Escrito por: Julio César Corredor
“Se le dijo, se le advirtió”
Lo sucedido el lunes 13 de enero con la administración del alcalde de Tunja, Mikhail Krasnov, me hizo recordar al humorista uruguayo, Hebert Castro, muy popular en Suramérica en los años 70 y 80; al menos es lo que mi memoria me dice.
Castro, conocido como “el coloso del humor” o el “hombre de las mil voces”, tenía un programa en la emisora Nuevo Mundo de Caracol, en el que interpretaba un sin número de personajes, los cuales, gracias a la magia de la radio, tomaban vida.
Uno de ellos era el “Pobre Peraloca”, al que, constantemente le daban consejos, pero no los atendía.
“Se le dijo, se le advirtió, se le recomendó, pero no quiso hacer caso y se pasó la advertencia por la faja”.
Pues bien, al observar el caos y el sainete que se le armó a Krasnov con el ya famoso Decreto 0475 de 2024, que restringe el paso de vehículos particulares por las carreras 11 y 12 del centro de Tunja, evocamos al referido personaje, a través de la figura del primer mandatario de la ciudad.
Y es que a nuestro «pobre Peraloca” se le ha dicho, se le ha advertido, se le ha recomendado, que la falta de planeación, de dialogo con la comunidad, la improvisación, el despotismo, entre otros vicios, que ha evidenciado su actuar en el tiempo que lleva como alcalde, no son el camino para orientar una ciudad.
No en vano, se la ha pasado entre los escándalos y las mini protestas que constantemente le generan pequeños colectivos ciudadanos, afectados, bien por las decisiones inconsultas o bien por la falta de respuestas y acciones serias ante las necesidades que los aquejan.
Ya lo hicieron los comunales, los taxistas, los tenderos, los vendedores informales, los artistas, los campesinos, y ahora los comerciantes del corazón de Tunja. Como lo dije, mini protestas, en la mayoría de los casos resueltas a medias, por lo que el descontento crece y como una olla a presión, a fuego lento, en el momento menos pensado puede explotar.
Lo que se observó en el auditorio Crem del edificio municipal, en medio de la discusión del Decreto 0475 es muestra clara de la situación; un alcalde que dejó ver su desconocimiento de lo que firmó, confundido, sometido, sin argumentos claros y con unos escuderos bisoños, que parecieran tenerle miedo para advertirle de sus errores, o peor aún, que lo hacen caer en tamaños desaciertos.
Por eso tuvo que recular, suspender la decisión y aceptar que fue inconsulta y por demás arbitraria.
¿Lección aprendida? Difícil saberlo porque hasta ahora, como el “pobre Peraloca”, entre más se le advierte, más terco se pone y más camina hacia el abismo, llevándose consigo a nuestra desengañada ciudad.
Tomado de: https://ultimahoraboy.com/

Asking qquestions are iin faft fastidious thingg iif yyou are not
understanding solmething totally, however thiis post gives good understandig even.