El Krasnoverso, ese universo paralelo de realidades y ficciones en el que todo marchaba a la perfección para Mikhail Krasnov y sus ciegos adeptos, ha entrado finalmente en su fase de colapso gravitacional irreversible en Tunja. El desplome de este aparato de mentiras es evidente ante una ciudadanía decente que ha comenzado a despertar de la anestesia de los sofismas virtuales y la manipulación de pantalla. La física elemental de la realidad municipal ha comenzado a pasar factura, demostrando que ninguna órbita de desinformación en redes es lo suficientemente densa como para resistir la implosión de su propio descaro.

El ilusionismo digital ha perdido su fuerza magnética y la galaxia de sus fanáticos ciegos hoy se reduce a una mínima expresión debido a un despertar colectivo frente a la adicción oficial por el poder. La narrativa de aquel outsider incorruptible venido de otras latitudes, que inicialmente, a punta de cuento y verso, encandiló a los incautos con la falsa promesa de acabar a los políticos de siempre, se reveló estéril a la hora de gerenciar los recursos del municipio. El rechazo ciudadano inunda hoy las plataformas virtuales, evidenciando que a los tunjanos les ha salido demasiado costoso sumarse a un ecosistema cimentado en el engaño y la parálisis de la inversión urbana, así como de la gestión social.

La pérdida de credibilidad del autodenominado «profe» se aceleró de forma definitiva tras el anuncio de su última componenda, una maniobra que quebró la elasticidad moral de sus seguidores y provocó que la opinión pública abriera los ojos ante este camaleonismo político: su adhesión y casi que jefatura de campaña de Sandra Estupiñán.

La caminata convocada el pasado domingo para exhibir músculo electoral se saldó con un vacío desolador en las calles de la capital boyacense, confirmando el enfriamiento definitivo de su estrella en el firmamento local y el divorcio absoluto con el arraigo ético de la ciudad.

El golpe de gracia a este libreto de ilusiones provino de su propia base militante, mediante la difusión de un video disidente de sus más antiguos escuderos (https://www.facebook.com/share/v/17sRkKdFHs/), quienes catalogaron la nueva alianza como un acto indebido y oportunista. Los mismos contratistas de su periodo salieron a denunciar públicamente el desangre del erario, confirmando que el desmoronamiento de este universo paralelo no tiene marcha atrás. La soga del oportunismo político terminó por asfixiar al prestidigitador digital, cuyo magnetismo se extinguió al confrontarse con la realidad.

Es precisamente en el epicentro de este colapso gravitacional donde se materializa la postulación de Sandra Estupiñán Orjuela, la ficha oficial elegida de forma desesperada para intentar congelar el tiempo y encubrir los escombros de una administración, que poco y nada administró. El exmandatario actúa ahora como el promotor incesante de su antigua escudera en el Concejo de Tunja, bombardeando las redes con publicaciones para inyectarle gravedad a un guion que él mismo no conoce, no comprende en absoluto y repite a ciegas, evidenciando un líder eclipsado por su propia ignorancia programática.

La explicación de este idilio es nítida: ante la pérdida del respaldo popular, el exalcalde busca un blindaje administrativo absoluto en el Edificio Municipal para asegurar que no se entreguen cuentas de su periodo. La misión de la candidatura es garantizar que se engaveten las carpetas, desaparezcan los documentos públicos de los procesos y nadie dé razón de los archivos institucionales. El propósito central es prolongar a nivel ejecutivo la misma carencia de control político que Estupiñán ya le garantizó desde su curul, donde no movió ni un dedo para destapar las ollas podridas, que hoy siguen apestando a Urano.

Esta alianza cósmica, sin embargo, posee una paradoja técnica que los estrategas de este universo de ficciones parecen no haber calculado en sus simulaciones burocráticas de poder. Resulta altamente improbable que Estupiñán Orjuela acepte el papel de un satélite pasivo o de un títere dócil programado para obedecer directrices tras bambalinas, si es que la victoria se materializa. Su conocida ambición personal descarta cualquier escenario de subordinación ciega, redefiniendo el trato como un frío negocio de mutua conveniencia: ella operará como muro de contención judicial mientras saborea las mieles del cargo.

