Por | Julio Medrano / Escritor

Querido tibio:

Sé que está cansado y no tenemos tiempo para tolerar más ofensas. En Tunja llueve, mientras fieras enfermas de ira cantan feroces aleluyas en las iglesias. Sé que se siente atrapado entre dos hinchadas que exigen escoger bando. Que lleva años pensando que si duda, entonces lo señalan de cobarde; si pregunta, es ingenuo; si no repite consignas, es sospechoso. Por eso, hoy quiero pedirle que para las elecciones de segunda vuelta presidencial, no vote contra fantasmas.

Desde las cloacas del márquetin repiten que votar por Cepeda es votar por convertirnos en Venezuela. Que votar por Cepeda es votar por las FARC, por Cuba, por el comunismo, por el apocalipsis y por el Anticristo. La campaña de la derecha se enfoca otra vez en vender el mismo miedo desde hace sesenta años. El miedo es cómodo para sus falta de realidad porque les evita a los electores pensar. Es más fácil odiar y buscar enemigos que comprender el pensamiento del otro. Es más fácil compartir un meme o una frase de mercadeo que leer un programa de gobierno.

Otra de las mentiras que dicen es que Gustavo Petro será el presidente. Sé que usted, amigo tibio, tiene motivos para desconfiar de él y no pienso justificar en esta carta lo que hizo o dejó de hacer en su mandato. Puede estar seguro que él no será quien firme los decretos o nombre ministros. Una parte del país no ha terminado de entender que Gustavo Petro no será quien responda por las decisiones del próximo gobierno.

Si Iván Cepeda llega a la Presidencia, él será quien gobierne. No Petro. Parece obvio, pero vivimos un momento donde las obviedades necesitan ser defendidas de tantas mentiras que surgen de las mentes de publicistas que ganan dinero con la controversia y la ira ciega de unos pocos.

Estoy convencido y quiero terminar de convencerlo a usted, de que este país no merece más sangre.

Querido tibio, no le pido que esté de acuerdo con todas las ideas y consignas de Iván Cepeda, tampoco le pido que se vuelva de izquierda y se aprenda la letra de La Internacional, que salga a las marchas estudiantiles o, pinte los muros del Palacio o, compre diez banderas del M19.

Le pido que juzgue al senador y candidato Cepeda, por lo que es y no por la caricatura que fabricaron sus adversarios. Lo llaman guerrillero y dientes chuecos. Está demostrado que no es guerrillero y, a quién carajos le importa el blanco de los dientes para gobernar un país. ¿Nota la infamia y falta de inteligencia que hay en eso?

Si algo ha degradado la democracia colombiana, no ha sido la política de la izquierda durante estos cuatros años, ha sido la costumbre de trogloditas y partidos tradicionales que fantasean todavía con monstruos y fantasmas rojos, mientras dejan de lado los problemas reales de una sociedad atropellada por cinco multimillonarios.

La derecha, ultrajado tibio, le vende ilusiones. Para esta segunda etapa de las elecciones, tuvo que esconder a su candidato Abelardo y mostrar a la fórmula vicepresidencial José Manuel Restrepo, para aparentar una campaña más neutra y de centro. Pero conviene recordar, querido tibio, que quien gobierna no es el vicepresidente. Quien toma las decisiones es el presidente, y en caso de ganar la derecha, será Abelardo de la Espriella quien nombre ministros, quien decida dónde romper la montaña para hacer minería y fracking, será Abelardo con la bendición de Álvaro Uribe, quienes manden a las fuerzas militares a cazar a quienes no pensamos como ellos. Ya lo hicieron y no dudarán de repetir la matanza.

La derecha optó esta semana por mostrar a una fórmula vicepresidencial moderada, amable, razonable. Presentan por noticias un rostro que solo genera tranquilidad a la élite bogotana. Pero, permítame recodarle, camarada y compañero tibio, que por más que ellos ahora hablen de unidad nacional y reconciliación, no podrán jamás borrar dos años de amenazas de muerte a quienes no piensen como ellos, no podrán ocultar las burlas y menosprecios contra las mujeres, periodistas, comunidades LGBTIQ+, negros e indígenas; no podrán encubrir sus ansias de destruir el medio ambiente para extraer todos los minerales y venderlos al mejor postor.

No puedo prometerle que un gobierno de izquierda será perfecto, ni que Cepeda no cometerá errores. No puedo prometerle prosperidad inmediata ni soluciones milagrosas. No es mi deber prometer nada. Desconfíe de cualquiera que haga esas promesas.

Sí puedo comprometerme al decir que, si Cepeda llega a la Presidencia, usted, amigo de centro, seguirá teniendo derecho a disentir, a escribir contra el gobierno, a organizarse políticamente contra él. Incluso tendrá el derecho a votar para sacarlo del poder. Con Abelardo, usted y yo sabemos por los ejemplos escritos con sangre en la historia del país, que su voz y la mía, serán nada. Con la fiera de alcantarilla crecerá el desempleo, el hambre, la pobreza, habrá más violencia en las calles, menos gente educada que pueda elegir entre un empleo digno o un cuchillo.

La democracia no consiste en elegir gobernantes que nos gusten. Pero no nos podemos dejar convencer por historias de fantasía, de un pirata rojo dientes chuecos comunista. Repito, perdóneme insisto, hay historia escrita con sangre que nos dicta el camino que debemos escoger, que nos ayude a garantizar derechos incluso para quienes no nos gustan.

Tal vez usted siga siendo tibio después de leer estas líneas. Y está bien. No soy fanático de nada más que de compartir un tinto o un aguardiente con amigos y debatir de política, filosofía, mujeres, incluso de fútbol, sin irnos a las trompadas, sin balearnos o agarrarnos a bate por pensar distinto.

Termino esta extensa carta, pidiéndole solo que, cuando llegue la hora de votar, no lo haga por miedo o porque un eslogan de un publicista le dijo que lo hiciera. Hágalo después de mirar a los candidatos reales. No a los fantasmas que fabricaron para acrecentar su miedo o su ira.

Desde la fría Tunja, este 8 de junio, con aprecio, lo abrazo.

Tomado de https://eldiarioboyaca.com/

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