Cuando Mikhail Krasnov llegó a la Alcaldía de Tunja, prometió un cambio radical, un giro hacia la transparencia con su famosa frase: «La plata alcanza cuando nadie se la roba». Pero la realidad que ha enfrentado la ciudad es muy diferente a esa promesa de honestidad. En lugar de eficiencia y una gestión justa, lo que hemos visto es un incremento desmedido de la burocracia, el crecimiento de una red clientelista que se alimenta de los recursos públicos y un abuso fiscal que recaerá sobre los hombros de los ciudadanos. En lugar de cambiar el rumbo de la ciudad, lo que ha hecho Krasnov es profundizar las prácticas que dijo rechazar, mientras los tunjanos siguen pagando las consecuencias.

Uno de los compromisos más claros de su campaña fue la reducción de la burocracia. En su discurso de posesión, criticó abiertamente a la administración saliente por las contrataciones en provisionalidad que le dejaban a último momento, señalándolas como una forma de clientelismo que desviaba recursos valiosos para la ciudad. Sin embargo, al asumir el cargo, Krasnov no solo ha mantenido estas prácticas, sino que las ha incorporado e incrementado. Las contrataciones en provisionalidad se han disparado en los últimos días de forma alarmante, llenando los puestos clave con personas leales a su administración, no por su capacidad, sino por su vínculo político.

Hoy en día, la burocracia en Tunja ha crecido desmesuradamente, y con ella, los gastos innecesarios. En lugar de hacer más efectiva la administración, esta se ha desbordado en un sinfín de contratos de prestación de servicios, que no tienen impacto real en los problemas de los ciudadanos. El municipio destina cerca de 10 mil millones de pesos al año en estos contratos, mientras que las necesidades más básicas de los tunjanos siguen desatendidas. Y lo peor de todo: muchos de estos contratos no tienen ninguna función real, más allá de garantizar lealtad política, o incluso acoso digital en contra de quienes resulten incómodos o inconvenientes a los intereses proselitistas de “el profe”. No hay un proyecto claro ni una visión de desarrollo que justifique semejante gasto.

Pero la burocracia no es el único monstruo que ha crecido bajo el mandato de Krasnov. En este mismo espacio se está gestando otro problema grave: el abuso fiscal. En 2025, el municipio está llevando a cabo un proceso de actualización catastral que, bajo el discurso oficial, busca hacer “más justo el cobro de impuestos”. Sin embargo, esta actualización no es más que un pretexto para incrementar los valores catastrales de las propiedades y, con ello, aumentar el cobro del impuesto predial. Un aumento que afectará de forma desmesurada a los ciudadanos, especialmente a aquellos que ya se encuentran en situaciones económicas difíciles.

El impacto de esta actualización catastral no es un asunto lejano, ya que se reflejará en el cobro de impuestos a partir de 2026. El presupuesto municipal pasará de 470 mil millones de pesos en 2025 a 534 mil millones en 2026, pero no producto de alguna gestión, sino simplemente del abuso del contribuyente. Un aumento de más 64 mil millones de pesos que no se justifica con ningún proyecto importante que beneficie a la comunidad. Este incremento se basa principalmente en lo que representará el incremento del impuesto predial, que afectará a los sectores más vulnerables de la ciudad, aquellos que no tienen la capacidad de absorber este tipo de subidas que realmente conectan con la injusticia social.

Lo más grave de todo es que, a pesar de la gran subida en los impuestos que se avecina, no hay claridad sobre cómo se va a utilizar ese dinero. El presupuesto crece, pero las grandes obras no se concretan, y la ciudad sigue sumida en problemas de infraestructura, desempleo, entre otros. ¿Cómo se puede justificar que los tunjanos tengan que pagar más impuestos si los recursos no se están utilizando para mejorar la calidad de vida? ¿Acaso la promesa de un gobierno más eficiente y justo no incluía también un uso transparente y racional de los recursos?

El aumento en la recaudación es tan solo una cara de la moneda. La otra es la falta de socialización de este proceso. Los ciudadanos no tienen ni idea de cómo se está calculando el nuevo valor de sus propiedades, ni se les ha dado ninguna oportunidad de participar en el proceso. A la mayoría de ellos se les impone este aumento fiscal sin darles ninguna explicación clara, como si sus opiniones no importaran, tal y como pasó en Pirgua en el proceso de reestratificación, lo que le representó a los habitantes de este sector pasar, mayoritariamente, del estrato 1 al 5.

El uso de los recursos tampoco se detiene en los impuestos. Mientras se recaudan más y más recursos, el Aguinaldo Boyacense, el evento cultural más importante de la ciudad, se ha convertido en un claro ejemplo de cómo se manejan los fondos de manera irresponsable. Aunque el Aguinaldo es un evento de gran valor cultural y social, lo que se ha hecho en los últimos años es desvirtuar su propósito original.

De los más de ocho mil millones de pesos destinados a la organización de este evento, solo una pequeña fracción, que ronda los mil millones, se destina a actividades representativas de la cultura local, mientras que el resto se va en grandes conciertos, que no tienen relación con la identidad de la ciudad. Estos eventos sirven para llenar los bolsillos de empresarios externos que se benefician de los recursos públicos, sin que los tunjanos vean ningún retorno real, empezando porque la misma administración ni siquiera tiene proyectado un retorno de la inversión.

Lo peor es que, en la mayoría de los casos, los resultados de estos eventos están inflados. Aunque se prometen grandes cifras de asistencia y beneficios para la ciudad, los datos reales muestran otra historia. En la temporada de fin de año de 2024, por ejemplo, según los informes de la Gobernación, el número de turistas que visitó la ciudad disminuyó en un 27% en comparación con la misma temporada pero de 2023, lo que demuestra que los conciertos y espectáculos no están cumpliendo su supuesto propósito de atraer visitantes y generar ingresos para la ciudad. En lugar de invertir en proyectos que realmente beneficien a los tunjanos, Krasnov ha optado por seguir alimentando un sistema clientelista que no deja nada a cambio.

Y mientras todo esto ocurre, la burocracia sigue creciendo, y el dinero de los impuestos sigue desapareciendo en gastos innecesarios. El presupuesto de la ciudad sigue inflándose con el paso del tiempo, pero los grandes proyectos siguen siendo una promesa vacía. El gasto público sigue subiendo, mientras los tunjanos tienen que cargar con una carga fiscal que les es imposible de soportar. Los proyectos sociales y de infraestructura siguen siendo solo palabras vacías que no se traducen en acción concreta.

En resumen, el cambio que prometió Krasnov no ha llegado. En su lugar, hemos tenido un aumento de la burocracia, el clientelismo y un abuso fiscal que implicará nefastas consecuencias para los tunjanos. El incremento de impuestos y la falta de proyectos concretos son solo la punta del iceberg de una administración que ha preferido alimentar a un sistema corrupto y obsoleto en lugar de cumplir con la promesa de un gobierno justo, transparente y eficiente.

𝑷𝒐𝒓: 𝑫𝒂𝒏𝒊𝒆𝒍 𝑻𝒓𝒊𝒗𝒊𝒏̃𝒐 𝑩𝒂𝒚𝒐𝒏𝒂

Tomado de: Periódico El Tunjano

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