Durante el pasado fin de semana se realizó en Ginebra Valle del Cauca la edición número 49 del Festival Mono Núñez, con la presencia de los más caros exponentes de la música de la zona andina de Colombia en sus modalidades vocal, instrumental, obra inédita, así como en la realización de múltiples eventos alternos que ocasionaron la más grande integración del folclor nacional.
Para nadie es un secreto que el Festival Mono Núñez es el máximo evento de la zona andina colombiana, cristalizado en la estampa viva de los aires nacionales.
Un Festival que nació con la firme intención de promocionar, valorar y difundir los ritmos y tonadas que han sido pebetero y refugio de una cultura ancestral donde se resguardan con cariño las cuitas del abuelo, las rutinas campesinas e innovadores bríos heredados a las presentes generaciones.
Funmúsica es la entidad encargada de enarbolar tan altruistas propósitos y para ello conformó un escuadrón de hombres y mujeres que trabajan sin pausa por hacer de cada edición un instante único e irrepetible que está quedando registrado en la memoria inmortal del cancionero colombiano.
Benigno Núñez fue un músico gallardo, noble y sencillo que a punta de bandola, bambucos y pasillos logró reunir en torno al calor de su hoguera a varias generaciones que crecieron bajo la sombra de su frondosa presencia y se convirtieron luego en máximos referentes de la interpretación y la composición de las más bellas rimas vernáculas.
El” Mono” como le llamaban los colegas lugareños de Ginebra, no imaginó que su nombre se inmortalizaría como mote y aviso del suceso más destacado del país y el exterior en la difusión de los aires de la zona andina, denominado por los expertos como los “Grammy de la música colombiana”. Un certamen que fue creciendo con el tiempo hasta llegar a tener una extensa parrilla de contenido de donde hacen parte espacios icónicos como el Festival de la Plaza, el Concierto Nacional, el Concierto Internacional, la Misa Criolla, los Conciertos Dialogados, el Encuentro Infantil Mateo Ibarra, el Encuentro de Expresiones Autóctonas, el Encuentro de Cantautores y Compositores, el Lanzamiento de Producciones Discográficas y una Franja Académica destinada a la pedagogía y al compartir de culturas y saberes.
Cuando se arriba a la ensoñadora Ginebra Valle del Cauca, ubicada a escasos 40 minutos de la ciudad de Cali, el monumento a la bandola recibe con las puertas de par en par a músicos y cultores llegados de toda la geografía colombiana y a los invitados de diferentes países que posan junto a ella para tener el registro de una imagen catequizada por los miles de melómanos que quieren tener la singular postal adosada al catálogo de sus gratos recuerdos.
En Ginebra se cruzan los abrazos, se amanceba las sonrisas y se estrechan los lazos de amistad con aquellos que se convierten en rostros familiares de nombres desconocidos, pero que tienen en particular el amor por lo nuestro que los une y los ata por siempre a esas simpatías atávicas que van quedando para siempre en la reminiscencia del imaginario colectivo.
Niños, jóvenes y mayores unieron una vez más sus acentos e instrumentos a un coro unísono de identificación ancestral para entonar las emblemáticas canciones que otrora alumbraron en el corazón de grandes juglares y hoy son el cimiento de nuevas cosechas sembradas con esmero por Funmúsica en tierra fértil para prolongar en el tiempo las cadencias de aquellos estribillos con los que se han construido las partituras de la consonancia colombiana.
Fueron cuatro días de sinfonías infinitas donde las guabinas, torbellinos, mazurcas, valses, pasillos y bambucos, entre otros aires y los llegados de tierras extranjeras como Argentina, México, Ecuador se amalgamaron entre acordes y calderones para poner en escena a los más diestros vocalistas, instrumentistas, autores y compositores, los unos clasificados por un jurado de selección que les otorgó el privilegio de pararse en el Coliseo Gerardo Arellano Becerra, catalogado por los expertos como templo sagrado de evocación de la música andina colombiana y los otros invitados por Funmúsica para engalanar con su presencia las tarimas del certamen.
Una vitrina en la que músicos, arreglistas, intérpretes, folcloristas, experimentados, noveles figuras, autores y compositores añoran estar, y una plataforma de lanzamiento que ha hecho visible por más de cinco décadas a magnos representantes de nuestra música, reconocidos hoy en los escenarios del país y el mundo como pregoneros de esos ritmos donde se guarecen las congojas y alegrías del folclor latinoamericano.
