Los ríos se han secado y hoy arrojan un panorama desolador. Fotografía Archivo particular

Aquellos ríos caudalosos de alborotadas espumas se transformaron y hoy son desolados caminos de piedra polvo

Los caudalosos ríos que hace apenas unas semanas eran disfrutados por las familias para la recreación y hasta para los paseos de olla, hoy presentan un desolador panorama porque se han transformado en caminos áridos de piedra polvorienta.

Las vertientes de afluentes colosales se han secado y al pavoroso escenario de los incendios y la desaparición de bosques, se suma ahora la escasez del preciado líquido con el que se lograba mitigar de alguna manera las llamas.

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Las aves ya no encuentran agua en los ríos por los que ayer se sumergían y hoy la buscan afanosamente. Fotografía Archivo particular

Este es quizá uno de los momentos de la historia nacional más angustioso que se haya vivido hasta el momento por la cadena de perjuicios que se vienen dando, como arremetida de la naturaleza, a causa del maltrato que ha recibido de la mano irracional del hombre.

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Los frondosos árboles de vegetación espesa, ahora son chamizos que arden con las altas temperaturas.  Fotografía Archivo particular

Tales abusos desbordaron, sumado al calentamiento global del que tanto se había hablado en conferencias, discursos, cumbres y demás espacios, se corrobora porque al parecer solo ha sido para muchos líderes el caldo de cultivo de efusivas alocuciones con objetivos premeditados.

Todas las afluentes del país bajaron escalofriantemente sus niveles y de las llaves ya no sale el preciado líquido para el aseo personal y mucho menos para la preparación de los alimentos, en tanto que las secas y lesionadas parcelas ya no florecen como antes, ocasionando una preocupante escasez de los productos agrícolas.

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Tubérculos como la papa que hacen parte de la canasta familiar, hoy escasean por las fuertes temperaturas a causa del fenómeno del niño. Fotografía Archivo particular

Alimentos básicos como la papa disminuye su producción al igual que otros como granos, hortalizas y en fin… toda la cadena de alimentos está seriamente afectada, ocasionando nuevas alzas en el costo de los comestibles que estrangula angustiosamente las finanzas de los hogares colombianos.

Por supuesto, los decretos y resoluciones de alerta en los territorios son recurrentes y en gran parte del país se advierte razonamientos de agua y se señalan medidas drásticas para los próximos dos meses, cuando se dice que el fenómeno del niño arremeterá con mayor fuerza.

Otra de las tantas víctimas de estos coletazos de la naturaleza es la fauna que se nutre de las fuentes de agua y muchas agonizan en medio de las ramas secas de las ayer frondosas capas vegetales y hoy desnudos y frágiles chamizos.

En sitios como La Calera en Cundinamarca y otras regiones del país, la disminución ha sido de 23 a 14 litros por segundo, encendiendo las alarmas para afrontar una de las sequías más crueles y prolongadas de las que se tenga referencia en las últimas décadas.

El anuncio de castigos para los despilfarradores del agua también se notifica, por lo que cada metro cúbico adicional que se desperdicie será multado y llegarán los cobros e incrementos en los recibos del agua.

Estas y otras medidas inician desde este mes de febrero y las autoridades persiguen desesperadamente despertar conciencia entre los ciudadanos que, al parecer y pese a la emergencia, aún continúan con el lavado de automóviles, el riego de jardines y el baño en tiempos prolongados. 

Otras medidas tienen que ver con la implementación de los días sin carro para auxiliar la calidad del aire que a causa de los incendios y la sequía se ha vuelto lúgubre y pesado, acciones que se adelantan en ciudades como la capital de la república y que seguramente serán replicados en otras zonas y cabeceras municipales del país.  

El desespero es cada día más agudo, en tanto que las postales de desolación, angustia e impotencia, evidencian un inédito instante que llegó de manera repentina con el 2024, tal vez como prueba y lección que, de no ser aprendida, desembocara en hechos terribles para los días venideros.

Ahorrar y valorar, ahora más que nunca el preciado líquido, son acciones ciertas que hacen parte de una posible solución.

Tomado de https://www.lapalestra.com.co/

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