La administración de Mikhail Krasnov parece haber comprendido que el tiempo, ese juez implacable que no atiende a carismas ni a puestas en escena, se le agota tras el fallo de nulidad electoral que pesa sobre su cabeza. En ese estertor burocrático, ha desembarcado en el Concejo de Tunja el primer proyecto de acuerdo de traslado presupuestal del año, una criatura administrativa de 3.700 millones de pesos alimentada por recursos del Sistema General de Participaciones (SGP) que, si bien contempla sectores necesarios como la salud, el deporte y el medio ambiente, esconde en su apartado turístico una incoherencia técnica que raya en el absurdo.

Valga decir que invertir en estudios para el Mirador del Málmo (300 millones) o para la pista de BMX (180 millones) es un paso lógico; la ciudad necesita estudios previos antes de poner la primera piedra. Lo que resulta inaceptable es el «doble rasero» con el que se mide el proyecto de turismo. Mientras que para el mirador y la pista de BMX la administración reconoce con sensatez que solo se puede avanzar en la fase de estudios, en el proyecto «Caminos de Fe» pretenden saltarse el orden natural de la gestión pública. ¿Cómo es posible que para turismo se pidan recursos para estudios y, paralelamente, se pretenda contratar la ejecución de una vez? Si la lógica de la Alcaldía fuera coherente, también deberían estar pidiendo la plata para construir el mirador o la pista de inmediato. Pero no lo hacen, porque saben que sin estudios no hay obra; excepto, al parecer, cuando se trata de tallar piedras.

Este conflicto de lógica es el epicentro del despropósito. Entre la primera presentación ante el cabildo municipal y la segunda mediaron apenas cinco días, tiempo suficiente para que la «técnica» diera un vuelco de 180 grados. Lo que la semana pasada tenía un precio y un sentido, esta semana ya es otra cosa. ¿Cómo puede tener credibilidad una propuesta donde tallar una piedra cuesta $6.700.000 en la primera sesión y, mágicamente, baja a $3.000.000 en la segunda? Una variación de costos tan abrupta y sin explicación alguna no es un error de cálculo, es una falta de respeto a la inteligencia de la ciudad. Si los costos base son tan volátiles, ¿cómo podemos creer que los 70 millones para estudios o los 80 millones para temas comunitarios son cifras reales y no simples inventos de un Secretario de Cultura que ya tiene por costumbre mentirle al Concejo en la cara?

En este escenario, puntos neurálgicos como la Ermita de San Lázaro aparecen en el papel sin un gramo de prioridad técnica. El proyecto la menciona, sí, pero con una vaguedad que asusta: no se detalla la inversión ni hay cronogramas. Es una lista de deseos mal redactada en lugar de un plan serio. Y mientras tanto, la prioridad real parece ser el gasto de una fortuna en tallar piedras para utilizarlas como señalética. En un despliegue de opulencia estética innecesaria, la administración prefiere el cincel sobre la roca antes que la eficiencia del recurso. ¿Por qué no optar por madera, un material más económico y estético, y redireccionar esa plata hacia lo que realmente hace que un destino funcione? Tunja no necesita señales de piedra basadas en las «cifras alegres» de un funcionario cuestionado; necesita guías turísticos y rutas circulares que permitan la participación de adultos mayores y personas con movilidad reducida que también tienen derecho a disfrutar de su ciudad turísticamente hablando.

Lo más decepcionante es el papel de los concejales de gobierno, quienes se han amparado cínicamente en el tecnicismo de que los estudios previos son parte de la etapa precontractual para evadir la discusión de fondo sobre el nulo rigor técnico del proyecto turístico. Este comportamiento no es nuevo; es el mismo «modus operandi» con el que varios de los hoy integrantes de la comisión de presupuesto le aprobaron el nefasto empréstito a Alejandro Fúneme sin el más mínimo rigor técnico. Aquella irresponsabilidad de la anterior administración, que derivó en demandas, inconformidad social y multimillonarias adiciones presupuestales, parece repetirse hoy con los mismos protagonistas, aunque liderados por diferente amo. Los mismos que respaldaron al alcalde más cuestionado de la historia reciente de Tunja son los que hoy le sirven de corte a Krasnov, avalando una vez más la improvisación y las cifras lanzadas al aire sin importarles las consecuencias para el erario.

Este Concejo, lejos de ser un órgano que intermedia por la ciudadanía, se ha comportado como la corte de un rey, otorgando un cheque en blanco para la ejecución de una idea que ni siquiera ha pasado por el tamiz de su propia prefactibilidad. Aprobar esta adición bajo estas condiciones es una irresponsabilidad. Los «Caminos de Fe» de la administración Krasnov parecen conducir a un despeñadero de recursos públicos donde el afán por contratar la piedra pesa más que la ética de la planificación. La fe, en política, no debería ser la esperanza en lo que no se ve, sino la exigencia de que el dinero de los ciudadanos se gestione con la precisión de un relojero y no con la urgencia de quien sabe que su tiempo en el trono del poder está por expirar.

Tomado de Periódico El Tunjano

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