Nada tiene que ver el título con el ejercicio académico, social, político y periodístico que por estos días se hace a la gestión “del cambio” -que al parecer va en retroceso- para una Colombia que venía impulsada. A algunos no les satisfacen las cifras, o las acogen y acomodan, pero la verdad sea dicha, es que vamos por el despeñadero y los setecientos treinta días que nos quedan, para que llegue un nuevo gobierno van a ser tortuosos, delirantes y con unos golpes preocupantes para todos…

Cada día, como en los almanaques por hojas, vamos a ir viendo o deshojando que pasan las horas, y se nos vuelve eternos lo segundos, porque van a ser semanas de anuncios, de peleas, de acusaciones y hasta de componendas para sostenerse y justificarse en que estaban aprendiendo a gobernar, no les habías dado tamaña responsabilidad y con esa manida excusa otros hacen de las suyas, porque aprendieron muy rápido y ahora que repiten son expertos y asesoran incautos.

Hemos pregonado la necesidad de tener veedurías fuertes, consolidadas, multidisciplinarias y participativas, pero al parecer nos aburre tener que desgastarnos (y en parte se tiene razón porque nos quedamos solos en las tareas por el bien común) y nos volvimos inmediatistas o acomodados para cuando de estar pendientes de lo que nos rodea, del entorno, se hace agotador y es ahí donde los vivos hacen de las suyas, montan sus carteles, imponen sus artistas y contratan a quien les gusta.

Las instancias de hacer controles políticos, en concejos, asambleas, cámara de presentantes y senado, al parecer no dan muchos resultados que díganos o veamos. Unas muy coloridas láminas, fotos, o programas de presentaciones (descrestadoras con los “render”) por los citados no dan respuestas o informes satisfactorios a lo que las comunidades necesitan de respuestas o saber.

Todo es una serie de justificaciones y un freno de mano para no comprometerse o señalar a los culpables, de los buenos o pésimos resultados de programas, proyectos y eventos -que se hacen con recursos públicos- y que se volvieron la manera de atornillarse a sus poderes y ganarse aplausos o indulgencias con “avemarías ajenas”; pero satisfacen a sus egos, sus jefes y hasta sus bolsillos familiares. Aquí es en todos los niveles y luego vienen las rasgaduras de vestiduras, con dolores… e incluso derrochando los superávit que salen de anteriores. Izar la bandera tricolor para desahogarnos.

Ya se agotó el libreto y podemos mirarnos en la vecina y sufrida Venezuela, en sus estados (nuestros departamentos), y que nos generará un desarraigo muy complicado, que en las generaciones marcará el derrotero de la venganza –con todas sus funestas consecuencias que vivimos desde hace 70 años- y anhelamos sea el de resurgir, trabajar y actuar con sentido de pertenencia, lo que debemos es adelantarnos por estos más de mil ciento dos municipios, con sus gentes y ambiente.

Somos una nación de instituciones fuertes y muy resilientes, por si ello sirve de insumo o ejemplo, como el medallista Ángel Gabriel Barajas Vivas -con su historia de vida y con el camino a recorrer-.

“Sufrir un poquito y esperar el resultado”, en palabras del gimnasta Barajas, es lo que los colombianos y cada uno en las regiones estamos en silencio, algo callados, otros muy dolidos, padeciendo y la verdad es que no nos merecemos dos años más de indolencia y prepotencia.

Ya el Papa Francisco hizo un muy corto pronunciamiento, y hoy le rogamos que sea el garante de continuar en una Sociedad en Democracia -y si es Informada mucho mejor- y más en la cuenta regresiva, que vivimos en Colombia, en Venezuela, y en otros rincones del mundo, y que sufrimos…

*Por: Ricardo Gabriel Cipagauta Gómez.  @ricardocipago

#Columnista7días

Tomado de https://boyaca7dias.com.co/

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *