𝑷𝒐𝒓: 𝑮𝒊𝒏𝒂 𝑹𝒐𝒋𝒂𝒔 𝑯𝒐𝒚𝒐𝒔

La reciente declaración de Abelardo de la Espriella sobre el presunto direccionamiento de votos por parte del gobernador Carlos Amaya en Boyacá no revela nada que esta región no haya escuchado antes. Lo hemos dicho durante años. Lo advertimos desde su primer gobierno, cuando muchos preferían guardar silencio frente a quien parecía convertirse en el innombrable de la política boyacense. También lo denunciamos durante las pasadas elecciones legislativas, cuando su hermano, John Amaya, era candidato al Senado y volvieron a hacerse frecuentes las reuniones públicas y privadas entre alcaldes, congresistas y el gobierno departamental; los mensajes presuntamente presionando a contratistas y la exigencia de reuniones para quienes dependían de un contrato.

Por eso, la actual feria de anuncios, promesas, cheques, inauguraciones y desfiles ministeriales no puede verse como una simple casualidad de temporada electoral. Y nos guste o no quien hace el señalamiento, lo cierto es que este no está lejos de una realidad que los boyacenses conocen bien.

Así que lo que realmente me inquieta no es que estas prácticas hoy sean debate nacional. En Boyacá llevan demasiado tiempo existiendo. Lo que preocupa es el silencio conveniente de quienes durante años construyeron su discurso político denunciándolas. Me refiero a sectores que hoy respaldan al Gobierno Nacional y al candidato Iván Cepeda, y que han hecho de la «superioridad moral» una bandera permanente. Los mismos que encuentran argumentos para cuestionar cada movimiento de sus adversarios, pero que ahora parecen mirar hacia otro lado.

Aquellos que, escudados en una alianza política nacional con miras a la contienda presidencial, hoy se sientan cómodamente en la misma mesa de las prácticas clientelistas, nepotistas, burocráticas y caudillistas que durante años aseguraron combatir. Y que, aun observando todo esto a pocos días de una elección, parecen considerar más importante asegurar votos que rechazar lo que resulta evidente.

¿Será que cuando los intereses son comunes todo vale?

Porque podrán negarlo y posar de víctimas. Y seguramente mañana no ocurrirá nada en los estrados judiciales, como tampoco ha ocurrido con buena parte de las denuncias que durante más de una década se han formulado sobre las formas de hacer política en Boyacá. Pero una cosa es la legalidad, tantas veces incapaz de producir respuestas, y otra muy distinta la realidad política que observan los ciudadanos.

En Boyacá ya no estamos hablando de rumores. Por eso, quienes hoy guardan silencio o incluso celebran estas prácticas terminan siendo cómplices de ellas. Y tarde o temprano tendrán que responderles a los boyacenses, porque decidieron hacer una transacción con sus principios en nombre de una alianza política y una apuesta electoral.

En todo caso, salga a votar y hágalo por lo que su corazón y sus principios le dicten. ¡Que Dios proteja a esta patria!

Tomado de Periódico El Tunjano

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