El Decreto 24/7 fue anunciado con grandilocuencia. Se nos dijo que Tunja daría el salto, que la ciudad se convertiría en un punto de dinamismo económico, en un epicentro de cultura nocturna, en un lugar vivo, activo, moderno. Pero hoy, más de un año después, lo que queda de aquella promesa es un ruido molesto que no deja dormir a muchos vecinos, unas cuantas amenazas de quienes se atreven a quejarse, y la sensación amarga de que el único negocio que de verdad prosperó fue el de las tiendas Oxxo.
Llamarlo “un fiasco” es hasta generoso. Es un fiasco en relación con lo que se prometió, con lo que se dijo que iba a ser y con lo que se proyectó. Porque no hay rastro, dato, ni resultado medible que respalde el relato oficial de éxito. Ni la Secretaría del Interior ni la de Fomento Económico han podido exhibir una sola cifra que avale el supuesto auge de la economía nocturna. Ni un solo balance. Ni un solo registro. Ni siquiera uno de sus fantasiosos boletines de prensa en los que suelen inflar resultados que maquillan la falta de gestión, nada.
Durante un reciente debate en el Concejo, el secretario del Interior y Seguridad Territorial, David Suárez Acevedo, intentó explicar las razones del decreto. Su argumento central fue la existencia, en aquel momento, de un “auge” de negocios nocturnos que supuestamente justificaba prolongar las actividades 24 horas. Pero no presentó evidencia alguna de ese auge. Cero datos. Cero estudios. Cero seguimiento. A lo sumo, una narrativa hueca repetida con la misma confianza de quien cuenta un rumor al pasar.

Lo más preocupante es que nadie sabe realmente qué pasó después. Quienes hemos intentado hacer seguimiento a los resultados del decreto hemos recibido respuestas evasivas, cuando no absurdas. Desde la Secretaría del Interior, en tiempos en que todavía no era liderada por Suárez Acevedo, se nos dice que pidamos la información a la Cámara de Comercio de Tunja. En la Cámara, a su vez, nos explican con razón que no tienen por qué hacer el seguimiento de una política pública municipal, mucho menos de un decreto que la Alcaldía adoptó de manera unilateral, sin pasar por deliberación del Concejo ni contar con un plan de evaluación. Es decir, la medida nació sin control, sin método y sin responsabilidad asignada, y no se le puede endilgar a la Cámara la responsabilidad de hacerle seguimiento sin siquiera habérselo encargado.
El resultado es grotesco: en Tunja no se sabe cuántos establecimientos de actividad nocturna existen. No se sabe cuántos había en 2024 cuando se expidió el decreto. No se sabe cuánto recauda el municipio por concepto de industria y comercio derivado de actividades nocturnas. Ni siquiera se sabe cuántos empleos se han generado producto de la medida. Peor aún, ni el propio gobierno municipal puede decir cuántos Oxxo operan en la ciudad, porque ni eso saben. Algunos vecinos hablan de 13, otros de 16, pero oficialmente… nada. El silencio administrativo más transparente que se ha podido ver.
Lo que sí es de pleno conocimiento por los tunjanos es el interés que motivó esta medida. El Decreto 24/7 sirvió esencialmente para abrirle la puerta grande a la expansión de Oxxo en Tunja. No hay otra lectura posible. Ningún dinamismo cultural, ningún auge turístico, ninguna bonanza económica que pueda atribuirse a la “Tunja que nunca duerme”. Lo que sí hay son más tiendas de una multinacional mexicana (FEMSA) que hoy gana terreno, mientras los tunjanos ceden calidad de vida, descanso y convivencia. Como quien dice, estamos en la Tunja que conecta con las necesidades de las multinacionales, pero no de los tunjanos.
La narrativa del desarrollo económico nocturno se derrumba cuando uno mira el panorama. No hay recorrido turístico nocturno alguno, no hay programación cultural sostenida, no hay ofertas que diversifiquen la vida nocturna más allá del expendio de licor. Las “Noches de los Museos”, esas mismas de siempre, repetitivas y previsibles, son lo más parecido a un evento nocturno institucional, y promueven la dinamización de la economía nocturna apenas un par de jornadas al año.
De lo que sí hay evidencia, y abundante, es de la incomodidad de los ciudadanos. En diversos sectores, los vecinos denuncian problemáticas de ruido, riñas, y consumo de licor y alucinógenos a cualquier hora. Algunos, incluso, relatan amenazas directas, por parte de propietarios o administradores de establecimientos de ocio nocturno, al atreverse a requerir a las autoridades para hacer frente a la problemática del ruido. A falta de autoridad efectiva, muchos contemplan mudarse de sus barrios, resignados a que la Tunja 24/7 que “promovía la economía” acabó promoviendo el desvelo, el miedo y la falta de garantías para quienes han habitado toda su vida el territorio.
Que quede bien claro: la idea de un decreto 24 horas no es, en sí misma, mala. Podría ser hasta inspiradora si estuviera acompañada de planeación, de seguimiento y de intervenciones culturales que dieran sentido a la medida. En otras ciudades del mundo, los modelos de “ciudad 24 horas” funcionan porque la noche no es solo sinónimo de consumo de alcohol. Es arte, gastronomía, seguridad, movilidad, cultura, creatividad. Pero en Tunja el decreto se entendió como una simple extensión del horario comercial. Un permiso, no una política pública, que tendría que haber venido acompañada de transporte público, seguridad y patrullajes, y otro tipo de servicios y acompañamientos a la medida que nunca se detiene.
Ya está visto, este decreto ha sido concebido desde la improvisación, implementado sin diagnóstico, y mantenido sin evaluación, de modo que solo podía desembocar en el vacío. No hubo análisis del mercado, ni proyecciones sobre impacto social o económico, ni estrategias para el control del ruido o la seguridad. Nada. Solo el prurito de decir que Tunja estaba “a la vanguardia”, aunque la vanguardia se limitara a vender cerveza a las tres de la mañana.
Hoy, más de un año después, Tunja no es más próspera, ni más cultural, ni más turística gracias al Decreto 24/7. Solo es más ruidosa, más conflictiva, y más cansada. Y sí, tal vez haya más Oxxos. Pero a cambio, menos descanso, menos convivencia y menos ciudad.
𝑷𝒐𝒓: 𝑫𝒂𝒏𝒊𝒆𝒍 𝑻𝒓𝒊𝒗𝒊𝒏̃𝒐 𝑩𝒂𝒚𝒐𝒏𝒂
Tomado de: Periódico El Tunjano
