El desafuero de la lengua y del lenguaje no tiene límites y así “como digo una cosa digo otra…” pareciera ser la consigna de los últimos días y meses en eventos, reuniones, juntas y hasta en las ponderadas redes sociales y llegando incluso a traslucir en los medios de comunicación tradicionales y hasta en los anti hegemónicos… porque no hay límites y mucho menos en personajes, cual arpías.

Y es que en los muy valiosos aportes y comentarios a estos Pregones (que se agradecen), solicitan, insisten y reclaman que le ponga nombres y apellidos a los aludidos en cada una de las líneas y la verdad es que para “a buen entendedor, pocas (sobran) palabras” y así nos sucede en lo departamental, nacional y mundo; porque ya se volvió recurrente un coro que sale del corazón y porque tenemos que llegar a esto, pero se lo buscaron y hasta se lo disfrutan y habilidosos utilizan para defenderse atacando a la sociedad, que juraron respetar, defender y acompañar…

En estas fuertes democracias representativas, aunque enclenques en sus cumplimientos de regulaciones o reglamentaciones, no se compadece que su máxima autoridad desperdigue rabias, temores, odios y hasta rencores para utilizar a sus odiados micrófonos o redes para dejar constancia de ello. ¿Para dónde apuntan tantos perdigones salidos de los malestares diarios de no gobernar?

Para quienes practicamos, defendemos y enarbolamos la institucionalidad no sorprende voces disonantes o sueltas, como unas ruedas de carruajes que no tienen riendas, control o rumbo. Lo que no se puede justificar es que todo lo que no son capaces de manejar, direccionar o hacer sea manipulado con elocuencias baratas, bajas y rastreras para arremeter contra quienes no son adeptos, militantes o ya decepcionados y silenciosos activistas de una causa que no cuajó.

Generar una absurda guerra de clases, estratos o niveles (ricos) es ya una forma arcaica y retrograda que como dicen los de ahora “nos resbala” pero lo que no puede es estigmatizar como “asesinos” a esos mismos que unen sus voces en coros afinados y que al unísono saben interpretar lo que se siente en cada centímetro de los territorios y por estas épocas de festejos y las fiestas, qué mejor que poder desahogarse pero no con robos de armas, ataques inmisericordes o secuestros de policías y militares, ni civiles, y mucho menos sangre, con despiadados índices de seguridad cada hora.

Déficit de gas, aterrorizados por anuncios forzosos, pendientes de cumplirle a la DIAN, controles políticos en concejos y asambleas y pensando ya en fiestas de fin de año no pueden empañarse o verse reforzadas por los ataques y calificativos, por ejemplo, contra la directora de la revista –en papel y digital- de mayor incidencia nacional, por el simple y muy meritorio hecho de decir las cosas por su nombre, doliendo a unos y señalando de frente a los que corresponde, y todo porque ya la ponen a sonar en encuestas, en redes y otras esferas como potencial candidata a pesar de su insistencia que sigue ejerciendo su periodismo y que viene gira para en foros conectando ciudadanía. Cuando se definan los candidatos esperamos ver el empoderamiento femenino y ¡YA!

Pero volviendo al carril del centro tampoco llegamos a los extremos de desconocer y reconocer que estamos padeciendo cada día, y en cada gobierno de turno, más pobreza, en todo, pero eso tampoco nos lleva a seguir siendo los ingenuos del paseo y seguir con los ojos tapados, para seguir recibiendo insultos gratuitos o pagos, porque los derechos ancestrales de expresarse, con respeto, con música, con alegría y hasta con doble sentido no se pueden ajusticiar desde un feo y muy frío palacio.

Ojalá que la reunión de hace unas horas de nuevos frutos y la relación con medios sea respetuosa y cambie, y que entre ciudadanos de bien no pasemos de pobres a ricos, conn dolores y sacrificados.

Por: Ricardo Gabriel Cipagauta Gómez #Columnista7días

Tomado de https://boyaca7dias.com.co/

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