Se dice con bríos que el campo es la despensa del país y que los campesinos, no solamente nos dan la comida, sino que surten las grandes cadenas donde se genera una dinámica económica fundamental para el desarrollo de los pueblos.

Por estos días, se celebró el día del campesino y algunos mandatarios, medios de comunicación, instituciones y demás actores de la sociedad salieron a entregar mensajes románticos y saludos en prosa fina para los campesinos; halagos que no dan solución a la grave crisis que viven nuestros lugareños, y menos al acoso del que son víctimas por parte de los bancos con el crecimiento irracional de intereses y la triplicación de sus deudas con los prestamistas.

Colombia es un país agrícola y más de la mitad del territorio nacional dedica su vida al cultivo del campo, por eso bienes alimenticios como el banano se destacan entre los más apetecidos del mercado.

Nuestro territorio es uno de los cinco mayores productores del universo del café, aguacate, y aceite de palma y uno de los diez mayores productores también del mundo de caña de azúcar, piña y cacao, entre otros.

Más de 36,2 millones de toneladas de caña de azúcar ubican a nuestro país en el séptimo lugar como productor mundial de este alimento y las más de 5,8 millones de toneladas de aceite de palma le dan el quinto lugar en la producción del derivado del vegetal.

Por su parte, el banano común es producido en más de 3,5 millones de toneladas y qué decir de las más de 720 mil toneladas de café, que le otorga a Colombia el cuarto lugar en el globo en la producción del exótico grano.

Tan ponderadas cifras se deben por supuesto a los labriegos del campo y a esas mujeres y hombres valientes que doblan su corpiño sobre la tierra para echar azadón, escarbar las entrañas del suelo y hacer la siembra para que, con el favor del tiempo, se le otorgue luego la alegría de recoger la cosecha.

Sin embargo, es preocupante saber que el campo se está quedando sin campesinos por diferentes circunstancias como el éxodo rural, ya que son muchas las personas que abandonan día tras día las zonas rurales en busca de mejores oportunidades económicas en las áreas urbanas y la falta de empleo o la conquista de una vida digna, son factores que llevan a muchos campesinos a migrar hacia las ciudades.

El envejecimiento de la población es otra razón, porque la mayoría de los campesinos son personas mayores, y a medida que su cuerpo se deteriora, es posible que no haya suficientes jóvenes dispuestos a asumir la responsabilidad de trabajar en el campo, dejando un gran vacío en el relevo generacional de la actividad agrícola.

Las condiciones laborales son muy difíciles y la agricultura es un trabajo duro y demandante, con largas horas de esfuerzo y pocos beneficios, condiciones que desalientan a las personas y en especial a los jóvenes, que viendo lo que le sucede a sus mayores, optan por darle un no rotundo a la lidia de la tierra.

La falta de apoyo y de recursos es otro detonante, porque los campesinos a menudo enfrentan dificultades para acceder a créditos, tecnología agrícola moderna, capacitación efectiva, acompañamiento y otros recursos necesarios para mejorar su producción, lo que los lleva a la desmotivación y abandono de la actividad.

Si el campo se queda sin campesinos, las consecuencias negativas afectarán al país, tanto a nivel económico, como social y alimentario y la disminución en la producción traería funestos efectos.

Los campesinos son los responsables de cultivar y cosechar los alimentos que consumimos y si hay una escasez de campesinos, la producción agrícola se verá afectada, lo que podría llevar a una disminución en la disponibilidad de productos frescos y nutritivos y ésto tendría un impacto significativo en la seguridad alimentaria, tanto a nivel local como global.

Si no hay suficientes campesinos para producir alimentos a nivel local, aumentará la dependencia de las importaciones de alimentos de otros países, generando muchos problemas en términos de costos, calidad y disponibilidad, especialmente en situaciones de crisis o conflictos internacionales.

Sin campesinos que trabajen en el campo, es probable que muchas tierras agrícolas queden abandonadas o sean utilizadas para otros fines, como la urbanización o la explotación comercial, ocasionando la pérdida de ecosistemas naturales, la degradación del suelo y la disminución de la biodiversidad.

La falta de campesinos podría llevar a la despoblación de las zonas rurales, con un impacto negativo en la economía local, ya que se reducirían los ingresos y el empleo en sectores relacionados con la agricultura. Además, la falta de servicios básicos, como atención médica y educación podría empeorar en estas áreas, lo que abriría una brecha enorme entre las zonas rurales y urbanas.

Los campesinos poseen un conocimiento profundo de las prácticas tradicionales y las técnicas de cultivo adaptadas a las condiciones locales y si se pierde esta experiencia y sabiduría se corre el riesgo de disipar valiosas sapiencias agrícolas acumuladas a lo largo de varias generaciones.

Es esencial tomar medidas para evitar que el campo se quede sin campesinos y abordar los desafíos que enfrenta la agricultura, de ahí la importancia urgente de valorar y apoyar a los aldeanos, brindar oportunidades de desarrollo, mejorar las condiciones laborales y promover políticas agrícolas sostenibles.

Sin lugar a dudas hay mucho por hacer, como por ejemplo,mejorar las condiciones laborales y los beneficios para los campesinos proporcionando un salario justo, seguridad social y acceso a servicios básicos, atención médica y educación.

Fomentar programas de capacitación y educación agrícola para jóvenes interesados en la agricultura, para que adquieran los conocimientos necesarios y estén preparados para asumir el trabajo que tanto requiere el campo colombiano.

Implementar políticas y programas de apoyo dirigidos a la agricultura, como subsidios, créditos accesibles, asesoramiento técnico y ayuda en la adopción de tecnología agrícola moderna es otra salida, actividades que se deben asumir con ahínco y sin tantos titubeos.

Por lo tanto, promover la valoración de la agricultura y el campo en la sociedad, resaltando su importancia para la seguridad alimentaria y el desarrollo sostenible es urgente y se vuelve prioridad reconocer la importancia de los campesinos y trabajar en conjunto para garantizar la continuidad de la actividad agrícola y el bienestar de quienes consienten la parcela.

En fin, son muchas tareas apremiantes las que se deben acometer para que el campo vuelva a ser lo que otrora fue y para que las nuevas generaciones se sientan atraídos por el cultivo, por cuanto al igual que las músicas vernáculas, lo que no se conoce no se ama y en consecuencia se debe enseñar a los niños y jóvenes las bondades del campo para mirarlo, no como un escenario romántico o el botín de campañas políticas, sino como una plataforma de productividad, progreso y crecimiento intelectual, económico y humano.

Por estos días muchos labriegos están como lo describe el compositor Óscar Humberto Gómez en su canción “El campesino embejucao” y otros no solamente están embejucados sino solitarios, tristes, utilizados y abandonados. Por eso la frase acuñada por el juglar Jorge Velosa Ruiz toma cada día más fuerza: «Que vivan los campesinos y que los dejen vivir, que el campo sin campesinos existe sin existir”…

José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días

Tomado de https://boyaca 7dias.com.co/

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