En Tunja se volvió costumbre ver cómo la Alcaldía critica la planeación de los demás mientras tropieza con la propia. El episodio más reciente, relacionado con los señalamientos a la Personería por su supuesto mal manejo del presupuesto, dejó al descubierto algo que muchos ya intuían: la administración de Mikhail Krasnov exige una capacidad de previsión que ni siquiera ella demuestra. Mientras cuestionan a otros por no proyectar bien sus necesidades, sus propias decisiones exhiben una improvisación constante, una falta de ruta clara y una incapacidad para anticipar las consecuencias de sus actos.
Y no es que falten ejemplos. El intento de privatizar la Carrera 11 fue quizás una de las muestras más descaradas de cómo se toman decisiones sin un sustento mínimo. Quisieron convertir una arteria vial esencial en un carril exclusivo para el transporte público sin estudios, sin análisis de impacto y sin explicar cómo pretendían mejorar las condiciones de acceso de los ciudadanos al Centro Histórico, simplemente por hacer prosperar un negocio, que afortunadamente nunca se dio. La idea se cayó porque era insostenible, pero aun así la impulsaron como si nada. Ese tipo de ocurrencias revelan exactamente lo que esta administración intenta esconder cuando señala a otros: que aquí el problema nunca ha sido la planeación ajena, sino la propia.
El Aguinaldo Boyacense es otro ejemplo de esa misma improvisación convertida en modus operandi. Un evento que ocurre todos los años en diciembre, que es la carta de presentación cultural de la ciudad, y aun así la Alcaldía andaba pidiendo recursos adicionales a pocas semanas de su lanzamiento, sin explicar con claridad para qué y por qué. ¿Cómo es posible que un evento de semejante magnitud no esté definido con meses de anticipación? ¿Cómo se puede exigir planeación a otros cuando la Administración ni siquiera logra anticipar un cronograma anual básico?
Lo mismo ocurrió con el traslado improvisado de dependencias al centro comercial Florida Shopping Center. La Secretaría de Salud, la atención del Sisbén y otras oficinas fueron movidas sin estudios, sin proyecciones, sin medir impacto alguno. La idea, que según ellos “acercaba los servicios”, terminó evidenciando todo lo contrario, alejaron trámites esenciales del centro administrativo natural de la ciudad, incomodaron a la ciudadanía y expusieron a funcionarios a un ambiente con polvo y material particulado por el parqueadero de tractomulas frente al centro comercial. A un año de la decisión, tuvieron que recular, aceptar que no funcionó y devolver buena parte de las oficinas al edificio municipal. Una vuelta en círculos que costó tiempo, recursos y credibilidad.

Y si de planeación fallida se habla, nada supera lo ocurrido con el Plan de Ordenamiento Territorial. La administración anterior dejó un documento formulado, con estudios técnicos, con aval del Ministerio de Medio Ambiente y Desarrollo Sostenible. La actual administración municipal decidió desecharlo casi en su totalidad, sin soportes sólidos, argumentando deficiencias ambientales que hasta ahora no han sido demostradas. El resultado: Tunja está prácticamente comenzando de cero un proceso que ya había costado miles de millones de pesos. El año pasado hablaban de radicarlo en el Concejo en el primer semestre de 2025. Hoy dicen exactamente lo mismo, pero del primer semestre de 2026. Y nadie puede verificar ese supuesto avance del 45% que repiten como mantra.
Lo del Día Nacional del Simulacro coincidiendo con el Día Sin Carro es otra joya que no necesita mayor explicación. Eso no fue mala suerte ni un error inocente. Fue falta absoluta de proyección. ¿Cómo puede una administración que no revisa sus propios calendarios salir a señalar a otros por falta de planeación?
A ello se suma el enorme subejercicio presupuestal de 2024. Más de 111 mil millones de pesos sin ejecutar. Esa cifra, por sí sola, desarma cualquier relato oficial sobre buena gestión. No hay una sola justificación razonable para que a la ciudadanía se le cobren impuestos que terminan congelados en las cuentas del municipio. Eso no es eficiencia. Eso es incapacidad de ejecutar.
Y mientras tanto, la obra de la Calle 59, una vía de apenas de 500 metros, cumple retraso tras retraso. No es solo que la administración pasada la dejó mal planeada; es que esta tampoco ha logrado enderezar el rumbo. Una vía que cabe en tres cuadras ha logrado convertirse en símbolo de improvisación por partida doble.
Todo esto ocurre mientras los activistas del Alcalde, que operan como una guerrilla digital, dedican sus energías a acosar y a intentar imponer la narrativa de que otros planean mal. Es un espectáculo grotesco. Quienes tienen los ejemplos más evidentes de improvisación son los mismos que señalan, hostigan y repiten un libreto que no resiste un análisis elemental.
Incluso vale recordar las fantasías de campaña: el tranvía y el megaparque de diversiones de talla internacional. Proyectos que jamás tuvieron sustento, estudio, línea de diseño o posibilidad presupuestal real. En retrospectiva, menos mal quedaron en discursos, porque la administración que no puede completar medio kilómetro de vía no está en condiciones de emprender obras faraónicas.
La situación de los arriendos es quizá otra de las contradicciones más difíciles de ocultar. La Alcaldía intenta instalar la idea de que la Personería no planificó un arriendo, mientras guarda silencio frente al hecho de que hoy el municipio paga cerca de 1.100 millones en arriendos y solo recibe alrededor de 600 millones por el mismo concepto. Una ecuación que desde el empalme conocían, pero que no han sido capaces de corregir. ¿Cómo exigir lo que no se practica?
La reubicación fallida en el Hoyo de la Papa completa el cuadro. Se prometió que en un mes estaría listo el traslado de vendedores informales. Pasó más de un año, se invirtieron recursos, se adecuó el espacio, y al final hubo que devolver el lote porque el plan nunca tuvo sentido. No había soporte técnico, no había ruta real y no había forma de que funcionara. Otro ejemplo del sello de esta administración: empezar sin saber cómo terminar.
Por eso resulta tan inverosímil el relato oficial que busca culpar a otros por falta de planeación. La evidencia es contundente y está a la vista de cualquier ciudadano. Quien más señala es quien menos planea. Y es esa contradicción, esa hipocresía administrativa, la que hoy debería preocuparnos más que cualquier disputa puntual. No porque la Personería necesite defensores, sino porque Tunja necesita gobernantes capaces de proyectar, anticipar y ejecutar. Y mientras la Alcaldía siga en la tarea de culpar a otros para ocultar sus propias falencias, la ciudad seguirá pagando el precio de una planeación que nunca llega.
𝑷𝒐𝒓: 𝑫𝒂𝒏𝒊𝒆𝒍 𝑻𝒓𝒊𝒗𝒊𝒏̃𝒐 𝑩𝒂𝒚𝒐𝒏𝒂
Tomado de: Periódico El Tunjano
