Escrito por: Julio César Corredor
En Boyacá, es muy común el termino “chino chico”, para referirse al niño o al adolescente; como también lo es la palabra “jayanazo”, para hablar de alguien corpulento. Son expresiones populares muy arraigadas entre nuestros campesinos que todos los días le ponen la cara al sol, ilusionados con un futuro más próspero para que sus “chinos chicos” tengan más oportunidades cuando sean “jayanazos”.
Por eso, la mayoría de ellos depositaron su confianza en un “dotor”, que además de trajearse con la prenda, símbolo ancestral de su terruño, les ha prometido, del verbo prometer, que va a hacer de Boyacá, un departamento “grande” o como el propio “dotor” dice, un Departamento “ejemplo nacional de desarrollo y progreso”.
“Ayy de por Dios Santísimo, por vida suyita” cúmplalo, pues estas praderas que sumercé y su colectividad han “administrado” por cerca de 17 años, no resisten más promesas espurias, y por ahora, transcurrido un año del actual periodo, está camino a repetir lo de su primer gobierno en el que dijo: “en nombre de Dios, retomaremos las banderas de la esperanza y del honor y Boyacá gritará nuevamente ¡Libertad!”.
Y siii, los boyacenses gritamos, pero de angustia y preocupación, al ver la triste realidad, ya que todo se fue en promesas, palmaditas en la espalda y shows mediáticos muy hábilmente presentados en redes sociales.
Temas como el famoso Plan Bicentenario, en el que se hablaba de más de 320 mil millones para obras, el Parque Agroalimentario, la PTAR y pozo profundo en Chiquinquirá, la clínica Materno Infantil, María Josefa Canelones, e incluso el malogrado proyecto de Vivienda San Jerónimo en Tunja, hacen parte de la larga lista de incumplimientos.
Pese a todo, lo que sí hay que reconocer es que el “parcero”, aquel que se tomaba fotos frente al icónico mural del Che Guevara en la Uptc, para mostrarse como el insurrecto adalid de los desamparados, aprovechó con creces la mano que en su momento le extendió Londoño y hoy somete a quien se le ponga al frente en la telaraña del politiqueo.
Eso le permitió volver al Palacio de la Torre, como se le decía a la sede de la gobernación en tiempos de Perico. “Sumercesito lindo”, oportunidad irrepetible para que ahora sí se gane una estatua en el parque principal de Socha, su tierra natal.
Es el momento, ya es un “jayanazo” en estas lides, así que no lo deje escapar simplemente porque todos los que le rodean solo piensan en ellos mismos y le rinden endiosada pleitesía para que les dé permiso de oler algo del poder.
Por ahora, va un año en el que a cada municipio que visitó le prometió obras y significativas inversiones, que en este momento tienen ilusionados a sus habitantes: puentes, mejoramiento de vías secundarias, terciarias y urbanas, anillos viales, conectividad férrea con el centro del país, hospitales, electrificación y gasificación rural, centros de salud, plazas de mercado, parques temáticos, sedes de colegios, vehículos de transporte asistencial y hasta más tractores.
Mejor dicho, “el sin tantica” habla de 9,7 billones de pesos y todos felices, sin saber de dónde y cómo se van a completar, más allá de lo que se recoge con el precario presupuesto departamental. Pero, promesa es promesa, y por ahora hay que hacerle fiesta. Ojalá que cuando venga el desenguayabe, haya al menos para calmar la resaca.
Esperemos que regrese de sus vacaciones, que merecidas o no, se dio a tan solo un año de haber retomado, en cuerpo propio, la administración departamental y que en este 2025 se perfile en la realidad y no en redes, ese ”Boyacá Grande” del que tanto habla, para que al término de su segundo periodo como gobernador, a nivel nacional no nos sigan viendo como unos “chinos chicos” sin importancia.
Tomado de: https://ultimahoraboy.com/
