Los museos han venido evolucionando desde su origen como atmósferas vinculadas a la protección, salvaguarda y acumulación de conocimientos anclados a la memoria viva de la humanidad.

Desde la antigüedad hasta la edad media las colecciones de objetos y elementos recordatorios aparecen ubicados en los pasillos de edificaciones antiguas como testimonio de un pasado que narra sus cuitas a través de revelaciones ciertas, contagiadas de enigmas y misterios.

Desde el Renacimiento al siglo XVIII, con los museos Capitolinos en Roma o los del siglo XIX, como la Gliptoteca de Múnich, construida en 1830 por Luis de Baviera para alojar allí su colección de antigüedades griegas y romanas, estos espacios se han convertido en las huchas donde se custodian los recuerdos y se añejan saberes de tiempos memorables.

Poseer, acumular, recopilar, mostrar y compartir son algunos de los vocablos que se utilizan para definir el coleccionismo, cuya actividad desarrollada por los humanos puede ser entendida como la costumbre de amasar poder y riqueza o el hábito de almacenar recuerdos que magnifican aprecio por algo que representa en sí solo una fábula de acontecimientos pasados.

Lorenzo de Medici, por ejemplo, fue un personaje que se dio a conocer por su asombrosa colección de esculturas, pinturas, manuscritos y hasta animales exóticos o la muy popular biblioteca de Alejandría, fundada por Tolomeo en el año 280 antes de Cristo, como acervo fascinante de códices, convertida en centro de estudio y poseedora de anales y sables.

Pues bien, la capital boyacense es justamente eso, una guaca inmensa de recuerdos que ha sabido mantener el equilibrio entre la época indígena y la colonia, testimoniando en cada espacio y lugar una leyenda propia que, con el tiempo, se ha convertido en insumo para el desarrollo de la investigación, el análisis y el discernimiento turístico.

En su centro histórico, la ciudad alberga casas como la del Fundador de Tunja, don Gonzalo Suárez Rendón ubicada en la zona oriental de la también incomparable Plaza de Bolívar, convertida en la joya arquitectónica más característica de las residencias del siglo XVI, donde se conservan elementos que dan cuenta de colecciones privadas de la aristocracia en la fundación hispánica.

Allí se alojan pinturas murales manieristas de la fauna exótica, tatuadas a las techumbres de la que fuera la habitación principal del fundador, así como los escudos de armas de León y Castilla provenientes de Málaga, del rey Carlos I de España y de Felipe II.

En este inmueble se refugian, también, los lienzos de retratos de personajes legendarios que siguieron construyendo la tradición, como los que están ubicados en el recinto de la Academia Boyacense de Historia o el Salón Presidentes, que hacen parte también del icónico lugar.

Así mismo, en cada esquina y espacio hay inmuebles que se han negado a desaparecer, pese al abandono de quienes figuran como propietarios o por las querellas que en torno a estos espacios se han suscitado en cuanto a la legalización de predios y a las declaratorias que en ocasiones solo enaltecen estas áreas con decretos, retahíla y honores, pero enredan y truncan su recuperación hasta ocasionar su desplome y desaparición.

La capital boyacense es un cofre revelador de narrativas fascinantes y cada portón, viga, techumbre, solar, arcada, jardín y zaguán guarda el resumen del tiempo con las huellas digitales de quienes tuvieron contacto en algún momento de la vida con ellos y de ahí ese olor añejo de añoranzas conservadas.

Por su parte, entidades como la U.P.T.C. se han dado a la tarea de recopilar en zonas museales otros momentos de la tradición, generando escenarios de reflexión para las nuevas generaciones que se acercan a estos predios para conocer algunos instantes que antecedieron su presente sobre los cuales se proyectan futuros de indescifrables presagios.

Siguiendo el ejemplo, otras universidades de la ciudad entraron en el fascinante mundo del coleccionismo revelador, como la UNAD, la Universidad Santo Tomás, la Universidad Juan de Castellanos y la Universidad de Boyacá, en donde se han habilitado franjas para legitimar la importancia del pasado y los tesoros que representa la sabiduría popular acumulada en compendios y documentos dignos de conocer y escudriñar. Así mismo lo ha hecho la Iglesia, el Ejército Nacional, la Policía y la Cámara de Comercio de la ciudad, por mencionar algunas de las entidades que hacen parte del recorrido museal.

Las sedes de centros educativos como el Colegio Boyacá, que recientemente celebró 200 años de servicio a la sociedad, el colegio Nueva Granada y otros establecimientos son poseedores de una inmensa riqueza patrimonial, representada en edificaciones que por décadas han visto el surgimiento de muchas generaciones de donde han sobresalido personajes ilustres que hoy son grandes referentes en la vida pública nacional e internacional.

