Se afirma que gobernar es la práctica de ejercer el poder político de manera efectiva y ética que condiciona la capacidad de tomar decisiones para el bienestar y progreso de una comunidad, y para el caso nuestro, llámese aldea, comunidad, localidad, pueblo, ciudad, departamento o país.
Gobernar implica una serie de habilidades y conocimientos, como la comprensión de los procesos políticos, la capacidad de liderazgo, la habilidad para negociar y llegar a acuerdos y la forma de comunicarse eficazmente con diversos grupos de interés general.
Gobernar también involucra una comprensión profunda de los asuntos públicos, la destreza de analizar problemas complejos y la pericia para formular políticas y programas que aborden estas complicaciones de manera efectiva para que dichas fórmulas perduren en el tiempo y se prolonguen con la legitimidad del poblado.
Además de las prácticas y conocimientos técnicos, el arte de gobernar también se basa en principios éticos, ya que los gobernantes deben actuar de manera justa, equitativa y transparente, respetando los derechos y las libertades de los ciudadanos; caso que debe ser también de doble vía para que las comunidades y más ahora con el surgimiento indiscriminado de las redes, ejerzan la crítica constructiva, sana, justa, real y respetuosa.
Las decisiones del gobernante deben estar basadas en el interés general y no en el individual o personal, por lo que se tiene que cotejar de manera permanente e inaplazable el impacto de sus acciones a inmediato, mediano y largo plazo para no repetir la vieja y dañina maña de “apagar incendios”, o quedar bien en un acto público donde de manera acalorada se arrancan aplausos, se sacan fotos, pero luego se olvida tipificando el engaño y la mentira.
La pandemia nos demostró que para gobernar de manera asertiva se debe poner a prueba la maestría de adaptarse a circunstancias cambiantes y sorpresivas, para responder a los desafíos y las demandas de la sociedad o de esos fenómenos naturales que llegan de manera repentina y le dan un giro de 180 grados a la vida.
El gobernante debe ser prudente en sus apreciaciones y por más que quiera congraciarse con todos, le asiste el análisis y la reflexión antes de emitir cualquier concepto o afirmación, para no despreciar aspectos fundamentales en este ejercicio como la credibilidad, el respeto y la confianza.
Bien pudiéramos decir que gobernar combina muchas formas e inventivas, pero ante todo pone a prueba el conocimiento, que no es otra cosa que saber de buena tinta y al detalle las dinámicas de cada área del aparato público, por cuanto no basta con tener buenos asesores, sino estar al corriente de lo que está ocurriendo en el mundo real, más aún cuando en algunas ocasiones se administra con arrogancia y escuchando poco al experimentado.
Gobernar es un completo desafío y más decir en un país como el nuestro dónde muchas veces poco importa el beneficio de la colectividad y se califica al ejecutivo solamente por lo que se pudo recibir de manera personal, por el favor hecho al amigo, el compadre o el familiar, el contrato asignado o las dádivas individuales recogidas.
Son muchas las aristas que existen para tratar de hacer un gobierno aceptable, por lo que se requiere una combinación de elementos clave como el verdadero liderazgo y por eso una población, región o país debe contar con dirigentes capacitados, éticos y comprometidos con el bienestar de la sociedad, cabecillas visionarios, capaces de inspirar y movilizar a la ciudadanía hacia objetivos comunes de bienestar.
Otro método clave es la participación ciudadana para fomentar la intervención activa de los habitantes en la toma de decisiones. Ésto implica promover la limpidez, la rendición de cuentas y la apertura a la crítica constructiva donde se ejerzan los mecanismos de participación como las consultas populares, audiencias públicas, presupuestos participativos y la promoción de la sociedad civil en general.
Un buen gobernante debe ponderar la obediencia a los derechos humanos basados en el acatamiento para garantizar la igualdad ante la ley, proteger las comisiones fundamentales y asegurar la justicia y la equidad en la aplicación estricta de las normas vigentes.
Aunque temas como la lucha contra la corrupción se han convertido en el caballito de batalla o el argumento de los discursos de algunos gobernantes que distraen con su palabrería y distan mucho de sus acciones, es fundamental siempre promover la transparencia en la gestión gubernamental y combatir la descomposición, aspectos cruciales para un buen gobierno; para ello se tiene que establecer sistemas eficientes de auditorías y mecanismos de control que permitan prevenir y sancionar la fermentación de mañas históricas recurrentes.
