Finalmente, el secretario de Interior y Seguridad Territorial de Tunja, David Suárez Acevedo, se pronunció públicamente. Pero no fue para responder con transparencia a los cuestionamientos que le hemos planteado desde este medio de comunicación y desde la ciudadanía; no, su pronunciamiento surgió exclusivamente para refutar un artículo publicado hace ocho días en el que se develó, sin adornos, su actuar mediocre y su pobre desempeño como funcionario público.

Suárez Acevedo pretende hacer ver que mi columna es producto de rencor, odio o resentimiento hacia su persona, simplemente por no haberme concedido una entrevista. Esa explicación no solo es simplista, sino cómoda: refleja la incapacidad de un funcionario que teme dar la cara ante los medios. La realidad es mucho más sencilla: no me concedió la entrevista porque no tenía idea de lo que se le preguntaba. Su respuesta inicial, evidenció sorpresa y desconocimiento del decreto, luego vino acompañada de la promesa hueca de discutirlo al día siguiente “para estudiarlo bien”. En otras palabras, ni siquiera sabía que el decreto existía, y ahora quiere venir a justificar su ignorancia con un reproche a la labor periodística, hecho desde un falso pedestal de superioridad moral y sobre el absoluto desconocimiento que tiene de este oficio.

Que un servidor público sea selectivo con los medios de comunicación habla muy mal de su visión democrática. Suárez Acevedo prefiere hablar únicamente con medios que actúan como propagandistas, esos mismos cuyos directores hoy son contratistas de la Alcaldía, aplaudiendo cada acto del gobierno sin cuestionamiento alguno. Eso no es periodismo; es propaganda sumisa. Mi labor, en cambio, es distinta: informar con rigor, sin rendirme ante la comodidad de un funcionario acomplejado que confunde el buen periodismo con la obediencia o con comodísimas charlas entre compadres.

Si este fuera un asunto de rencor personal, como él pretende hacer ver, ya habría publicado un libro entero de opiniones sobre secretarios y concejales que no gustan dar la cara, porque son innumerables las ocasiones en que funcionarios y servidores han negado entrevistas sobre asuntos de interés público.

La verdad es que Suárez Acevedo ha mentido descaradamente al decir que respondió a los requerimientos de las comunidades del barrio Libertador. El problema que mencioné en mi columna sigue estancado en la inspección de policía desde mayo, sin atención ni respuesta a quienes sufren por el ruido y la inseguridad. Él alega que todo es parte del debido proceso, y que yo soy un irrespetuoso y desconocedor del mismo, aunque no menciona nada del boicoteó de su jefe hacia los procesos que cursan en su contra, hacia lo cual Suárez Acevedo no hace la más mínima reflexión sobre el respeto al debido proceso. Vaya doble moral…

No es solo este medio el que ha sido ignorado y satanizado por este funcionario que solo da la cara a sus copartidarios. Otros periodistas también han recibido un trato similar(https://www.facebook.com/share/v/1BF4Tir44p/), lo que evidencia un patrón de censura promovido no solo por Suárez Acevedo, sino por buena parte del gobierno de Mikhaíl Krasnov. Recordemos la reciente audiencia en la que Luz Mila Acevedo intentó impedir la presencia de los medios, o aquella acción de tutela contra este servidor y contra Caracol Radio por una publicación que a ella no le gustó, tutela que no prosperó y que terminó siendo archivada como otro de tantos burdos intentos de censura de la clase política hacia la prensa independiente; o aquel señalamiento estigmatizante del Alcalde del “periodismo de perseguidera”. Todo ello evidencia la intolerancia del gobierno hacia la libertad de prensa. ¿Qué dicen asociaciones y agremiaciones periodísticas del departamento? Nada. Nada porque sus dueños o son parte de la administración, o prefieren guardar silencio, no sea y vayan a dañar la pauta que cobran ,por partida doble, a final de año.

Cabe señalar, sin embargo, que a pesar de las diferencias ideológicas y de enfoque, quien hoy redacta esta columna ha logrado obtener respuestas claras y oportunas de funcionarios como Juan Carlos Leguizamón, Ahiliz Rojas Rincón, Nataly Callejas, Juan Carlos Pérez Mesa, Daniel Moreno, e incluso algunos han llegado a solicitar mi ayuda para divulgar asuntos de interés público, lo cual he hecho con total disposición. Ese es el verdadero periodismo: establecer un puente entre la administración y la ciudadanía, más allá de simpatías políticas o de vanidades personales.

El secretario Suárez Acevedo alardea de haber atendido a comunidades en Santa Inés, El Consuelo y San Ignacio, pero olvida mencionar que en El Consuelo no pudo enfrentar la grave inseguridad generada por un individuo que actúa ejerciendo justicia por mano propia, ¿Acaso eso es proteger a la ciudadanía? La respuesta evidente es que no. Y, por supuesto, es imposible contrastar información con este funcionario, porque evita entrevistas y ruedas de prensa como si fueran un mal trago, porque es que ni en las de la Policía se le puede encontrar.

