Esta es una de las frases más peligrosas que podemos decirnos, porque no solo refleja una actitud de evasión, sino que también es la antesala al fracaso y la ignorancia.

Decir que no se tiene tiempo es, en muchos casos, una excusa para no asumir responsabilidades y, peor aún, una barrera que impide aprovechar las proporciones de crecimiento personal e intelectual porque es sin duda, una forma de huir de la oportunidad de adquirir conocimientos valiosos y de evitar el ejercicio de la reflexión crítica.

El tiempo, ese recurso tan preciado y limitado, es el único bien que no podemos recuperar una vez que ha pasado, por eso, utilizarlo de manera efectiva es esencial porque la administración del tiempo no solo es una cuestión de organización, sino de tomar decisiones conscientes que nos posibiliten tener una vida equilibrada y satisfactoria. Cuando no somos capaces de esgrimir adecuadamente nuestros periodos, nos encontramos atrapados en un ciclo de procrastinación, distracciones y arrepentimientos.

Planificar nuestras actividades diarias es una práctica que no solo nos alecciona, sino que nos admite priorizar lo que realmente tiene valor y más en un mundo desenfrenado, donde se le dedica tiempo a lo urgente y se deja de lado lo importante.

Hoy en día, muchas personas sacan tiempo para despilfarrarlo en las redes sociales, consumiendo contenido superficial, insignificante y tóxico. La paradoja es que, mientras la tecnología ofrece enormes recursos para aprender, crecer y fortalecer nuestras capacidades eruditas y anímicas, la mayoría caemos en la trampa mortal de destinar tiempo a consumir solo lo que es “popular” sin cuestionarlo y nos dejamos llevar por la inercia de lo que está de moda, sin preguntarnos si realmente nos aporta algo significativo, porque hoy día lo “viral”, es lo más relevante.

¿Cuántos nuevos “millonarios” se han hecho a punta de seguidores que dedican la mayor parte de su tiempo a difundir contenidos realmente perjudiciales? Es alarmante ver cómo personas que tienen un gran imperio en las redes sociales crean y comparten material que no solo es inútil, sino que promueve los antivalores y la desintegración social.

Estos personajes se presentan en transmisiones en vivo llenas de trivialidades, chismes, ataques personales, timos pornográficos y una constante falta de respeto hacia los demás, porque la búsqueda de la atención a través de la polémica se ha convertido en el modelo de éxito para muchos, pero lo que realmente se consigue es una casta cada día más polarizada, manoseada, utilizada y desconectada de lo que realmente importa.

¿Para eso sí tenemos tiempo? Nos sumergimos en las redes sociales, donde las críticas demoledoras, los memes irrelevantes y los ataques son la norma, y dedicamos horas para atrofiar la mente con negatividad, mientras nos olvidamos de lo básico como fortalecer nuestros sentidos, recapacitar sobre lo que consumimos y discernir entre lo que realmente merece nuestra atención o contribuye al intelecto. 

¿Y ese quién es? Preguntan los nuevos “sabios” cuando les preguntamos por Gabriel García Márquez, Marcos Aurelio, Marie Curie, Miguel de Cervantes Saavedra, Leonardo da Vinci, Facundo Cabral, Les Luthiers, Albert Einstein, Aristóteles, Beethoven, o por cualquier otro destacado personaje de nuestra historia, porque ellos solo saben de “Epa Colombia”, de las fotografías sacadas por las adolescentes en ropa interior frente al espejo, de esa chicuelas que tuercen la boca en las selfis como si tuvieran parálisis facial o de los dañinos influencers que tienen secuestrado el tiempo, la atención y el entendimiento.

En lugar de perder el tiempo devorando este tipo de contenido emponzoñado, ¿por qué no aprovechamos esos períodos para nutrir nuestra mente y cuerpo de manera saludable? Escuchar un buen pódcast o una buena estación radial, puede ser una agradecida opción, ya que no solo nos proporciona información valiosa, sino que también nos inspira y nos motiva a emprender proyectos para crecer y avanzar de manera positiva. 

Sacar tiempo para leer libros y artículos de calidad es otra forma de mantener nuestro cerebro activo y en constante evolución, por cuanto la lectura de materiales que nos desafían intelectualmente, nos obliga a cuestionar nuestras creencias, y promueven el desarrollo de un pensamiento profundo y analítico. No olvidemos que los escritos abren puertas a mundos nuevos, a vistas desconocidas y a la comprensión más recóndita de la realidad.

Por otro lado, sacar tiempo para hacer ejercicio no solo tiene un impacto positivo en la salud física, sino que también es fundamental para el bienestar cerebral. Es cierto que muchas personas se enfocan en el ejercicio solo como una forma de mejorar su apariencia para venderse en redes sociales, pero el verdadero beneficio del entrenamiento radica en cómo mejora nuestra salud mental, aumenta nuestra energía y nos ayuda a mantenernos enfocados en nuestros propósitos de vida.

El tiempo es, entonces, un recurso que debe ser valorado y utilizado con razón porque si bien la tecnología y las redes sociales tienen, tanto riesgos como beneficios, debemos ser conscientes de cómo y cuándo las utilizamos, de tal forma que resulte benéfico para nuestras rutinas y la de nuestro núcleo.

Tiempo para la familia, para atender los desafíos del hogar, para consentir el entorno en que vivimos, para dialogar con aquellos adolescentes agobiados por los bríos y la rebeldía. Tiempo para cultivar el amor en medio del hostigamiento, para compartir con los verdaderos amigos, para priorizar las tareas que nos proyectan a grandes escenarios. Tiempo para no aplazar más los sueños. Tiempo para una pausa en la extremada carrera de la existencia, y tiempo para clasificar los adjuntos y valorar con nuestra atención aquellos comprendidos que, sin darnos cuenta, nos cambian la vida y nos sacan de ese hueco sucio donde pulula el atropello, la ignorancia, lo banal, la manipulación y el odio.  

¡Gracias por dedicarle tiempo a la lectura y análisis de esta columna!

Por: José Ricardo Bautista Pamplona 

Tomado de https://www.lapalestra.com.co/

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