Cuando somos recurrentes y asiduos practicantes de la doble moral, vamos en dirección contraria por la sorpresiva autopista de la vida.

La doble moral se refiere a la situación en la que una persona o una sociedad mantiene dos conjuntos de estándares o de valores morales diferentes según la conveniencia.

Cuando un individuo o un grupo adopta un comportamiento moralmente aceptable o deseable en una circunstancia, pero en otro contexto similar actúa de manera opuesta y soterrada, por ejemplo, alguien que critica públicamente la corrupción, pero en privado participa en prácticas corruptas, o una sociedad que promueve la igualdad, pero al mismo tiempo tolera la discriminación, muestran a claras luces la lesiva y cuestionada doble moral.

La doble moral genera desconfianza, socava los principios éticos y dificulta la coherencia y la justicia en la comunidad, pero también se convierte en fuente de conflictos y tensiones, ya que las personas o grupos que son víctimas de tan horrendo hábito se sienten vulnerados, traicionados y asaltados en su buena fe. 

Es importante tener en cuenta que la doble moral puede ser particular o social. A nivel particular los individuos suelen tener contradicciones internas entre sus creencias y sus acciones, mientras que a nivel social se observan normas o valores discordantes que se aplican a diferentes grupos.

En lo social, la doble moral refiere, también, a los gobernantes que hacen todo aquello que sancionaron y utilizaron como caballito de batalla para ganar adeptos y llegar al trono. Lo mismo ocurre con los grupos al margen de la ley que se sientan a negociar la paz, mientras secuestran, asesinan y llenan de luto y dolor el suelo patrio.

El país se encuentra en plena faena electoral, donde la doble moral es el pan de cada día y está vista como un fenómeno bastante común, toda vez que en esta área, tan horripilante maniobra refiere a la discrepancia entre los principios morales que los partidos expresan públicamente y sus conductas reales.

Prometer una cosa durante las campañas y luego no cumplirlas una vez se encuentran en el poder, es muestra clara de la doble moral traducida en el engaño, lo mismo ocurre con aquellos caudillos que fingen adoptar una postura correcta en temas predicados para obtener apoyo popular y luego toman decisiones contrarias basadas en intereses individuales y económicos que desmienten de tajo los manuales expresados en falsos y acalorados discursos con fluida palabrería de cadencias desgarradas.

La foto con la familia, el póster con la pareja promocionado en redes sociales, la pose con el campesino, con el niño, el ama de casa y en fin… una sarta de propaganda engañosa que los muestra como héroes y modelos de vida, cuando la publicidad está a millas de su verdadera y oscura conciencia. 

Jugar con arengas polarizadoras y utilizar la integridad como herramienta para atacar a los oponentes, mientras se pasan por alto las faltas o errores similares cometidos por sus aliados, es visto como un disfraz y una forma clara de practicar la doble moral, que por desgracia y al parecer hacen parte ya de lo normal y cotidiano del paisaje nacional.

Por otra parte, aplicar normas diferentes según la afiliación política o el partido al que pertenece, lleva a situaciones donde se justifican acciones inaceptables o se minimizan los comportamientos cuestionables de los miembros de la propia colectividad, mientras se critica y condena duramente a los adversarios por ocurrencias similares. Ayer enemigos acérrimos y hoy mejores «amiguis», cómplices de una nueva y negociada componenda.

La doble moral en la política es una práctica frustrante para los ciudadanos, porque mina la esperanza en los líderes y en el sistema en general, además de llevar violentamente a la polarización y al estancamiento, por lo que se priorizan los intereses partidistas sobre el bienestar común y se incita a las comunidades al resentimiento, los ataques y las agresiones mutuas que traen consigo la descomposición social.

Es importante destacar que no todos los partidos se involucran en esta pavorosa práctica y hay líderes y movimientos, eso sí, contados con «los dedos de la mano mocha» que tratan de ser coherentes en su actuar. Sin embargo, la presencia de la doble moral sigue siendo uno de los grandes flagelos del contorno político.

La doble moral en el trabajo es otro cáncer que acaba con los estándares de calidad y diezma los resultados, por cuanto las circunstancias en las que se aplican diferentes patrones de comportamiento o valores decorosos a los empleados, se manifiestan de varias formas en la esfera laboral. En el trato diferencial, cuando se aplican normas o políticas de manera selectiva, favoreciendo a ciertos empleados sagaces e incompetentes, mientras se castiga y menosprecia a los fieles cumplidores.