Un buen gobierno desarrolla y aplica modelos económicos sostenibles que generen empleo, reduzcan la pobreza y mejoren la calidad de vida de la población, lo que implica fomentar la inversión, apoyar a las pequeñas y medianas empresas, promover la educación y la capacitación, así como garantizar la protección del medio ambiente.
En la gobernanza es necesaria la cooperación y el diálogo entre los diferentes actores políticos, sociales y económicos, buscando consensos para construir alianzas y promover el trabajo en conjunto, abordando los retos y encontrando soluciones a los problemas comunes, antes que estos terminen por degollarlos.
Nos encontramos en un momento crucial y muy particular, porque tenemos un gobierno nacional que hasta ahora inicia su vuelo y unos mandatarios locales y regionales que tienen el sol a la espalda, un tanto hostigados por los candidatos que añoran sentarse en el trono de los que hoy son calificados con el más crudo rasero de la crítica popular, razón de más para que especialmente los aspirantes que hoy utilizan el discurso y los errores de los actuales mandatarios como plataforma de sus aspiraciones, conozcan someramente lo que les espera.
Por ejemplo, un candidato que aspire a gobernar debe tener una comprensión profunda de los sistemas políticos y las instituciones gubernamentales y ahora más que nunca están obligados a conocer los procesos electorales, la estructura del gobierno y las leyes que rigen su jurisdicción.
Es esencial que los candidatos tengan sapiencias sólidas en políticas públicas para comprender los desafíos y las necesidades de la sociedad, eso los insta a ser capaces de desarrollar estrategias y programas que aborden eficazmente estos problemas y estar muy familiarizados con los manejos en áreas clave como educación, salud, infraestructura, medio ambiente, seguridad, economía, cultura, turismo, entre muchas otras.
Las relaciones son y serán un punto clave para moverse con agilidad en las esferas regionales, nacionales e internacionales; eso los hará mandatarios con niveles superiores de gobierno, porque es muy importante que tengan conocimientos en relaciones internacionales y diplomacias para representar con decoro y dignidad a su localidad, región o país en todos los ámbitos, negociando acuerdos y manteniendo idilios diplomáticos con sus pares o entidades de todo orden que le puedan aportar a sus comunidades.
Las habilidades comunicacionales son claves, por lo que además de los conocimientos técnicos, los candidatos deben poseer inteligencia y olfato para inspirar y motivar a otros, trabajar en unidad, tomar decisiones difíciles y comunicarse de manera efectiva con diferentes audiencias, teniendo respeto por los medios a sabiendas que una red social personal o institucional no es el único canal y menos el más efectivo para establecer contacto directo con las comunidades.
A estas alturas del partido, unos preparan maletas para salir por la puerta de la ingratitud, la soledad y el olvido o el reconocimiento y el aplauso, mientras los posibles elegidos acicalan los equipajes para entrar a las casas fiscales y a los palacios públicos, tal vez confiados en que el pueblo les dará el aval para llegar a esos sitiales de honor tan apetecidos a lo largo de la historia.
Estas curules, esquivas para unos cuantos que llegan a su segunda, tercera o cuarta candidatura, ganada por otros con lucha y esfuerzo, en fiero duelo con sus contrincantes, o puestas en bandeja para los que muchas veces se la encuentran sin mayores arrojos.
En fin, estamos en época de balances, ajustes de cuentas, aspiraciones, discursos, campañas, cierres, alianzas políticas, felonías, descréditos, asaltos a la privacidad, pesquisas, cascaritas que hagan resbalar al rival, avales, negociaciones, estrategias, mentiras fantasiosas, respaldos condicionados, sanciones, investigaciones y otra lista larga de acciones determinantes, tanto a la hora de entregar el cargo como a la hora de llegar a los mismos y disfrutar de las mieles del poder.
Cabe destacar, que cada contexto y sociedad tiene sus particularidades, por lo que las estrategias pueden variar; sin embargo, estas reflexiones y generalidades escritas a ojo de buen cubero pueden servir como guía para avanzar y llegar a ejercer un gobierno efectivo, ético y orientado al bienestar de la sociedad, aunque se afirma con razón, que jamás se tendrán a todos contentos.
José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días
Tomado de https://boyaca 7dias.com.co/
