
La literatura hecha en Boyacá tuvo que entrar a la FILBo escondida entre frutas, verduras y trescientos bailarines.
En la Feria Internacional del Libro de Bogotá 2026, Boyacá es el departamento homenajeado. El pasado martes 21 de abril durante la inauguración de la Feria, presentaron al departamento como la postal de siempre: la ruana, el costal de papa, el azadón, el canasto mal amarrado con cordeles de fique, la montaña y la boñiga de vaca: el campesino convertido en estampilla turística.
La noticia, en principio, me entusiasmó. No todos los días una región con tradición histórica, intelectual y literaria como la nuestra, ocupa el centro simbólico de una de las ferias literarias más importantes de Latinoamérica. Sin embargo, me incomoda el espectáculo del canasto: lo mismo da si esta fiesta literaria fuese una feria gastronómica o un desfile de modas: siempre la foto del campesino y la vaca. Boyacá en un canasto.
No hay nada en contra de la fiesta. Mucho menos en contra del campo y del campesinado, al cual respeto. El espectáculo convoca, seduce, llama la atención. Quizá incluso es necesario en estos tiempos de sobresaturación visual y consumo rápido. Habrá danzas, colores y una puesta en escena diseñada para atraer compradores, lectores, coleccionistas y, por qué no, derrochadores de dinero. Después de todo, de eso tratan las ferias.
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Pero esta nota, que aparenta ser crítica de odio, es en realidad una invitación a que usted visite la Feria, y sobre todo, el stand de Boyacá. Detrás de la escenografía usted podrá encontrar libros. Y, cada tanto, literatura.
Si busca un poco entre los estantes, encontrará mis obras, las novelas Las cenizas de la primavera, Mandarina Killer y Fuego de agosto; y, los libros de cuentos Muscaria y Arena caliente, entre muchas otras voces que también escriben desde Boyacá, y no necesariamente sobre Boyacá.
Hace unos años durante una feria literaria en Boyacá, algún cachaco invitado soltó una frase que todavía resuena por su pobreza de imaginación: “escribir de vacas, o de lo que sea que escriban en Boyacá”. La despectiva sentencia revelaba la forma en que desde ciertos centros culturales se nos mira y se nos instrumentaliza. Como si un escritor boyacense estuviera condenado a producir paisajes. Como si la procedencia geográfica determinara el horizonte de la ficción.
En Boyacá no se escribe únicamente de vacas, ni de montañas, ni de niebla. Quienes nos plantamos frente al papel o al computador, escribimos también sobre el deseo, la muerte, la violencia, la ciudad, las putas, el trago, la memoria, la locura y el amor. Están las novelas urbanas, cuentos sombríos, ensayos, poesía, periodismo y experimentación literaria. Escriben también desde una sensibilidad que no acepta ser reducida a souvenir institucional. ¿Cómo escapar de esa instrumentalización gubernamental que convierte a los escritores en parte del decorado?
Pase por la Feria Internacional del Libro de Bogotá. Detrás del espectáculo de trescientos bailarines, de esa Boyacá previsible, encontrará libros. Que el mayor homenaje a la literatura hecha desde Boyacá, sea leer autores boyacenses.
Tomado de https://eldiarioboyaca.com/