La calle de la pulmonía, el Cenicero en la plaza de Bolívar, la Pila del Mono, las plazoletas de San Ignacio, San Francisco, el Bosque de la República donde se encuentra el Paredón de los Mártires, el Pozo de Donato, Los Cojines del Zaque, los obeliscos situados en diferentes parques como el de San Laureano, el parque Pinzón con la espadaña, La antigua Plaza de Mercado – hoy Plaza Real, los Claustros como el de Santa Clara, el paseo de la Salamandra, el paseo de las Imágenes, el Cementerio Central,  el emblemático Pasaje Vargas y las casonas coloniales como la Casa Colonia Antonio Ruiz Mancipe, el Club Boyacá, la Casa Gustavo Rojas Pinilla, la Casa del Escribano Don Juan de Vargas donde funcionan actividades de carácter cultural educativo y comercial, son entre muchas otras, las estancias alegóricas de Tunja.

Al tenor de estas cuitas reveladoras concentradas en la muy noble y leal ciudad de Tunja han surgido entidades y organismos propuestos por célebres pensadores que se resisten a ver que la historia sea solo para un minúsculo grupo o club privado de doctos en la materia, por lo que proponen que la historia se convierta en célula viva de articulación para el aparecimiento de nuevas dinámicas, logrando la convivencia en armonía de varios sectores como el de la cultura, el turismo, la educación y la economía.

Europa es un continente del que hay mucho que aprender en esta materia, por cuantos países como España o Italia, por citar solo un ejemplo, han logrado salvaguardar su pasado en la protección, restauración y mantenimiento de miles de inmuebles donde no solo existen museos, teatros y espacios culturales, sino otras prácticas que han servido de elemento vitalizador para el turismo y el desarrollo de actividades afines, y que a la postre han generado cuantiosas divisas para el crecimiento de su economía y la apropiación de su identidad.

De ahí la importancia del establecimiento de políticas públicas concretas, apartadas de la retórica de algunos personajes que se creen intocables y que han estado anclados por décadas en los establecimientos públicos, oponiéndose a todo lo que signifique creación y avance, por cuanto han preferido ser cómplices del desplome y desaparición de tanta valía patrimonial, antes que permitir que los inmuebles y elementos del pasado se conviertan en piedra angular de progreso y desarrollo para los pueblos.

Algunas frases célebres como: “Quien no conoce su historia está condenado a repetirla”, o “nadie ama lo que no conoce” son utilizadas con frecuencia por pensadores, historiadores y folcloristas para llamar la atención en torno a la importancia que tiene para una sociedad conocer su pasado, sus orígenes y sus leyendas y en especial para las noveles generaciones influenciadas por la invasiva y ordinaria desinformación que circula hoy en las redes sociales.

Tunja prepara para este viernes 29 y sábado 30 de septiembre una edición más de la NochedeMuseos. Enesta oportunidad con 53 espacios museales ubicados en diferentes sectores de la ciudad, los que se unirán para ofrecer una agenda diversa que invita a los habitantes de la ciudad y a los turistas a apropiarse de doslunas llenas colgadas a un pedacito del ensoñador cielo abierto de misteriosas brumas.

Cada espacio tiene diseñada una parrilla de contenido cultural en diferentes disciplinas de las expresiones artísticas y una narrativa con la historia del lugar, lo que hace aún más atractiva y amena la jornada, toda vez que para aquellos que no acostumbran pasar nada por desapercibido, hay 53 historias ubicadas en sistemas de amplificación para escuchar la magia de las artes en todas sus manifestaciones, en un diálogo de intimidad con la imponente arquitectura.

Tener habilitados 53 espacios es sin duda un acto osado y colosal que ha demandado mucho trabajo por parte de la administración municipal y la secretaría de Cultura, Turismo y Patrimonio Territorial, quienes lideran el evento, para lo cual han conformado un grupo humano del que hacen parte la técnica y la producción listos a recibir al grueso número de espectadores que, en esta ocasión tienen muchas más posibilidades de escoger a donde ir y qué disfrutar.

Para afianzar y dejar en la memoria colectiva un aporte representado en un documento de consulta, la organización diseñó y produjo una revista digital a la que se puede acceder fácilmente a través del código QR o por enlace, para conocer a grandes rasgos la historia de cada espacio y enterarse del contenido artístico en la música, danza, teatro, artes plásticas, academia, oratoria, narrativa y guianza especializada, programación de la que hacen parte, también, tres rutas o recorridos en chiva con salidas desde diferentes puntos estratégicos de la ciudad.

En el valioso instrumento digital aparece en cada zona la georreferenciación para ingresar al mapa de ubicación del sitio en la ciudad, herramienta útil para propios y visitantes y que se constituye en un documento de consulta e información apropiada,  más aún en estas épocas de desafíos tecnológicos.

La noche de Museos en Tunja promete ser el evento icónico de la ciudad que puede y debe ser considerado en adelante como la semana o festival de la cultura más importante de la capital boyacense, por cuanto en este certamen convergen varias actividades que, articuladas entre sí, son un verdadero escenario para el desarrollo social, cultural, turístico, patrimonial y económico, más aún cuando en este certamen se ligan de manera estrecha todas las manifestaciones del espíritu.

José Ricardo Bautista Pamplona #ColumnistaInvitado

Tomado de https://boyaca7dias.com.co/

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