Escrito por: Julio César Corredor
Cuechero como el que más, el dotor «volvió» a su tierra natal, para generar compasión entre los que le reclamaban honestidad con su palabra o fervorosa fascinación entre los mentecatos que lo adulan por recibir migas del indudable poder politiquero que administra en el Departamento.
Al menos así se reflejó en un video con matices «altamente» poéticos de remembranzas familiares, nostalgias y añoranzas, que grabó para decir, cual jocoso remedo del Indio Rómulo, que le tocó seguir como gobernador de Boyacá, porque aún «no tiene pelo pa moño».
Realidad, dura realidad, que hoy quiere disfrazar con un inusitado amor hacia Boyacá, la tierra a la que le ha exprimido todo lo que tiene y a la que le debe todo lo que es. Pero el desaire y menosprecio con los que la miró, estos últimos días, ya no los puede borrar con poemas o canciones.
La sola intención, el solo deseo de querer abandonarla en mitad del camino, para ir a saciar su sed de poder, configuran la más cicatera traición a la tierra de sus ancestros, esa, cuyos habitantes hoy se debaten en medio de profundas necesidades y un evidente atraso del que no salen por el simple hecho de tener una letrina.
Oportunamente, este humilde columnista se lo dijo: «Sea serio, tenga palabra, cumpla lo prometido, un tal Boyacá Grande»; porque más allá de discursos y palmaditas o de lucir la ruana que utilizan nuestros campesinos, se requieren acciones reales, sin espejismos ni burlerías en las que la más mínima ejecución se sobredimensiona como una panacea.
Sin embargo, cegado por la vanidad y el endulce de oído de sus inumerables lacayos, se dejó caer en un largo trance, que lo único que trajo, fue desgobierno e inestabilidad para la región, ante la incertidumbre de lo que pudiera acontecer.
Así pasaron los días, el Departamento en medio de la indecisión y a la espera de una respuesta para saber qué camino tomar; mientras el insatisfecho gobernador, hacía cuentas, se reunía aquí y allá, enviaba mensajes sujestivos, buscaba ser mencionado en medios nacionales, todo en espera de que Tavito, su nuevo mejor amiguis, le diera la bendición.
Milagro que no se dio, porque las cuentas no cuadraron, los apoyos y estratagemas que le dan resultado entre la mediocre caterva politiquera de Boyacá, no aparecieron dentro del competido escenario nacional. Los tan mentados clamores de cientos de colombianos para que se lanzara a la presidencia , solo fueron ovejitas que se diluyeron al despertar.
Aburrido, con el rabo entre las piernas y sin alternativa alguna, le dio «enter» al video número dos, en el que, con tono nostálgico dice que: «no renunciaré al honor de seguir sirviendo como gobernador de esta tierra bendecida por Dios». Entonces, ahora son los boyacenses quienes le exigen que se deje de vanidades espurias y se ponga, seriamente, a trabajar sin tanta promesa junta, que luego se lleva el viento.
Y es que por ahora, de la tan mentada ‘Boyacá Grande’ solo fotos de abrazos, poemas y un letrero de «700 logros» en el que se remarca la ineptitud para alcanzar resultados importantes, porque como diría un amigo, incluye hasta la corrida de un catre.
Acabó el culebrón y lo menos que puede esperar el joven Amaya, es que una vez se descubrió que el responsable no fue el mayordomo, toque agradecerle por haberse quedado obligado por las circunstancias, hecho inocultable, así lo haya querido presentar con un bello poema en el cual predominó la sensibilidad fingida.
Tomado de: https://ultimahoraboy.com/
