𝑷𝒐𝒓: 𝑮𝒊𝒏𝒂 𝑹𝒐𝒋𝒂𝒔 𝑯𝒐𝒚𝒐𝒔

Todos pónganse de pie y aplaudan las velatones por la equidad de género, las reuniones con colectivos de mujeres, los discursos sobre equidad, los abrazos para la foto, los recorridos por los barrios y las celebraciones dedicadas a las tunjanas en plena campaña. Porque, en estas elecciones atípicas, las mujeres han ocupado un lugar privilegiado para las y los candidatos.

Ahora sí, pueden sentarse. Porque cuando se apagan las cámaras y se revisan los documentos que realmente orientarán el gobierno de quien llegue a la Alcaldía, las mujeres prácticamente desaparecen. No están donde realmente importa, en la planeación del futuro de Tunja.

Revisé, uno por uno, los programas de gobierno de los cinco candidatos con mayores opciones de llegar a la Alcaldía. Lo hice con la esperanza de encontrar propuestas sobre autonomía económica para las mujeres, prevención de las violencias basadas en género, fortalecimiento de la Política Pública de Mujer, asignación de recursos, indicadores, institucionalidad, liderazgo, participación, mecanismos de seguimiento y acciones que también incluyeran a la población diversa.

El resultado fue profundamente desalentador. En la mayoría de los programas, las mujeres apenas aparecen en la caracterización demográfica del municipio o diluidas dentro del concepto de «población vulnerable».

Sandra Estupiñán es la única candidata que incorpora un eje específico para las mujeres dentro de su programa de gobierno. Sin embargo, lo hace con propósitos generales, no explica con claridad cómo transformará la realidad de las mujeres de Tunja, ni establece metas, recursos o mecanismos concretos para hacerlo.

A ello se suma su cercanía con la administración saliente, la del ruso, cuestionada por denuncias relacionadas con presuntos casos de acoso sexual, denuncias de amenazas de muerte, supuestos maltratos a funcionarias por estar en embarazo o ser mamás, entre otros señalamientos públicos sobre el trato que recibieron algunas mujeres dentro de la administración municipal. Frente a esos hechos no se conoció un pronunciamiento ni un ejercicio de control político contundente por parte de la entonces concejal, lo que hace legítimo preguntarse qué tan profundo será realmente ese compromiso.

Los demás candidatos —Rafael Acevedo, Edwar Parra, Yamir López y Jonathan Bosigas— parecen haber olvidado que, además de buscar el voto de las mujeres, también debían incluirlas en la hoja de ruta de la ciudad.

Y eso no es un asunto menor. Tunja no parte de cero. Durante años, muchas mujeres han investigado, propuesto, incidido y construido espacios de participación para que la equidad deje de depender de la voluntad política del gobernante de turno. Gracias a esas luchas existe una Política Pública de Mujer. Sin embargo, para los candidatos pareciera que ese trabajo colectivo nunca hubiera existido.

Lo más inquietante es que este debate prácticamente no existió durante la campaña. Se habló de vías, seguridad, movilidad, infraestructura e inversión. Todos son temas importantes. Pero no explicaron cómo gobernarán una ciudad donde las mujeres siguen enfrentando violencias, discriminación y brechas que requieren respuestas específicas, presupuesto y capacidad institucional.

A esto se suma un agravante y es que durante años hemos visto cómo las dependencias encargadas de liderar la agenda de mujeres en Tunja terminan convertidas en cuotas políticas, mientras las verdaderas transformaciones siguen esperando. Y nada de lo que hoy está escrito en los programas permite pensar que esa lógica vaya a cambiar.

Entonces vale la pena preguntarles a quienes aspiran a gobernar Tunja: ¿van a seguir improvisando con las mujeres? ¿La política pública para las mujeres seguirá reducida a actos conmemorativos, carreras atléticas, campañas ocasionales y fotografías de campaña, mientras las violencias y las desigualdades continúan exigiendo respuestas estructurales?

Así que quizá la principal conclusión de esta revisión no tenga que ver con estas elecciones atípicas sino con las próximas.

Las mujeres de Tunja tienen que volver a organizarse. Reconstruir agendas comunes. Fortalecer nuevos liderazgos. Exigir compromisos verificables y dejar de conformarse con gestos simbólicos. Muchas ya dimos esas luchas. Algunas incluso tuvimos que marcharnos en medio de la persecución política. Ahora es momento de encauzar esa fuerza, comprometerse a votar de manera informada, ejercer control político a quien resulte elegido y empezar, desde ahora, a construir las condiciones para las elecciones del próximo año.

Porque si algo deja en evidencia esta campaña es que los derechos de las mujeres no pueden seguir dependiendo de la sensibilidad personal de quien ocupe el despacho del alcalde.

Tomado de Periódico El Tunjano

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