Escrito por: Julio César Corredor

¿Cuánto quiere perder? “le apuesto lo que quiera” “Va pa’ esa”… son frases que alguna vez le han planteado o usted mismo ha expresado; estoy absolutamente seguro de eso: retar o ser retado a una apuesta para dirimir una controversia sobre un hecho cualquiera, es algo que, sin duda, ha experimentado. Le apuesto a que sí.

Y es que el hecho de apostar, según muchos estudios, está intensamente arraigado en la psicología humana, porque “nos gusta sentir la enorme emoción que acompaña la incertidumbre”.

Sin embargo, cuando pasa del sencillo reto que se toma como pasatiempo, por un tinto o una empanada, a convertirse en todo un engranaje que amaña y manipula a su antojo, se abre la puerta delictiva de la corrupción y el crimen organizado.

Infortunadamente, en la actualidad, esta problemática ha impregnado casi todas las esferas de la cotidianidad; y el deporte, por ser esencia misma de competición, contrapunteo y reto, es uno de los más afectados. No en vano, las noticias reportan, con más frecuencia de lo esperado, escándalos de corrupción relacionados con las apuestas.

Mas infortunado aún, es que Colombia no escapa a esta situación, incluso, con acontecimientos nefastos, ya escritos en las páginas de nuestra agitada historia; pero que como es costumbre, olvidamos en medio de la indiferencia.

Esas páginas nos llevan a los años 80 cuando se nos volvieron paisaje las continuas denuncias por soborno de jugadores: compra, amenazas y hasta secuestro de árbitros, sin que ninguna autoridad pusiera el interés adecuado. Hubo que esperar a que el 15 de noviembre de 1989, asesinaran al árbitro Álvaro Ortega: millonarias apuestas entre los carteles de la época, determinaron la suerte del juez cartagenero.

Golpes de pecho, mea culpas y hasta la suspensión del campeonato, fueron las reacciones, tardías, de gobierno y dirigentes, ante un hecho que se veía venir.

35 años después, estamos caminando los mismos pasos. Nuevamente se oyen voces, cada vez más fuertes, de sobornos al interior de nuestro balompié profesional, que brotan desde el seno de las apuestas y hasta ahora, muy pocos lo advierten, uno de ellos, Eduardo Pimentel Murcia, propietario del Boyacá Chicó, quien en marzo del 2020 posteó: “hoy los resultados en el fútbol los mandan y los deciden las apuestas, no los equipos”.

Nadie dijo nada frente a tal afirmación, hasta que, en 2024, otra publicación por redes, esta vez de un exárbitro, mencionó que 15 colegiados habían sido retirados, frente a una presunta vinculación por arreglo de partidos, relacionado con las apuestas.

Meses más tarde, vinieron las denuncias de los directivos de Envigado, Jaguares, Deportivo Cali, Fortaleza y Unión Magdalena, por soborno al interior de sus equipos, para arreglar resultados.   

Esta sombra no ha sido esquiva a los equipos de nuestro Departamento; también en 2024, César Guzmán, presidente de Patriotas Boyacá, denunció la problemática al interior de su equipo.

Pero, como solo se dice y poco se hace, el espinoso tema sigue creciendo y al igual que en los años 80, ya comenzó a hablarse de amenazas. ¿Adivinen quien lo hizo? Efectivamente, Eduardo Pimentel, el mismo del posteo 2020.  

Inicialmente, el directivo manifestó que tres jugadores de su equipo habían sido apartados del plantel profesional, por las dudas que le dejaban algunos “errores” cometidos durante los partidos: “sé cuándo hay un error personal de un jugador y sé cuándo no hay un error y algo que me deja la duda”.

Pero más allá de ello, la preocupación surge porque Pimentel confirmó a los medios, que, a raíz de esta situación, llamaron a un jugador para amenazarlo por, supuestamente, haber dado los nombres de los tres jugadores.

En su denuncia pública, Eduardo Pimentel señala como responsable a una red internacional, con injerencia en Colombia. Dice tener pruebas e incluso el número celular desde el que se generaron las amenazas; pero, al igual que en los 80, las autoridades no intervienen, por lo que se vio obligado a hacer pública la denuncia, en espera de que la Dimayor y la Fiscalía, tomen cartas en el asunto. Por ahora, todo hace pensar que lo único que prima son los intereses económicos de unos y otros, y como en el pasado, tendremos que esperar al asesinato de un jugador o de otro árbitro, para salir a rasgarnos las vestiduras y tomar medidas inocuas, propias de un sistema cómplice y corrupto.

Tomado de: https://ultimahoraboy.com/

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