No hay nada más aventurado que contratar a una persona, ya sea en una entidad pública o privada y hasta en el hogar para el desempeño de labores que creemos urgentes y necesarias.
Si un gerente, ordenador o director, contrata los servicios de una persona, es para suplir una necesidad que a decir verdad debe ser solucionada por uno o varios individuos, quienes por su experiencia, conocimiento y experticia, atiendan tal insuficiencia.
No podía ser esquivó este tema al análisis de los expertos, quienes aseguran que las competencias laborales son un acopio de cualidades que aplica una persona a la hora de llevar a cabo sus ocupaciones en el lugar de trabajo, ya sea presencial o desde casa y que contribuyen con el desempeño óptimo dentro de su rango y posición.
Las competencias laborales hacen referencia a temas como: saber trabajar en equipo, tener iniciativa propia, tomar decisiones, tener talento mental y humano para aceptar propuestas innovadoras, estar dispuestos a aprender de todos y de todo, así como la demostración de flexibilidad y adaptación al cambio.
Pero tal vez lo que más se requiere a la hora de establecer contacto con pares en una relación laboral, es la de saber comunicarse de forma asertiva, respetuosa y certera, cualidad de la que carecen muchos cabecillas y en especial aquellos que tienen síndrome de “Jefitis” y no buscan trabajadores eficientes, sino serviles que acoliten sus antojos e incoherencias administrativas.
Hay diferentes maneras de clasificar y agrupar las competencias laborales a la hora de hacerlas adherentes a los funcionarios de todo orden en un grupo empresarial, llámese empleado o regente.
Las competencias cardinales, por ejemplo, son las que atañen a los objetivos misionales de una entidad, esos postulados que muchas veces se quedan en letra muerta porque nunca han sido socializados y solo hacen parte de las carteleras de rigor que exige la norma, pero que no conocen quienes trabajan supuestamente para cristalizar dichos objetivos institucionales.
En esta misma competencia aparecen valores fundamentales para todo trabajador, jefe y empresa como la ética, el respeto, la integridad y la responsabilidad social, tema que ya he tocado abiertamente en reflexiones anteriores.
Hace parte de este catálogo las competencias gerenciales que son más específicas y aplican para aquellos que tienen un rol organizacional y se instalan en la gestión con validez del desempeño colectivo a través del liderazgo, visión estratégica y comunicación eficiente; es decir los que deben orientar, planear, dirimir y aplicar la imparcialidad en la búsqueda permanente del éxito y los resultados, tanto individuales como colectivos.
De este grupo de acción es importante destacar entonces el liderazgo, cualidad de pocos, que a través de ejercicios ejemplarizantes se logra sin el forcejeo de imposiciones, gritos, caprichos, improvisaciones, irrespetos ni regaños; todo lo contrario, el verdadero derrotero de los capos está basado en la aplicación del respeto, el ejemplo y esa cordura ingeniosa que da la capacidad de poner las premisas de la entidad por encima de amancebamientos soterrados, pataletas o favoritismos amañados. “El liderazgo es la oportunidad de servir y no de lucirse”.
Así las cosas, la contratación de personas para el desempeño laboral se debe hacer a través de expertos que apliquen sistemas de selección confiables donde los perfiles de los aspirantes sean analizados y cotejados mediante pruebas, exámenes y la investigación de sus antecedentes, logros y productos comprobables, que en últimas son factores determinantes para medir la trayectoria y sapiencia de un profesional.
Pero tristemente esto no ocurre en el aparato público, donde el único concepto de selección que tiene validez es si estuvo o no acompañando la campaña política, si hizo o no parte del cabildo de los electores, si organizó o no reuniones políticas para la cacería de votos… en fin todo lo contrario a un verdadero proceso que permita ubicar oficinistas convenientes en las áreas de las administraciones ya sea del orden nacional, regional o local.
¿En dónde queda para muchos de estos funcionarios las competencias laborales?
La respuesta es triste y cruda pero cierta. Las competencias de estos burócratas están en la imposición de quien ordena o no la vinculación de los mismos, resultado de acuerdos internos en espacios donde se negocian las conciencias con tal de obtener el respaldo de los que dan el pupitrazo limpio a los proyectos presentados por el ejecutivo, es decir los congresistas, diputados o concejales.
Por supuesto que como toda regla tiene su excepción, entre la amplia baraja de preferidos hay personas provechosas, éticas revestidas de conocimiento y experiencia que llegan a hacer grandes aportes a las entidades públicas, porque sus ejecutorias y el cúmulo de resultados acopiados en su trasegar laboral, les permite actuar con solidez y solvencia para orientar los procedimientos y agilizar la correcta inversión de los recursos públicos.
Otros, por el contrario, llegan “más perdidos que el hijo de Lindbergh” con tantos vacíos de conocimiento que ponen en riesgo permanentemente las bases misionales de las entidades y peor aún traumatizan, enredan, demoran, paralizan y mandan al traste el desarrollo lógico de planes y programas, y lo más grave, con una actitud arrogante porque en todo momento amenazan con ser íntimos(as) del capo, es decir “los intocables”; personajes que no saben de nada, hacen muy poco, pero opinan y lo controvierten todo.
La Constitución Nacional de 1991 incorporó un sistema de selección a través de la Comisión Nacional del Servicio Civil, un organismo autónomo e independiente que hace parte del nivel más alto del estado colombiano y tiene como función, ejercer la administración y vigilancia del sistema de carrera administrativa de los servidores públicos.
La CNSC es la encargada entonces de la selección y nombramiento para proveer los empleos de carrera o de planta que llamamos en las toldas de lo público; efectivo sistema que ha permitido “poner a cada loro en su estaca” como dicen las abuelas y ubicar a profesionales que, a través de meritocracia, llegan a los cargos para aportar estilo, estrategias íntegras y conocimiento.
Establecer los lineamientos generales con los que se desarrollarán los procesos de selección para proveer empleos de carrera administrativa, acreditar las entidades para la realización de los procesos de selección, elaborar las convocatorias a concurso para el desempeño de empleos públicos de carrera, realizar los procesos de selección para el ingreso al empleo público a través de universidades o instituciones educativas contratadas con este fin y conformar, organizar y manejar el Banco Nacional de Listas de Elegibles, son entre otras las funciones que ejerce la CNSC.
Cito aquí algunas de las funciones de la Comisión Nacional del Servicio Civil, solo como referencia de las aristas que tiene un verdadero proceso de selección, para lo cual se deben adelantar acciones concretas que faciliten la escogencia de personas capacitadas con las que se puedan formar equipos exitosos que trabajan en beneficio de la institucionalidad y no de sus revistes internos o en favor de zalameros que solo están pendientes de congraciarse con sus jerarcas para mantenerse orondos y sin vergüenza en los cargos que nunca han merecido.
Bien por esos funcionarios serios, callados, respetuosos, eficientes, concretos y certeros que hacen lo que tienen que hacer, a la hora y el momento justo, sin que nadie “les esté respirando en la nuca” o sin que tengan que ser requeridos una y otra vez para cumplir con sus tareas, porque saben perfectamente cuáles son sus funciones y cuáles las responsabilidades asumidas.
Y mal, muy mal por los incompetentes y astutos que mienten, enredan, esquivan las responsabilidades, adulan con premeditado encanto, se incapacitan a propósito, polarizan y paralizan los procesos, pero eso sí están pendiente de las selfies, el TikTok, de sentarse en las primeras filas, de ser nombrados en público y cuanta pantalla más con tal de armar fachadas para salvaguardar su ineptitud, locha y marrullería.
Estos últimos personajes tienen una abrumadora capacidad para el mal y logran aplicar al pie de la letra el adagio “divide y vencerás” porque saben que, si ponen en la disputa a unos contra otros, ellos pasarán soterradamente por la mitad para llegar a la meta de sus maquiavélicos propósitos.
Mucho cuidado entonces a la hora de contratar personas para suplir necesidades laborales e incorporarlas al anillo cercano, ya sea en las entidades publicas, privadas o en el hogar, porque no se sabe si estamos vinculando a un coequipero, o al más peligroso(a) enemigo(a) que muy pronto nos tendrá sentados en los estrados judiciales respondiendo por horas extras, abuso de poder, persecución y acoso laboral, escenarios donde eso sí, se mueven con solvencia, agilidad y asombrosa sabiduría.
José Ricardo Bautista Pamplona #Columnista7días
Tomado de https://boyaca 7dias.com.co/