El desespero por acelerar esta transición responde a la urgencia de proteger un ecosistema donde las anomalías brotaban con la regularidad de un ciclo planetario, dejando un rastro de contratos cuestionables que hoy rastrean los entes de control. Los tres macrocontratos de referencia que constantemente ventilamos en este espacio, así como en otros medios de comunicación, no son hechos aislados, sino apenas los asteroides más visibles de un cinturón de irregularidades semanales que demuestran cómo la retórica de la transparencia naufragó frente a la opacidad de la contratación directa, a dedo.

El ejemplo más reciente de esta lúdica gubernamental lo constituye el publicitado programa de becas internacionales con la Universidad Internacional de La Rioja (UNIR), anunciado tras un suntuoso viaje a España. La pomposa iniciativa, vendida en redes como el pasaporte al desarrollo para la juventud tunjana, resultó ser un agujero negro publicitario donde no se localiza un solo beneficiario real. La retórica de la renovación se diluye en la misma carreta de siempre, dejando a la ciudad con la frustración de un montaje mediático y cero impacto educativo en las comunidades.

Estas órbitas de distracción mediática servían para eclipsar las anomalías de mayor cuantía económica que hoy son objeto de investigación fiscal en el departamento. En la cúspide de esta galaxia de manejos turbios se localiza el contrato interadministrativo con la Empresa de Desarrollo Territorial de Don Matías, pactado por una cifra superior a los 15.076 millones de pesos. El mérito de esta ingeniería contable radicó en girar de manera inmediata un anticipo equivalente al 95% de los recursos, una maniobra ejecutada entre las sombras, cuyas obras viales, educativas y comunales siguen brillando por su ausencia.

El segundo hito de esta nebulosa de la contratación directa fue la actualización catastral, un proceso presupuestado originalmente en 10.000 millones de pesos que terminó devorando más de 14.000 millones, de hecho, casi 15 mil. La entrega parcial de este producto provocó un cortocircuito informático severo en las dependencias oficiales, dadas las incompatibilidades técnicas insalvables entre los programas de software de Catastro y Hacienda. Valga recordar que el negocio se estructuró en la penumbra regulatoria, hasta que el rastreo documental de un bloque de concejales expuso la firma de este contrato que se entregó en la más absoluta clandestinidad.

El circuito del gasto suntuario se cierra con el manejo de la agenda cultural de la vigencia 2025, un contrato fijado en 9.900 millones de pesos que terminó disparándose por encima de los 14.000 millones. Las adiciones presupuestales despiertan profundos interrogantes técnicos, toda vez que una porción de los eventos previstos jamás llegó a materializarse. Al parecer, el flujo del dinero público terminó desviado hacia la operación logística del Aguinaldo Boyacense, asumiendo costos que por simple lógica le corresponden al empresario privado, que por el contrario no compartió con su inversor un solo centavo de las utilidades.

El balance de Mikhail Krasnov se revela problemático desde cualquier perspectiva legal, pero el engaño mayor radica en el manejo tramposo de los dineros de la ciudad. El libreto oficialista intentó maquillar su ineficiencia bajo la falsa tesis de que los recursos alcanzaban porque supuestamente nadie robaba en el Edificio Municipal. La cruda realidad administrativa es que este gobierno se encargó de congelar la inversión social, así como la ejecución de obras físicas, tanto en 2024 como en 2025, acumulando multimillonarios superávits bancarios y dejando la plata guardada pudriéndose en cuentas mientras las necesidades de los barrios quedaron en el completo abandono.

