Pensar en grande trae consigo oportunidades significativas, pero también conlleva riesgos muy importantes de considerar para saber enfrentarlos.

Al pensar en grande, las expectativas se vuelven poco realistas, lo que acarrea frustración si no se cumplen en el tiempo esperado o de la manera deseada, porque en ocasiones las quimeras y los sueños se fijan tan alto que parecen imposibles.

Las metas ambiciosas requieren recursos de toda índole, incluyendo tiempo, dinero y esfuerzo y si no se manejan adecuadamente, nos lleva a la sobrecarga y al agotamiento, porque los magnánimos proyectos implican una mayor inversión financiera, un esfuerzo mayúsculo, atención inmediata, seguimiento y de no tener una planificación adecuada, puede desenlazar caídas lesivas, de las que a veces muchos se niegan a levantarse.

Pensar en grande obliga un cambio brusco en la organización o en la vida personal y esa permuta encuentra mucha resistencia, tanto interna como externa, hecho que dificulta aún más la precipitación de tan aguerrido propósito, por cuanto más grande sea la meta, mayor es la posibilidad de fracaso y un malogro en una gran meta tiene consecuencias más graves que fallar en algunas pequeñas.

Cuando nos concentramos en fines ambiciosos existe el peligro de perder de vista los pormenores y aspectos cotidianos que son cruciales para el éxito a largo plazo, porque pensar en grande generalmente implica entrar en áreas más competitivas, lo que incrementa la presión y los desafíos.

A pesar de estas inseguridades, muchas personas y organizaciones encuentran que los beneficios de pensar en grande superan los posibles inconvenientes, especialmente cuando se combina con una programación estratégica cuidadosa y una gestión efectiva, tanto de los recursos, como de las tareas que se deben hacer de manera hilada, coherente, constante y siempre asociada al fin que perseguimos.

A cuantas personas escuchamos decir, “Yo ya lo había dicho”, “eso yo ya lo había pensado”, “esa idea era mía” “me robaron la idea” y otra clase más de aserciones que revelan las frustraciones de aquellos que supuestamente se habían propuesto algo y nunca se atrevieron a hacerlo, porque resulta más fácil quedarse en la esquina del confort como espectador crítico, que pasar al centro de la arena a ejecutar la faena; sin embargo, aquellos personajes por lo general resultan siendo los primeros en la fila para reclamar por los beneficios del logro ajeno. 

Las personas que piensan en grande suelen compartir ciertas características y rasgos de personalidad que les permiten visualizar y perseguir fines ambiciosos, porque ellas tienen la capacidad de ver más allá de lo mediático, pueden visualizar un futuro ideal y trabajar hacia él, imaginando posibilidades que otros quizás no miran, aún estando frente a sus ojos.

El que piensa en grande cavila fuera de lo convencional, su creatividad le consiente encontrar soluciones innovadoras y diferentes enfoques para alcanzar sus objetivos, no teme salir de la zona de comodidad y está siempre dispuesto a tomar riesgos calculados, si cree que eso le llevará más cerca de sus grandes metas.

Ellos, los “románticos”, tienen un fuerte deseo de alcanzar más y de superarse a sí mismas, su sana ambición los impulsa a seguir avanzando, buscando constantemente nuevas oportunidades y retos y cuando enfrentan fracasos o contratiempos, tienen la capacidad de recuperarse y seguir adelante, porque ven los malogros como lecciones y no como impedimentos insuperables.

El que piensa en magno es un líder natural, capaz de inspirar y guiar a otros hacia una visión compartida y su confianza y claridad hacen que terceros confíen en su dirección, porque ellos, los que tienen grandes fantasías, también entienden la importancia de la disciplina diaria y de mantenerse enfocados en lo que es esencial para colonizar sus ideales.

Finalmente, quiero dejar anotadas en esta reflexión, una serie de inconvenientes adicionales que se presentan debido a la magnitud de las aspiraciones que significa pensar en grande, como la incertidumbre y ambigüedad, porque el apuntar a fines enormes y novedosos significa adentrarse en territorios desconocidos y eso genera una alta dosis de incertidumbre que a la postre hace difícil prever todas las novedades e imprevistos que pueden surgir.

Al pensar en grande, es muy común que otros no comprendan o compartan su visión, lo que ocasiona una falta de apoyo, ya sea emocional, financiero o logístico y convencer a otros de que la meta es alcanzable, es realmente uno de los más desgastantes duelos, porque las ideas ambiciosas casi siempre son recibidas con escepticismo, críticas y superar las opiniones negativas para mantener la confianza en la propia visión, es otra de las obligadas bravatas a las que se enfrenta el visionario.

Y cuando todo se ha logrado y los sueños resplandecen gracias al tesonero esfuerzo, llega una frase salida de algunos “aguafiestas” a quienes «se les revienta la úlcera» con los logros foráneos y que camuflada en el falso elogio, aparece como afirmación dañina que manda al traste todo lo que se ha sufrido tras bambalinas: “A usted siempre le sale todo bien”, tremenda afirmación pronunciada desde la comodidad de la expresión para minimizar el trabajo que ha costado llegar a la cima de los sueños.

Lo triste del asunto es que en ocasiones quienes más se oponen a la ejecución de los grandes anhelos, son los de la misma estirpe y esos “enemigos cercanos” que están rondando el espectro del visionario, vigilando agazapados sus movimientos y atentos a mandar el zarpazo cuando el sibilino, por aquello de hacer cosas grandes, enfrenta dificultades.

No obstante, y pese a los escépticos, las envidias, los ataques, los negativos, las falsas adulaciones, la cizaña, los oportunistas y otra serie más de negros nubarrones, en un mundo que cambia y evoluciona de manera acelerada, se requiere pensar en grande para estar en sintonía con el desarrollo vertiginoso y no quedarnos rezagados del tren que avanza cada segundo a velocidades asombrosas.

Pensar y hacer cosas grandes, no hay de otra.

Por: José Ricardo Bautista Pamplona

Tomado de https://www.lapalestra.com.co/

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