𝑷𝒐𝒓: 𝑮𝒊𝒏𝒂 𝑹𝒐𝒋𝒂𝒔 𝑯𝒐𝒚𝒐𝒔

Parecería un mal chiste, pero no lo es. Armando Benedetti llegó a Boyacá para participar en la cumbre de alcaldes, un evento que, entre otros temas, supuestamente buscaba evaluar la violencia y la inseguridad en el departamento, incluyendo los crímenes basados en género. Un evento más de promesas y anuncios.

Recordemos que en 2024 Boyacá vivió el año más violento contra las mujeres. Desde la Fundación Sobreviviente calculamos un aumento cercano al 40% en los casos de violencia basada en género. Registramos 14 feminicidios que dejaron a nueve menores de edad huérfanos y tres niñas asesinadas, entre ellas una bebé de 13 meses.

Y eso sin contar el subregistro. La Fiscalía reportó en su momento 25 feminicidios, aunque esa cifra misteriosamente desapareció de los registros oficiales que nos remitieron. O los 19 casos que reconocen otras organizaciones sociales.

¿Y quién fue el llamado a hablar de cómo proteger a las mujeres? Benedetti. El mismo que ha sido señalado por presuntas agresiones contra mujeres. El mismo que ahora funge como ministro del Interior, pese a las investigaciones por supuesta corrupción y a su historial de declaraciones y conductas misóginas, incluso contra mujeres que han formado parte del gabinete ministerial.

¿Cuál podría ser su aporte en la lucha contra la violencia de género? Tal vez enseñar cómo ser acusado de ejercer violencia contra mujeres y salir impune. Porque, mientras tanto, en Colombia el 92% de las denuncias por violencia sexual quedan en la impunidad, y el 77% de los casos de violencia contra las mujeres en los últimos cinco años no han logrado una sentencia en primera instancia.

El mensaje es claro: para el gobierno, la lucha contra la violencia de género es un discurso vacío, una pose sin compromiso real. ¿Cómo se explica que en un departamento en el que se ha duplicado la violencia de género, el Estado responda con una figura que encarna lo contrario de la protección y la justicia? Mientras cada 18 horas una mujer es víctima de feminicidio en Colombia, ni el gobierno nacional ni el departamental parecen conmovidos por las cifras ni por el dolor de las víctimas.

Y sabemos bien lo que vendrá en los próximos días. Las redes sociales de los políticos se llenarán de discursos sobre igualdad, equidad, fotos con flores y de promesas que jamás se cumplirán.

Pero la realidad de las mujeres en Boyacá no cambia con comunicados oportunistas ni con eventos simbólicos. De nada han servido las alertas, los datos, las denuncias y los informes que demuestran la urgencia de un cambio estructural. La violencia sigue, el abandono institucional se profundiza y, para colmo, las decisiones gubernamentales parecen un insulto más que una solución.

El 8 de marzo no es un día de celebración. Es un recordatorio de que las mujeres siguen luchando por sobrevivir en un país y en un departamento que se jacta de protegerlas mientras ignora, revictimiza y minimiza su sufrimiento.

Y en Boyacá, con este bochornoso episodio, queda más claro que nunca: no hay voluntad política, solo cinismo.

Tomado de: https://www.facebook.com/gina.j.hoyos

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