Alardea de haber escuchado a las comunidades de Santa Inés y el Libertador, pero lo cierto es que en el caso del primer barrio no hizo más que hablar con el presidente de la junta de acción comunal para disque solucionar un problema con una habitante de calle, que simplemente trasladó su lugar de pernoctación unos cuantos metros, ahora dentro del barrio. Es la prueba tangible de su ineptitud: traslada problemas de un lugar a otro sin ofrecer soluciones reales y plausibles, se reúne solo con presidentes de juntas de acción comunal y decide arbitrariamente, sin involucrar a las comunidades afectadas. Eso es mediocridad en su forma más pura. Claro que en este aspecto es mejor no hacerle reclamo alguno, porque seguramente considera que la solución es perseguir a esa persona.

Lo que realmente parece dolerle a Suárez Acevedo es que yo sí asisto a los eventos que los medios de sus afectos ni siquiera cubren. Viene a reclamarme a mí por cómo hago periodismo, mientras que esos mismos medios, que incluso trabajan para su propia Alcaldía, ni siquiera se dignan a informar sobre lo que sucede en los eventos que son de interés de la ciudadanía y de especial interés de divulgación para la administración que integra. Esa es la evidencia más clara de su incomodidad: no soporta un periodismo independiente que cumple su labor mientras otros se limitan a hacer eco de la propaganda oficial.

Vale también señalar que Suárez Acevedo selecciona cuidadosamente qué contar y qué omitir. Por ejemplo, omite mencionar que en una ocasión increpó a un concejal por haber debatido públicamente sobre el cuestionable reacomodo de su pareja en un alto cargo del Colegio de Boyacá. Esa situación, que él preferiría mantener en silencio, demuestra nuevamente su obsesión por controlar la narrativa y por castigar a quienes cuestionan sus decisiones. Y aunque este servidor no había querido profundizar en ello, ya que estamos exponiendo la realidad de su gestión, conviene aclararlo: este tipo de actitudes refleja el carácter autoritario y personalista de quien pretende disfrazar de administración pública lo que en realidad es defensa de intereses particulares.

Suárez Acevedo intenta desviar la atención señalando mi imprecisión con lo de su vínculo familiar con la Directora de Contratación, pero valga decir que en esa columna esa fue la única imprecisión. Todo lo demás no lo pudo desmentir, porque no tiene cómo. Todo lo demás de mi columna es verificable y cierto. Su gestión es mediocre, su competencia limitada y su disposición para enfrentar problemas, prácticamente nula.

Este funcionario no solo discrimina a los medios, sino también a la ciudadanía. Si alguien no comparte su afinidad política o lo incomoda, no merece respuestas, es decir, él solo gobierna para los 27 mil que votaron por Krasnov, los ciudadanos restantes no son dignos de su atención. Esa no es democracia, es autoritarismo disfrazado de administración pública. Suárez Acevedo se cree dueño de lo imparcial y equilibrado, pero solo lo es para quienes repiten sus consignas.

Peor aún es su incapacidad para reconocer la labor periodística que, a diferencia de sus medios de propaganda, intenta cubrir tanto lo bueno como lo malo de la ciudad. Cuando narro lo malo, soy criminalizado; cuando otros medios prepagados cubren lo que a él le interesa, todo es felicitación. Su sesgo es evidente y sus dobleces son notorios. No importa si esos medios publican desinformaciones como que “según un estudio Tunja es el tercer destino más idóneo para emprender”, o que “existe una persecución de la Procuraduría hacia Mikhail Krasnov”, o peor aún, guardan silencio sepulcral frente a situaciones de total interés para la ciudad como las audiencias que tuvo el Alcalde durante esta semana. Si los medios no dicen esto, entonces no son imparciales, veraces y objetivos según este funcionario.

Por último, Acevedo debería recordar que su supuesta preocupación por las comunidades se desmorona frente a hechos concretos: problemas de seguridad que persisten, solicitudes que se rebotan entre secretarías y la falta de disposición para rendir cuentas. Su respuesta enardecida ante la crítica demuestra que quien actúa bajo el resentimiento es él, y su carácter es de pequeño dictador.

En suma, esta columna no nace de rencores ni de enemistades personales; nace de la necesidad de evidenciar la mediocridad, la incompetencia y la censura de un funcionario que se cree intocable. David Suárez Acevedo debería recordar que su función no es proteger su ego ni seleccionar qué medios o ciudadanos merecen atención: su función es servir a Tunja, y hasta hoy, ha fallado estrepitosamente.

𝑷𝒐𝒓: 𝑫𝒂𝒏𝒊𝒆𝒍 𝑻𝒓𝒊𝒗𝒊𝒏̃𝒐 𝑩𝒂𝒚𝒐𝒏𝒂

Tomado de: Periódico El Tunjano 

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *