
𝑷𝒐𝒓: 𝑴𝒂𝒓𝒄𝒐 𝑨𝒏𝒕𝒐𝒏𝒊𝒐 𝑸𝒖𝒊𝒓𝒐𝒛 𝑺𝒂́𝒏𝒄𝒉𝒆𝒛
𝐶𝑜𝑙𝑢𝑚𝑛𝑖𝑠𝑡𝑎 𝐼𝑛𝑣𝑖𝑡𝑎𝑑𝑜 | 𝑃𝑟𝑒𝑠𝑖𝑑𝑒𝑛𝑡𝑒 𝑑𝑒𝑙 𝐶𝑜𝑛𝑠𝑒𝑗𝑜 𝑇𝑒𝑟𝑟𝑖𝑡𝑜𝑟𝑖𝑎𝑙 𝑑𝑒 𝑃𝑙𝑎𝑛𝑒𝑎𝑐𝑖𝑜́𝑛 (𝐶𝑇𝑃) 𝑑𝑒 𝑇𝑢𝑛𝑗𝑎
Las aspiraciones y llegada a la Alcaldía no son un concurso de belleza ni de popularidad, si bien es cierto que las elecciones son un enredo de coaliciones electorales, centradas más en la personalidad de candidaturas, sin una ideología definida, sin propuestas serias, solo consignas. Pero no por este caos se puede volver a escoger al menos peor, al que se ha presentado varias veces ahora le toca, no más de lo mismo.
Factores que exigen por lo menos tener en cuenta: a) experiencia y capacidad administrativa para entender y atender la misión y funciones de la administración municipal y territorial, b) capacidad de entorno profesional y ciudadano para nombrar funcionarios probos y con sentido de pertinencia, c) capacidad de liderazgo, d) capacidad de atender una ciudad en caos, y, sentidas frustraciones por la pérdida de confianza en sus dirigentes, e) capacidad para definir, establecer que su administración no se debe a la clase política tradicional, f) capacidad gerencial, g) capacidad para orientar una visión de mediano y largo plazo de la ciudad de tesoros escondidos… sin rumbo hace muchos años. Lo anterior no es un rosario de quejas ni virtudes, sino una trazabilidad de capacidades ciudadanas y profesionales, que encause la narrativa política.
Se requiere una persona hombre o mujer seria que en estos 16 o 18 meses de gobierno, periodo de transición pero en emergencia se centre responsablemente en temas prioritarios, que no hable de todo y de nada, que recupere la confianza, la credibilidad, la ejecución de los contratos en curso no como acciones de revanchismo, sino como el cumplimiento objetivo, racional, eficaz de la inversión de recursos públicos que como se dice son sagrados y escasos, con interventorías técnicas y no para lucrar, generar ganancias a empresarios y personales, sino para beneficio y mejorar la calidad de vida de la comunidad.
En estos momentos críticos, que importante y pertinente es tener en cuenta, que, como ciudadanos, no elegimos un rey, un ser superior, un administrador de finca, ni a una personalidad, ni el que nos digan…, sino que se elige un ciudadano (a), se otorga un mandato, que guie, oriente y cumpla una función social de dirigir los destinos de la ciudad y por tanto al servicio de la ciudadanía.
Que difícil y compleja decisión a tomar en estas elecciones atípicas, pero lo que no se debe es caer y volver al pasado.
Tomado de Periódico El Tunjano
