Foto Tomada de Google (BoyacáSietedías)

𝑷𝒐𝒓: 𝑮𝒊𝒏𝒂 𝑹𝒐𝒋𝒂𝒔 𝑯𝒐𝒚𝒐𝒔
Él, jamás. ¿Acaso no han visto sus redes sociales, donde una de sus mejores poses es la de vestirse de aliado de las mujeres? El problema es que los discursos y el teatro casi siempre terminan saliéndose del guion cuando se enfrentan a los hechos.
Y es ahí donde tenemos que hablar de la denuncia de la Ingeniera Johanna Alejandra Hernández Urrea, una mujer que los boyacenses conocimos el 14 de junio de 2025, precisamente a través de un pronunciamiento del Gobernador. Fue él quien la presentó ante el departamento destacando su “profesionalismo, disciplina y pilera, que representan la capacidad y el talento de la mujer forjada en nuestra tierra».
Su historia comenzó como debería comenzar cualquier historia de la función pública: participó en un concurso de méritos, superó todas las etapas, integró la terna enviada al Gobernador para escoger al Director Territorial de INVÍAS en Boyacá y, tras entrevistar personalmente a los tres aspirantes y revisar sus hojas de vida, Carlos Amaya la eligió.
No solo la eligió. También la convirtió en ejemplo. «Me complace anunciar que he seleccionado, de la terna enviada por la Dirección General del Invías, a Johanna Alejandra Hernández Urrea como nueva directora territorial. Esta designación es un reconocimiento a la idoneidad de las mujeres y una demostración de que pueden y deben ocupar cargos de liderazgo en el Gobierno Nacional. Ojalá todas las entidades nacionales cumplieran con la realización de estos concursos. ¡El mérito debe ser siempre el camino hacia estos cargos públicos!».
Hay que reconocer que el equipo de comunicaciones del Gobernador escribe muy bonito. El problema fue que el propio Gobernador cambió el libreto.
Meses después, en septiembre, Johanna informó oficialmente que estaba embarazada. Seis días más tarde, la decisión fue modificada y otro integrante de la misma terna terminó siendo sorpresivamente el seleccionado, es decir, el anuncio para nombrar a Johanna se quedó en un bonito trino ¿Coincidencia o una decisión influenciada por su estado de gestación? La Gobernación se justificó afirmando que la decisión final corresponde a la autoridad nominadora bajo criterios de oportunidad y conveniencia institucional.
Es previsible que esa sea su defensa y que niegue una y otra vez cualquier vínculo entre ambos hechos. Sin embargo, hay preguntas que ningún comunicado logra responder.
¿Hasta dónde puede llegar la discrecionalidad política frente a un concurso de méritos? ¿Qué mensaje reciben las mujeres cuando una decisión cambia pocos días después de informar un embarazo, aunque la administración niegue cualquier relación? ¿Cómo puede hablarse de meritocracia si las reglas del juego parecen modificarse durante el proceso?
El camino judicial ya fue emprendido por la ingeniera Johanna Hernández y será la justicia la que determine si existieron vulneraciones a sus derechos. Pero el impacto político y social de este episodio no lo definirá un juez. Ese juicio ya comenzó a hacerlo la opinión pública.
Porque una cosa es la facultad discrecional que la ley reconoce a un gobernador y otra muy distinta es el mensaje que transmiten sus decisiones.
Y el mensaje que hoy reciben miles de mujeres profesionales resulta siendo que usted puede ganar por mérito, ser anunciada públicamente como la elegida y aun cuando reúne el perfil que la propia administración exaltó, su futuro laboral puede cambiar de un momento a otro si en el camino aparece un embarazo. Eso, por sí solo, debería estremecer a cualquier sociedad que se considere comprometida con la igualdad.
Este no es el único caso. Es, quizás, el más visible en este momento. Pero no es la primera denuncia que se conoce en Boyacá sobre decisiones que terminan afectando el trabajo y el futuro profesional de mujeres que, por distintas razones, han terminado enfrentadas políticamente al Gobernador.
Ojalá la justicia establezca con claridad si aquí hubo vulneración de derechos y si existió o no una actuación discriminatoria. En todo caso, como mamá les digo que la maternidad jamás será un motivo para cerrar las puertas que el mérito ya había abierto.
Porque un embarazo no incapacita a una mujer para servir al Estado, ni para demostrar su valor profesional. Al contrario, muchas encuentran en la llegada de un hijo una razón más para ejercer con excelencia, compromiso y responsabilidad su profesión.
Carlos Amaya, que tantas veces ha reivindicado públicamente sus convicciones cristianas, la defensa de la familia y su supuesto compromiso con las mujeres, debería ser el primero en comprender que la maternidad jamás puede convertirse, ni siquiera en apariencia, en una desventaja laboral.
Y si no logra entenderlo, entonces el mayor acto de machismo no está en un discurso. Está en una decisión.
Tomado de Periódico El Tunjano
