En política local estamos acostumbrados a los nombramientos por conveniencia, a los favores disfrazados de méritos y a la improvisación permanente. Pero lo que ocurre con el actual secretario del Interior y Seguridad Territorial de Tunja, David Suárez Acevedo, supera cualquier límite de tolerancia ciudadana. Este señor no solo no está preparado para ocupar el cargo que hoy ostenta, sino que, en apariencia, no tendría las capacidades ni siquiera para desempeñarse en otro puesto de la administración pública, más allá de que en su haber ostenta un largo listado.
Suárez Acevedo desconoce los asuntos que le corresponden directamente, se esconde de las comunidades que requieren mediación y rehúye a los periodistas que lo buscan para aclarar temas de interés ciudadano. No se trata de una opinión lanzada al aire: lo digo porque lo he evidenciado en carne propia.
La primera vez fue en la inauguración del Ecoparque del Oriente de Tunja. Ese mismo día, temprano en la mañana, la Alcaldía publicó un decreto que regulaba la ocupación del espacio público con unas medidas tan estrictas que resultan imposibles de cumplir en la práctica. Como periodista, quise preguntarle a Suárez Acevedo sobre este decreto. ¿Su respuesta? Dijo no conocerlo. Sí, el secretario del Interior de Tunja, responsable directo de esos asuntos, desconocía un decreto publicado oficialmente en la web de la Alcaldía. Increíble. Para curarse en salud, me dio su número telefónico y me pidió que habláramos al día siguiente. Pero decidí no llamarlo: ¿Cómo podía aceptar posponer la respuesta a un tema dictaminado y divulgado a nivel público, que requiere de respuesta inmediata por lo delicado de la regulación, y del que se supone que al momento de estar publicado es de pleno conocimiento de quien lo vigila y regula? En lugar de esperar, traté de resolver la inquietud en la rueda de prensa de ese mismo día con el Alcalde. Esa decisión, a la vez que práctica, fue el reflejo de la indignación que me produjo la ignorancia de Suárez Acevedo sobre un decreto que estaba a la vista de todos. Para rematar, cuando busqué la respuesta en el propio alcalde Mikhaíl Krasnov, me encontré con el mismo desconocimiento: tampoco sabía qué había firmado.

La segunda vez ocurrió hace apenas unos días, cuando los habitantes del barrio Libertador, el más poblado de Tunja, me alertaron sobre la problemática que genera un bar que lleva meses perturbando la tranquilidad de la comunidad. Lo llamé. No contestó. Le escribí un mensaje corto y directo por WhatsApp. Jamás respondió. Ni una devolución de llamada, ni una excusa, nada. ¿Miedo? ¿Pereza? ¿O será que el dueño del establecimiento tiene algún padrino poderoso en la administración y Suárez Acevedo prefiere no incomodar? No lo sé, pero lo que sí es evidente es la cobardía de un funcionario que se supone debería velar por la seguridad y la convivencia de la ciudad.
Y no soy el único. Varios periodistas han intentado consultarlo sin éxito. Líderes comunales han requerido su presencia en problemas urgentes de sus comunidades, y él simplemente los ha ignorado. Todo esto mientras se pavonea diciendo que ocupa “el segundo cargo más importante de la ciudad”. ¿Cómo puede ser que alguien que ocupa semejante posición no sepa dónde está parado?
Suárez Acevedo no fue nombrado por mérito, ni por capacidad técnica, ni por trayectoria. Su nombramiento responde a intereses políticos, a compromisos inconfesables y a la necesidad de inflar la hoja de vida de un futuro candidato. Porque no nos digamos mentiras: todo apunta a que este señor será impuesto como candidato a la alcaldía de Tunja, o peor aún, como alcalde por vencimiento de términos de unas elecciones atípicas que parece que no se darán.
Lo más bochornoso, sin embargo, ha sido escucharlo hablar en público. A comienzo de esta semana se atrevió a pronunciar un discurso en el que aseguró, con tono mesiánico, que acabaría con la prostitución en Tunja. Un discurso populista, demagógico y cargado de odio hacia poblaciones vulnerables, a la vez que incendiario de los corazones de quienes le escuchaban. Como si la prostitución fuera a desaparecer por decreto, o mejor aún, por obra y gracia del “todopoderoso” Suárez Acevedo. Va tocar entonces endilgarle la labor de que saque la prostitución de las zonas céntricas de Bogotá, Medellín, Cartagena, Pereira, entre tantas otras ciudades que padecen esta situación. Propuso incluso llevarla a la periferia de la ciudad, una “solución” que ya ha sido discutida y descartada porque no es rentable para quienes ejercen ese oficio y porque solo empujaría la práctica hacia la clandestinidad. Con ello, no solo se multiplicarían los riesgos de trata y explotación, sino que se dificultaría cualquier control de salud pública frente a enfermedades de transmisión sexual. Propuesta que además evidencia el desconocimiento de Suárez Acevedo sobre la ciudad, pues tal propuesta ya fue discutida y descartada por anteriores administraciones.
Ese discurso fue la confirmación de que Suárez Acevedo no piensa, no proyecta, no planea. Solo improvisa con frases rimbombantes para pescar aplausos fáciles y alimentar sus aspiraciones políticas.
La ignorancia de este personaje alcanza niveles de vergüenza ajena. Basta recordar que criticó casi con asco la iniciativa de brindar duchas a los habitantes de calle en la antigua terminal de Tunja. Aseguró que era una decisión del SENA, cuando en realidad fue un proyecto impulsado por la Secretaría de la Mujer y Equidad de Género. Un proyecto digno, humano, que no solo brinda confort y dignidad a una población vulnerable, sino que aporta a la salud pública de la ciudad. ¿Cómo es posible que un secretario de despacho no se entere ni siquiera de lo que se hace dentro de la misma administración que integra? ¿Cómo se puede confiar en alguien que no lee ni siquiera los comunicados oficiales de la Alcaldía que integra y de la que ocupa “el segundo cargo más importante”?
Mientras tanto, su aporte en actos públicos es tan nulo como risible. En la inauguración del Ecoparque, por ejemplo, se limitó a jugar ping pong y a posar para fotografías, pero por lo demás, ni discurso, ni aporte, ni entrevistas, ni nada ¿Qué más gráfico para ilustrar a un funcionario que confunde la oficina con un club recreativo?
Tunja no merece esto. No merece un secretario mediocre, ignorante, temeroso y populista en un cargo de tal relevancia. No merece ser gobernada por un títere que responde a intereses oscuros y que, para colmo, es primo de Luz Mila Acevedo, la poderosa directora de contratación de la Alcaldía. El poder detrás del poder, y razón misma por la que este personaje habría ingresado al gabinete municipal.
Lo que Tunja necesita es seriedad, capacidad, compromiso con la ciudadanía. Y lo que hoy tiene es a David Suárez Acevedo: un secretario perdido, un funcionario de adorno, un político de discurso barato que solo está calentando el puesto para intentar dar el salto hacia la Alcaldía.
Y si lo logra, si este personaje termina siendo impuesto como alcalde, que no nos sorprenda. Ya nos advirtió su propia ineptitud: no sabe dónde está parado.
𝑷𝒐𝒓: 𝑫𝒂𝒏𝒊𝒆𝒍 𝑻𝒓𝒊𝒗𝒊𝒏̃𝒐 𝑩𝒂𝒚𝒐𝒏𝒂
Tomado de: Periódico El Tunjano
