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La belleza colombiana estaba dentro de mí, ¡era mi locura!
Fernando González
La jornada electoral me deja un sabor de rabia y vergüenza. El país votó contra la memoria, contra sí mismo. Fernando González había denunciado entre sus burlas a liberales y conservadores: «Verdaderamente que esta tierra es fértil en bobos; produce un bobo cada cuatro años».
Las redes sociales están congestionadas con letreros de ‘fraude electoral’, pero en todas las tiendas de mi cuadra gritan ‘ganamos con el tigre’. Con frustración veo una tierra fértil convertida una y otra vez en escenario de caudillos, clientelas, adulaciones y entusiasmos pasajeros.
Reviso mis notas del libro Cartas a Estanislao (1935). Transcribo los pensamientos de González en esta columna, que sean sus líneas mi soporte en este mierdero de país. «Los colombianos no se acuerdan de los gobernantes malos sino cuando ya son muertos. Matan muertos». Para Fernando, «En estos pueblos el hombre vale por los nombramientos […] el hombre vale por la capacidad de nombrar a otros para puestos».
Fernando, como yo, estaba enamorado de Colombia, a pesar de que los habitantes nos decepcionen constantemente. «Yo dije que amo a mi Patria, pero no a sus actuales habitantes».
Al repasar las páginas, observo con desánimo que muchas de las denuncias de Fernando siguen estancadas en el mismo lodazal. Cambian los nombres. Cambian los partidos. Cambian las consignas. Pero permanece la necesidad infantil de encontrar un salvador. «…en Colombia hay partidos, pero ningún carácter […] hay un pobre pueblo ciego, enfermo y que desaparecerá».
El país sigue atrapado en una especie de adolescencia política. Fernando llamó al liberalismo de su época “otro púber meado”. Por eso ese partido sigue hoy metido bajo las naguas de César Gaviria. Hoy puedo repartir el insulto con generosidad democrática: La inmadurez ya no pertenece a un partido y es patrimonio del Congreso.
Entre mis rayones con lápiz en las cartas de González subrayé: “Nada como los enemigos para incitarnos a la lucha, a la libertad, para incitarnos al pensamiento”. Pero en este pueblo de matachines, el adversario dejó de ser alguien que piensa. Ahora es el antiguo enemigo moral que se pellizca las tetillas y dice ¡Amo a Dios y por eso debo gobernarlos! Nadie quiere comprender, todos quieren vencer. Las redes sociales han perfeccionado esa tendencia hasta volverla método de gobierno.
Diez millones de votos obtuvo el nazi. Diez millones de fanáticos de videos virales que duran treinta segundos. Según los analistas políticos Cepeda falló en no ser ‘actual’ para las redes sociales y no saber interactuar con los algoritmos. «Anteayer votaron 10 millones de italianos por el sí mussoliniano, y sólo quince mil por el no». Tal vez el problema del Pacto Histórico es que tienen demasiados aduladores y pocos autocríticos.
«Y el pueblo aplaude y bebe, vota y bebe». Lo más crudo de releer las cartas no son los insultos. Es su pesimismo. Cuando concluye que “Colombia nunca será grande”, siento el impulso de refutarlo, de demostrar que estaba equivocado. Sin embargo, comprendo que lo que describía Fernando González era la decepción que siente un enamorado cuando espera demasiado de aquello que ama.
Quizá por eso regreso a él. Porque cada elección me deja la misma apatía. «Necesitamos hombres capaces de destruir, para edificar sobre las ruinas».
Ñapa:
«Prima en Colombia el concepto de que civilizarse es comprar vestidos, automóviles y aviones. Los colombianos no presienten siquiera que civilizarse es trabajar y manifestar en la naturaleza física las características de la personalidad».
«Nuestra patria es ya un cadáver».
«La diplomacia colombiana, tan ruin, y que se opone a la unidad suramericana, procede de Santander».
«..en ninguna parte hay tanto fraile para confesar a tanto ladrón».
Tomado de https://eldiarioboyaca.com/
