, la corrupción, la incompetencia administrativa y la intolerancia religiosa minaron la coherencia del reino.
Internamente España enfrentaba tensiones entre la corona y los distintos reinos y regiones, como Cataluña y Portugal, que buscaban más autonomía, además, la guerra con las Provincias Unidas actualmente Países Bajos, la guerra contra Francia y la participación en la “guerra de los treinta años” en Europa central contribuyeron a la agitación interna y al agotamiento económico del reino.
Estas divisiones aprisionadas y los conflictos externos tuvieron graves consecuencias para España, porque el imperio español perdió influencia internacional y enfrentó una crisis económica profunda, con altos niveles de deuda y dificultades para financiar sus guerras y la población sufrió a causa de la guerra, la pobreza y la opresión, por lo que el prestigio internacional de España se vio severamente debilitado.
Así lo registra la historia, como está registrando ahora otro capítulo aterrador en la que la división de los países nos ha puesto de frente un panorama desértico donde reina la discordia, el odio y el forcejeo de ideologías que han fortalecido la vanidad, el menosprecio y las fricciones entre los pares, e incluso entre las familias rotas ahora a causa de una aguda polarización.
Vale la pena reflexionar profundamente para entender de una vez por todas que vivir y subsistir en medio de las diferencias ideológicas si es posible, si sacamos a flote ese ser reflexivo, tolerante y respetuoso que llevamos dentro y que, por los yoes, la soberbia y la insensatez, no le hemos permitido asomarse siquiera a la ventana de la realidad, convirtiendo la existencia en un campo de batalla.
¿Qué hacer desde la perspectiva individual y comunitaria?
Ignorar al tóxico y soberbio que ahora y tras el auge de las redes ha tomado tanta fuerza, es una forma sabia de silenciar las voces incendiarias de los pirómanos sociales agazapados tras la pantalla, que se sacian con el complot, la desunión, el roce, la pelea y el conflicto.
Promover la educación sobre la diversidad cultural y las relaciones ayuda a reducir los estereotipos y prejuicios que contribuyen a las divisiones internas.
Fomentar un diálogo abierto y constructivo entre los líderes y ciudadanos de diferentes corrientes es fundamental para abordar las diferencias y encontrar soluciones pacíficas a los conflictos.
Promover la cooperación económica a través del comercio justo, la inversión y la asistencia financiera para reducir las desigualdades económicas, promoviendo un desarrollo más equitativo y justo donde no se castigue a nadie o se estigmatice a quien ha logrado construir un capital sólido a base de esfuerzo y sacrificio.
Derrotar la corrupción, venga de donde venga y castigar severamente a los que se apropian del patrimonio público, con una justicia que aplique el mismo rasero para todos.
Fomentar el intercambio cultural a través de programas de permuta de festivales culturales y eventos para ayudar a construir puentes entre personas de otras regiones, promoviendo el entendimiento mutuo desde la diferencia a través del arte y la cultura.
Apoyar los derechos humanos y la justicia social en todo momento para abordar las desigualdades y las injusticias que contribuyen a la división entre regiones y simpatizantes de una y otra corriente política.
Trabajar para prevenir conflictos y promover la resolución pacífica de disputas ayuda a reducir la división y promueve la estabilidad, tarea que corresponde a todos y en especial a quienes tienen la responsabilidad de gobernar y representar los intereses todos sin distingo de raza, creencias, posición económica, ideologías políticas o religión.
Se necesita, entonces, un esfuerzo concertado y continuo de parte de individuos, comunidades, gobiernos y organizaciones para lograr un país más unido y pacífico.
Bienvenida la controversia decente, analítica y respetuosa sobre la cual se construyen idearios compuestos que suman acciones concretas y eficaces en beneficio de una nación y no perdamos de vista la sabia reflexión refugiada en el Libro Sagrado que reza: “Si un reino está dividido en bandos opuestos, no puede subsistir”, Mc 3, 20-35.
Les dejo aquí varias frases contundentes consignadas en nuestra bella música andina colombiana, salida de la pluma de sensibles compositores que han sabido rimar las consonancias como clamor fidedigno por la paz y la concordia de los pueblos, porque como dice la composición de Eugenio Arellano Becerra, “Sólo el bambuco tiene permiso de hacer llorar el alma de la nación».
«Colombia una sola bandera, del color de la paz y el perdón…
La gloria y la calma te esperan, tu pueblo suplica la unión»… Bambuco: Colombia una sola bandera de Leonardo Laverde Pulido.
«Toca a un mendigo hambriento, a un harapiento, a un sicario
A uno que vende sueños y a otro que espera milagros… les hablo de la esperanza»… Guabina a la Esperanza de John Jairo Torres de la Pava
«Que suenen explosiones de inteligencia, sobre el herido vientre de mi país
que el pueblo de este niño tome conciencia, que la violencia no lleva a un fin»… Bambuco; Hay que sacar el diablo de Eugenio Arellano Becerra.
«Aunque las guerras no paren y las batallas se enciendan y los odios se nos crezcan como inmensas cordilleras….
Yo, todavía creo, en el amor creo y en la paz también»… Bambuco: Todavía Creo de Carlos Alberto López Arango
“La he visto hacerse palabra, sonido y color. A pesar de tanto gris y de tanta decepción, la esperanza no abandona su misión”… Bambuco: A pesar de tanto gris de Luz Marina Posada.
“Es el cantar de la raza del café, es el petróleo que hierve entre tus venas…
Es tu gente que no quiere más morir, es un clamor un grito es Colombia entera»… Bambuco: Oh mi país de Guillermo Calderón.
“Cuando entre cantos de arrieros, viajaban las esperanzas, se tenía por arma un tiple, sin derramar ni una lágrima, había una estrella en el cielo que siempre arrullaba el alma»… Bambuco: Dolor de patria de Lucho Vergara.
“Hablo de un lugar, donde alguna vez, quiero de nuevo regresar, hogar de ríos de miel donde Dios sembró su paraíso de café, solar del amor de ayer de la caña dulce, el oro negro y tanta fe, sentir lágrimas de sal cuando se hacen guerras, pero en nombre de la paz” … Bambuco: Una casa llamada país de María Isabel Saavedra.
“Tanta tierra bonita, sería un oasis si hubiera paz, si la gente quisiera tener respeto por los demás, el dolor y la pena se cambiaría por mil canciones, todos los senderos se podrían andar. Que se cansen los malos pa’ que Colombia vuelva a empezar… Bambuco: Que se cansen los malos de Liliana de López.
“Cantar es paz, cantar es fe, cantar es ver un poco más allá…
Cantar es alejar las penas, es ver las cosas buenas que la vida nos da”. Bambuco: Cantar de Ancizar Castrillón Santa.
“Ahora todo ha cambiado, se ríen del que es honrado, no vale nada la vida y la ambición van cegando en la conciencia torcida los valores más sagrados” … Bambuco: Volvé maestro de Héctor Ochoa Cárdenas.
Para cantarle a la vida, para llamar al amor; para olvidar las heridas con qué llora el corazón, hay que despojar del alma, odio, violencia, rencor y reflexionar con calma sobre la paz y el perdón. Bambuco: Ilusión en pentagrama de Cesar Augusto Mejía.
“Si Colombia, tú eres grande, no permitas que se acabe, tu verdor…
Muestra altiva tu belleza, levantando la cabeza… Bambuco: Por Ti Colombia.
Por: José Ricardo Bautista Pamplona
Tomado de https://www.lapalestra.com.co/
