No es por desesperación, alarmar o intimidar, pero ya es hora que con tantos bandazos, que los advertimos en estos pregones, nos vayamos preocupando para las medidas que debemos tomar cada uno, cada sector, cada municipio, cada departamento, y en fin cada “grupo social” (como nos identifican los expertos estudiosos), porque alguien le tiene que aclarar y precisar que “la susodicha reelección no es un concurso” y eso daría las precisiones para dejar de abusar del poder.

Más que ser de bandos, de oposición, de centro, con gustos o diferencias, cojamos camino por el bien de nuestras vidas, no seamos tan despreocupados y dejarle todo a quienes, por hacer cambios, están exagerando todo para tener los pretextos de aplicar sus fórmulas y experimentar con lo que jamás se les iba a dar, pero a punta de defenderse con ataques no deja caminos diferentes a que esto no va a terminar bien. Y señalar culpables no será el remido para esta nueva pandemia.

No respetar las normas o disposiciones de abstenerse, aguantarse, atragantarse y callarse por unos segundos es una pausa activa que sirve para, “tirios y troyanos”, respirar y tomar el impulso para -con argumentos y en contexto- poder enrutar tantas estupideces juntas que se han multiplicado en todos los rincones y que a pesar del aguante ya llegó al límite, y eso tiene consecuencias.

Esto no es de ponerle un gallo al frente para ver cómo lo incita a pelear, no solo a picotazos, sino que se van llevando por delante –con sus espuelas- todo lo que funcionaba, que sabemos y entendemos que necesitan ajustes, pero sus tácticas, métodos y políticas no les han funcionado… y al parecer van de mal en peor. Vuelven los pretextos de conspiraciones o autoflagelaciones.

No es cerrando plazas de toros para hacerlas de todos, porque del dicho al hecho, un extenso trecho, aunque ya se pasan los meses y de los anuncios emocionados, muchos son los decepcionados.

Retomemos en lo que se convierten palabras y frases hirientes, como municiones de una guerra que no se les han podido sacar de sus mentes y actuaciones, y el solo decir que se están muriendo del susto, estos o aquellos, señalar una y otra vez a quienes se les convirtieron en “vesículas” de sus existencias; no es la forma de gobernar y mucho menos celebrar -a la fuerza- sus cumpleaños.

Burlados en las sesiones de control político, jugarretas en las altas instancias, manipulación de personas que se hicieron elegir con unas banderas para convertirse en las de la conveniencia, elegidos como voceros ya empiezan a mostrar sus garras de ansias de poder y no gobiernan, sino que delegan sus ambiciosas –codiciosas- y muy bien aprendidas cátedras de “cerrar las brechas”.

Y es que es tal el desfase, de querer ser recordados como salvadores, que ni dimensionan los presupuestos de los próximos años, pues no ejecutan, sino que ahorcan a sus comunidades rurales y urbanas, de militantes cegados por unos ideales que no son el combustible para esos “aviones”.

Y a propósito de aeronaves, con alas muy extendidas, se venden globos para jugar con rutas que no se sostienen en el aire, que no se exploran temas de comercialización para lo que producimos, que ya tienen gerentes para semanas de saciar sus mochilas y los altos tribunales no se pronuncian, en legalidad, de fondo y dejan al garete a ciudades y regiones a despensas de los nuevos estadistas.

Caminos muy señalizados tenemos al frente de nuestras narices, ahora no es que cojamos por las trochas, que la ilegalidad va abriendo, a medida que avanza en su expansión y que será de lamentar.

*Por: Ricardo Gabriel Cipagauta Gómez.  @ricardocipago

Tomado de https://boyaca7dias.com.co/

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