Escrito por: Julio César Corredor
Libros de aquí y de allá, libros con hojas amarilleadas por el paso del tiempo, consignan en sus textos que el más firme e indomable caballero muisca se llamó Tundama. Su altivez y gran coraje lo llevaron a luchar hasta la muerte, antes que entregarse al invasor.
De tal talante es la ascendencia de quienes hoy habitan en inmediaciones de la Milagrosa, La Tolosa y San José, en una ciudad a la que sabiamente alguien, no se sabe quién, o al menos yo no lo encontré consignado en esas amarilleadas páginas de los libros de aquí y de allá, calificó como la “Perla de Boyacá”.
Duitama: ciudad en la que no nací, tampoco he vivido, pero que, por razón a su importancia dentro del ordenamiento de nuestro Departamento, a que en algún momento se convirtió en el emporio industrial de Boyacá y a la influencia de familiares y algunos buenos amigos oriundos de aquel terruño, aprendí a admirar y respetar.
Por eso y pese a los 56 kilómetros que la separan de Tunja, me tomo el atrevimiento de inmiscuirme en sus problemáticas actuales, muy evidentes a distancia, pues tristemente no es difícil percibir que en Duitama todo tiempo pasado fue mejor.
Y es que, desde la misma entrada a la ciudad, por la doble calzada, se abre ese libro de páginas amarilleadas y nostálgicos recuerdos; a cualquier boyacense y mucho más a cualquier duitamense le debe producir morriña ver unas instalaciones abandonadas, otrora factoría de la potencia interna del carro orgullosamente llamado “amigo fiel”.
Este solo ejemplo basta para reflejar el grandioso ayer de un bello territorio que brilló en numerosos campos; pero igual, de un momento a otro, casi de manera inexplicable, se estancó y hoy se pasea por sus calles el fantasma de la desidia, alimentado por la abulia de muchos de sus moradores que, con total menosprecio ven cómo su ciudad, al igual que las icónicas instalaciones de la llamada Industria Molinera del Tundama, se cae a pedazos.
Ofrezco excusas, si soy muy crudo y con ello hiero sentimientos regionalistas, tal vez sea lo que busco para tratar de restregar en lo más profundo del corazón de cada duitamense, y decirle, parodiando al Tribuno del Pueblo, José Acevedo y Gómez: “si perdéis estos momentos de efervescencia y calor, antes de doce horas seréis tratados como insurgentes: ved los grillos y las cadenas que os esperan”.
Lo expreso por la decisión que están ad portas de tomar, a propósito de las elecciones atípicas de este 4 de mayo. No será la panacea para solucionar las problemáticas de la ciudad, pero sí una oportunidad para hacer un verdadero alto en el camino, acomodar las cargas y retomar esa senda que hace un buen tiempo se les extravió.
Suena a frase desgastada, pero la decisión es de cada uno de ustedes, está más que en sus manos, en su corazón y en su conciencia, porque si ejercen su derecho ciudadano, cual marionetas, serán más responsables que su titiritero, del estancamiento que se ha tomado la ciudad.
Tienen un espejo llamado Tunja, en donde el desencanto, la decepción y el hastío a la politiquería, llevaron a sus habitantes a clavarse un cuchillo en el pecho y sin medir consecuencias, se dejaron deslumbrar por un espejismo que resultó más trolero que la mentira misma y hoy la capital camina entre la anarquía y el desmoronamiento.
Por ello les invito, respetuosamente, a analizar bien el tema; son siete propuestas y el no menos importante voto en blanco. Observen cual puede ser la mejor salida para el terruño que les vio nacer o les abrió espacio para echar raíces. Demuéstrense de qué son capaces y por qué alguna vez ganaron el calificativo de “Capital Cívica de Boyacá”, demuestren que son verdaderos herederos de Tundama y ahora que pueden, den la batalla, antes que claudicar ante la indiferencia.
Tomado de: https://ultimahoraboy.com/