Ésta es una rutina recurrente de la doble moral que incluye la aplicación arbitraria de medidas disciplinarias, la asignación de beneficios o privilegios de manera injusta, la complicidad y promoción de hechos fraudulentos o la promoción de la discriminación basada en la raza, la compinchería, el género y otras posturas repulsivas.

Otra manera muy frecuente en las instituciones, tanto públicas como privadas, es la contradicción en la toma de decisiones, que ocurre cuando los líderes o supervisores adoptan diferentes criterios morales dependiendo de los empleados o las circunstancias, como el caso de un superior que permite comportamientos inapropiados a su testaferro favorito, pero sanciona severamente a otros por la misma conducta.

La hipocresía en los valores de la empresa se da también cuando se proclama tener determinados servicios éticos en su declaración de misión, visión o en su publicidad, pero en realidad no los cumple en sus rutinas internas, como ocurre con las entidades que promueven la equidad y el respeto, pero que en realidad discrimina a ciertos grupos de empleados o no brinda oportunidades de desarrollo equitativo.

Y qué decir de la desigualdad salarial y de oportunidades que se produce cuando se pagan montos diferentes o se ofrecen escenarios de crecimiento desiguales para servidores que realizan trabajos similares o tienen la misma capacidad y experiencia y hasta más.

Ésto obedece a prejuicios o preferencias injustas por parte de la dirección o simplemente porque el jefe inmediato se dejó embaucar por aquel habilidoso que lo soborna con presentes, le hace el nudo de los zapatos y le soba permanentemente la solapa.

En resumen, la doble moral en el trabajo genera descontento, desmotivación y resentimiento entre los trabajadores, perjudica la cultura organizacional y la cohesión del equipo, perturbando negativamente la productividad, el rendimiento y el ambiente laboral.

Por último, me refiero a la doble moral en las relaciones interpersonales, catalogada como una discrepancia entre lo que una persona dice o espera de los demás en una relación y sus acciones en la misma; ésta es otra forma fraudulenta en la que alguien reclama un modelo comportamental de sus pares que no aplica a sí mismo.

Exigir fidelidad y compromiso en una relación mientras se busca intimidad con otras personas, esperar sinceridad y transparencia de otros, pero ocultar información importante o mentir de manera habitual, sentenciar con racero cruel cuando el historial de su pasado es realmente vergonzoso, demandar respeto y consideración, pero tratar a los demás de manera irrespetuosa y desconsiderada.

Todo ésto es una manera usual del comportamiento humano, practicada por aquellos que hablan duro, juzgan, señalan, pero no se han mirado al espejo de su yo interior, porque si lo hicieran podrían aterrorizarse.

Reclamar que se toleren los límites y la privacidad, pero invadir la de los demás sin acatar sus linderos personales, promover la igualdad y el empoderamiento en la relación, a la vez que se ejerce el control de manera autoritaria y manipuladora, adjetivar ciertas maneras en los amigos, mientras se justifican o se actúa de manera similar, son algunas actuaciones abominables que mandan al traste cualquier tipo de relación.

La comunicación abierta y honesta, así como la empatía y el respeto por los sentimientos y necesidades de terceros, son fundamentales para evitar la doble moral en las relaciones y construir idilios saludables, más aún en una sociedad donde ya no se sabe quién dice la verdad, donde se utilizan las componendas maquiavélicas ensayadas por ágiles estrategas y embaucadores, donde se acude a lo que sea con tal de lograr propósitos mezquinos e individuales para saciar el hambre del ego.

Una sociedad donde se adultera con tal desfachatez, que ya se perdió la capacidad de asombro y se traspasaron los límites.

Una casta engañada, manipulada permanentemente y asaltada en su buena fe es una sociedad condenada a la falsedad, a la ley del más pícaro y a las pericias mañosas, que en momentos parece ser la única alternativa para caer siempre bien parado en cualquier escenario de la vida.

Sin embargo, y por más que veamos sonreír cínicamente a los fulleros practicantes de la doble moral por la conquista momentánea de sus amañados logros, siempre será más sano y sensato fomentar la coherencia en nuestras decisiones, conciliar el sueño, evitando caer en la trampa de la doble moral, promoviendo la igualdad, la justicia y la honestidad en todas las circunstancias, hallando similitud en pensamiento, discurso y acción, para no transitar en contravía por la resbaladiza troncal de la existencia.

Muy oportuno recordar entonces que, “la vida no se queda con nada y a cada puerco le llega su nochebuena”.

José Ricardo Bautista Pamplona #ColumnistaInvitado

Tomado de https://boyaca 7dias.com.co/

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