El Festival Mono Núñez, reconocido hoy como “patrimonio de la nación”, este año ratificó su apelativo de “Evento Rector de la Música Andina del País” con la exposición de nuestros aires vernáculos, sorprendentemente ejecutados en su gran mayoría por niños y jóvenes que están cosechando estos aires en las parcelas del alma, para que nunca se calle la voz de la identidad y se siga produciendo el tan afortunado relevo generacional en favor de los ritmos auténticos de la amada patria.
Independiente de los premios y los ganadores, que por supuesto son muy importantes en un Concurso como el Mono Núñez y más para los que resultan nominados y laureados, este año el Festival reunió a un nutrido público llegado de diferentes puntos de la geografía nacional y del mundo en torno a nuestras usanzas y para ello ofreció un abanico inmenso de alegría nacionalista a través de cada día y cada jornada, donde la gran parrilla de programación estuvo acompañada por magnos personajes del folclor que acudieron al certamen.
Unos para recibir el homenaje en vida y el reconocimiento sonoro del público, otros para cubrir con la pluma, la cámara y el micrófono cada instante y cada segundo del evento transmitido por las plataformas del mundo; muchos con la esperanza de alimentar el espíritu con las voces e instrumentos que, entre cantos y trinares, entregaron lo mejor de su cosecha. Otros con la expectativa de conocer el tan afamado Festival o disfrutar de la gastronomía exquisita del Valle del Cauca y por supuesto los artistas, esperanzados en llevar para su casa y sus regiones las codiciadas bandolas que se entregan a los ganadores de los premios especiales, nominados y a los triunfadores del concurso representado en los dos “Gran Premio Mono Núñez”, tanto vocal como instrumental.
Gracias a este Festival, al trabajo denodado de Funmúsica y a hombres como Bernedo Mejía Tascón, alma y nervio del certamen, su presidente Julián Peña Borrero, María Teresa Peñaranda Hurtado, Luis Fernando Borda Caicedo, María Mercedes Otoya Domínguez, Jorge Humberto Escobar Sinisterra, Luz María Zambrano González, Juan Carlos Consuegra Arellano, Rosa Matilde Salazar de Villegas, Faisure Henao Gómez, Luz Dary Ballesteros, Claudia Milena Conde, Daniela Restrepo, María Andrea Cruz Medina, Jessi Hermann, Eleuterio Gómez, Duleyma Lenis y Luis Del Cristo Llano entre otros.
El éxito de este año se debe también al trabajo de los coordinadores de tarima, sonidistas, luminotécnicos, presentadores oficiales e invitados, a la logística, seguridad, a la combinación de cada evento a través de sus directores y responsables, a los miembros del comité técnico y asesores de siempre, a los jurados, curadores, medios de comunicación, y a un puñado de corazones que galopan al unísono, porque es la música andina colombiana la que marca la pauta y maniobra la batuta de esta grandiosa sinfonía identitaria.
Muy importante el trabajo de los delegados de Funmúsica en cada región de la zona andina colombiana y el exterior como el que realizan: Marycarmen Pérez Domínguez de México, Alberto Borda y Álvaro San Juan, la Fundación José Ricardo Bautista Pamplona, la Fundación Armonía con Luis Carlos y Roberto Villamizar, Luz Elena Castaño Rendón, Iván Losada, María Ruth Arboleda, María Eugenia Gavilanes, Luz Estella Orozco Valencia, Cesar Augusto Mejía, Ricardo López Rivera, Silvio Ortega Pabón y Margarita Leonor Camacho Araque.
Son muchas almas vibrando al compás de la alegre picardía del bambuco, por eso el cancionero raizal sigue vivo y vigente, porque mientras existan jornadas y eventos como el Mono Núñez, el país tendrá esperanzas de encontrar esa esquiva paz enquistada en alma arrogante de los poderes públicos, pero que revive y sonríe en las manos de los niños cuando hacen sonar los acordes de tiples y guitarras o en el trinar de las bandolas cuando sus melodías envían mensajes reconciliadores que apaciguan el dolido corazón del pueblo colombiano.
¡Gracias!… Funmúsica y ¡Gracias! Festival Mono Núñez.
José Ricardo Bautista Pamplona
Tomado de https://boyaca 7dias.com.co/
