( Editorial – Julio César Corredor Bernal)
Recientemente estuvo en Tunja, Andrés Idárraga Franco, secretario de Transparencia de la Presidencia de la República, invitado por un grupo de ciudadanos preocupados y cansados de la corrupción o como diría un amigo, de las conductas atípicas, que se han convertido en el pan de cada día, en el quehacer público de nuestro libertario terruño.
En la cita con la máxima autoridad de la diafanidad pública, no quedó títere con cabeza. Salieron a relucir nombres de eminentes personalidades de nuestra región, de ayer, de hoy y de siempre e igualmente fueron mencionadas cuantas entidades e instituciones existen en el departamento.
En otras palabras, los que se tomaron el ejercicio con seriedad, volvieron a expulsar los demonios que los atormentan ante tanta inmundicia. Y digo, volvieron, porque lamentablemente no es la primera vez que un ‘superhéroe” de la transparencia viene con su capa a estas tierras.
No olvidemos al exfiscal Néstor Humberto Martínez, quien vino con sus ‘Bolsillos de Cristal’ o el exprocurador Fernando Carrillo Flórez, por citar unos pocos, quienes estuvieron, se llevaron los cartapacios de denuncias y hasta el sol de hoy…
En esta oportunidad, el ejercicio se repite, con una marcada diferencia: a las cientos de denuncias de aquellas épocas, que en algunos casos volvieron a ser mencionadas, se suman cientos más, de los últimos tiempos, todas cobijadas por la “mano negra” de la impunidad que ha generado el caldo de cultivo para que hoy Boyacá se haya convertido en un verdadero “altar” en donde se “venera” la corrupción.
Porque si otra cosa quedó bien clara en la reunión con el secretario de Transparencia de la Presidencia, fue el cómplice entramado institucional, que hoy está al servicio de semejante carrusel.
En esta ocasión, hubo aplausos y agradecimientos especiales para el alto funcionario, porque anunció la instalación de una mesa anticorrupción para Boyacá, donde converjan esas instituciones, que, si bien están hoy cuestionadas, son el único camino para encontrar la luz al final del túnel.
Se trata entonces, de que la gente vuelve a confiar, de que aquellos que hoy tienen miedo de denunciar, también puedan confiar, porque si esas ilusiones vuelvan a quedar engavetadas en los armarios de la impunidad, ya no nos escuchará ni el Mono de la Pila.
Escrito por: REDACCIÓN ÚLTIMA HORA NOTICIAS
Tomado de: https://ultimahoraboy.com/