A esta parálisis financiera se suma un deplorable proceso de descomposición en el trato institucional hacia las mujeres y las funcionarias de su propio equipo de trabajo. El deterioro ético de este universo de ficciones quedó expuesto en el Concejo Municipal, donde se ventiló públicamente cómo el exmandatario abría descaradamente cajas de condones y los desparramaba sobre la mesa ofreciéndoselos a las integrantes de su gabinete (https://www.facebook.com/share/v/1DupHQzYGs/). Semejante espectáculo, lejos de ser una invención, retrata el talante de un mandatario que degradó la dignidad de la administración pública frente a la ciudad.

La gravedad de estos sucesos obligó al poder destituido a estructurar una estrategia virtual de persecución para silenciar las críticas e intimidar a las voces independientes. Desde las dependencias oficiales se alimentó una densa red de bodegas y perfiles falsos que operaba como un brazo armado digital, diseñado exclusivamente para denigrar y destruir la reputación de los líderes sociales y periodistas que nos negamos a callar ante sus irregularidades. Esas mismas plataformas artificiales, habituadas a destilar odio virtual en favor de Krasnov, son las que hoy se destacan de manera milagrosa en la tibia campaña de Sandra Estupiñán.

La trayectoria de la aspirante evidencia un camaleonismo utilitario de alta precisión, habiendo orbitado como incondicional y escudera en los gobiernos de Pablo Cepeda Novoa, Alejandro Fúneme González y el propio Krasnov. En su bitácora dentro de la corporación edilicia no se registra la autoría de un solo proyecto de acuerdo orientado al beneficio estructural de las comunidades vulnerables. Resulta imperativo desmontar su relato sobre el liderazgo de género; su activismo se reduce a la simulación de una solidaridad de papel que capitaliza con gritos y shows ante las cámaras frente a los escándalos del momento.

Bajo el amparo de la ilusión digital intentan proyectarla como la artífice de una política pública de mujer que en la práctica carece de presupuesto real, indicadores de impacto o transformaciones tangibles en los barrios. El verdadero combustible de esta candidatura es consolidar una estructura burocrática incondicional que proteja al exmandatario de sus complejos frentes judiciales ante la Fiscalía, así como de los procesos que cursan en su contra en Procuraduría y Contraloría. El balance de estos dos años arroja una gestión opaca, liderada por un personaje que hoy apela al constreñimiento de los contratistas del municipio para aceitar la maquinaria de su heredera.

En las dependencias oficiales de la administración municipal se ejecuta un constreñimiento abierto hacia el personal contratista, condicionando su estabilidad de cara al futuro. Se les fuerza a alinearse políticamente bajo el burdo chantaje de que la única vía para asegurar la renovación de sus órdenes de prestación de servicios es votar por Sandra Estupiñán. Esta coacción reduce la dignidad del trabajador a una cuota de supervivencia burocrática, obligándolos a sostener una estructura que se derrumba pero que aún utiliza el empleo público como moneda de cambio forzada, al mejor estilo de la cuantiosa constelación de estrellas de la politiquería con las que cuenta nuestra política criolla.

La soga de este oportunismo político terminó por asfixiar al prestidigitador de las redes sociales en la capital boyacense. Krasnov pretendió instrumentalizar el municipio como un feudo personal y creyó, desde su profunda soberbia cósmica, que la dignidad de los tunjanos se podía comprar con contratos de bodegaje virtual o silenciar mediante el chantaje laboral del día a día. Su error de cálculo fue subestimar a una ciudad que posee un arraigo ético impenetrable para las maquinarias tradicionales. La estrella del Krasnoverso se apaga definitivamente en el firmamento tunjano, devorada por el hoyo negro de sus propias ficciones, de sus contradicciones y de su falta de principios.

𝑷𝒐𝒓: 𝑫𝒂𝒏𝒊𝒆𝒍 𝑻𝒓𝒊𝒗𝒊𝒏̃𝒐 𝑩𝒂𝒚𝒐𝒏𝒂

Tomado de Periódico El Tunjano

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