Alejandro Gutiérrez.

El lunes 10 de agosto a las 7:34 de la mañana marcará la memoria de esta generación. El desafío que tiene la sociedad colombiana liderada por un gobierno, que apenas está empezando, es enorme: reconstruir, además de la confianza y la estabilidad emocional, la infraestructura física altamente impactada. Al encontrarnos un fenómeno de El Niño de la mayor intensidad, vale la pena introducir un tema en la conversación: la reconstrucción sostenible, que atienda las necesidades de vivienda y urbanísticas inmediatas apostándole a afrontar otras circunstancias ambientales que se aparecen con fuerza.

El último informe oficial conocido al escribir esta columna mencionaba la afectación de 448 municipios de 15 departamentos, 145 mil personas, más de 80 mil viviendas averiadas y el total de unidades destruidas superaba las 12.500. Además, se reportan daños en 2.596 centros educativos y 260 centros de salud, entre muchas otras dramáticas cifras. El reto de la reconstrucción es gigante.

De igual forma impacta la reacción solidaria para afrontar la situación. El aporte del sector privado que se encontraba reunido en el congreso de la Asociación Nacional de Empresarios de Colombia (Andi) superaba los 202 mil millones de pesos, Estados Unidos anunciaba 26,5 millones de dólares y Emiratos Árabes 10 millones de dólares, Corea del Sur 1 millón y la ayuda de la comunidad internacional ha llegado en diversidad de formas. El Banco Mundial planteaba el desembolso de 200 millones de dólares y el corazón de cientos de miles de familias se expresaba con sus donaciones a través de canales institucionales y sin ánimo de lucro desde todo el territorio nacional, a su vez, el gobierno nacional propone la creación de un “Plan Milagro de Reconstrucción”.

Según el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, “las edificaciones sostenibles se consideran construcciones civiles diseñadas y construidas de manera segura, que incorporan componentes y materiales con bajos niveles de energía, materiales reciclables y renovables, hacen uso eficiente de la energía y el recurso hídrico, utilizan diseños de bioarquitectura y técnicas de construcción más eficientes, son flexibles y fácilmente adaptables ante los efectos del cambio climático”. Más aún, en el desarrollo de la Política de Gestión Ambiental Urbana, el mismo Ministerio publicó un documento llamado “Criterios ambientales para el diseño y construcción de vivienda urbana”, que vale la pena que fuera consultado en este momento.

Colombia cuenta con el Conpes 3919 de 2018, Política Nacional de Edificaciones Sostenibles, se planteó una meta en el sentido en que en el 2030 todas las edificaciones nuevas cuenten con unos criterios de menor consumo, materiales eficientes, bajando el gasto de agua y energía, observando avances en generación alternativa para el caso de energía y de procesos de reúso y aprovechamiento de aguas lluvias para el caso del recurso hídrico. Esto avanzó a tal punto que se publicó una Guía de Materiales para la Construcción Sostenible y una Cartilla de Criterios Ambientales de Diseño y Construcción de Vivienda Urbana, ambos documentos de muy fácil acceso que pueden dar algunas ideas en esta etapa tan compleja y definitiva.

El escenario internacional Naciones Unidas, a través de ONU Hábitat, tiene diversas publicaciones donde dice que “sigue aprovechando sus virtudes y su presencia mundial en un momento en el que se intensifica el desarrollo urbano y se prevé que el 70% de la población mundial vivirá en asentamientos urbanos antes de 2050”. Específicamente, frente al tema que nos ocupa, encontramos el documento UN-Habitat Sustainable Reconstruction Framework (2023), un documento oficial de la ONU sobre reconstrucción sostenible, se describe como una guía técnica que complementa el Urban Recovery Framework (URF) junto al Banco Mundial y la Unión Europea. Establece seis principios para reconstruir infraestructura de forma sostenible e inclusiva tras conflictos o desastres naturales e incluye casos de Yemen, Líbano, Iraq y Palestina. Estos marcos de reconstrucción sostenible y de recuperación urbana pueden ser de interés para la etapa que sigue en Colombia.

Por su parte, el Banco Mundial en 2022 publicó “Ciudades resilientes e inclusivas para un futuro mejor en América Latina”, que constituye un análisis para Latinoamérica con base en que, según esta entidad, el 80% del consumo energético y el 66% de las emisiones de gases efecto invernadero de la región provienen de las ciudades. Menciona proyectos concretos en Porto Alegre, Asunción, Santa Cruz y México.

Así las cosas, más que pretender proponer un manual de medidas o iniciativas de infraestructura, el objetivo es llamar la atención respecto a un tema que puede interesar a quienes asuman la difícil tarea de dirigir los recursos económicos y humanos para reconstruir gran porcentaje del territorio nacional que se vio afectado por un desastre natural, tan imprevisto como fuerte. 

Este acontecimiento reclama lo mejor de los colombianos sobre todo teniendo en cuenta los días que vivimos, pues según la Organización Meteorológica Mundial (OMM), el mes de julio de 2026 se ubicó como el segundo julio más cálido del planeta y la Noaa (Oficina Nacional de Administración Oceánica y Atmosférica), confirmó que fue el julio más caluroso de su historia continental con una media de 24,9 °C (76,9 °F). En los océanos se alcanzaron temperaturas récord cercanas a los 20,96 °C impulsadas por el cambio climático.

*Los textos que aquí se publican son de exclusiva responsabilidad de sus autores y no expresan necesariamente el pensamiento ni la posición de Amazon Conservation Team (ACT)

Etiquetado: Cambio climáticoFenómeno de El NiñoTerremoto en Colombia 2026

Por: Alejandro Gutiérrez

Tomado de: https://www.lasillavacia.com/

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