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𝑷𝒐𝒓: 𝑮𝒊𝒏𝒂 𝑹𝒐𝒋𝒂𝒔 𝑯𝒐𝒚𝒐𝒔

Parece chiste, pero es una anécdota. En el multiverso de Carlos Amaya, en 2015, durante el discurso de posesión para su primera Gobernación, se quejaba de las finanzas del departamento por una deuda que, según aseguró, superaba los $100.000 millones. Algo que en 2016 convirtió en discurso oficial y resumió así: “Uno recibe la olla raspada, pero en el caso de la Gobernación de Boyacá, no se encuentra ni la olla, lo que demuestra que hay una situación complicada, no hay recursos”.

Diez años después, cuando quedan 493 días de mandato, Amaya parece que, además de desaparecer ollas, ya no quiere dejar ni la cocina. Nuevamente se habla de un empréstito, esta vez por $170.000 millones, que, sumado a los $230.000 millones aprobados en 2024, llevaría el endeudamiento a $400.000 millones. Es decir, cuadruplicaría aquello que él mismo cuestionaba cuando llegó por primera vez a la Gobernación.

Pero bueno. Uno entendería su desespero por conseguir plata si estuviera en su situación: corriendo contra el tiempo para cumplir cientos de promesas, llenar los fondos de cheques enormes y responder por el multimillonario anuncio del Pacto Raíz y Futuro que, dicen, utilizó para hacer campaña al Congreso, a la Presidencia y ahora espera que le sirva para una nueva Gobernación, pero que hasta ahora, parece haberse quedado en el papel.

También podríamos entender un nuevo endeudamiento si, a estas alturas y dos años después de la aprobación de los $230.000 millones anteriores, fueran evidentes sus resultados. Sin embargo, entre cambios de destinación y cuestionamientos sobre el uso de los recursos, todavía tenemos derecho a preguntar, ¿dónde están los resultados que no los vemos?

Pero en todo caso, digamos lo que digamos, seguramente este nuevo empréstito pasará, porque ya existe una coalición de diez diputados que se ha reunido con el Gobernador para hablar de la iniciativa y, al parecer, comprometerse a hacerla realidad.

Lo que no podemos perder de vista es que la deuda no la paga Carlos Amaya. La pagamos todas y todos los boyacenses. Los mismos boyacenses que estamos en la olla, en la olla de verdad, porque en Boyacá se está construyendo una realidad cada vez más injusta: la pobreza monetaria aumentó del 30,9% al 31,6%, mayor al promedio nacional. Fuimos el único departamento del país donde este indicador aumentó. El único.

Pero la respuesta institucional es que mientras 406.000 boyacenses viven con menos de $412.693 mensuales, ahora también tendremos que pagar una deuda más. Esto es algo que definitivamente no tiene sentido.

Así que hablando en serio, Gobernador, ¿qué pasó con aquel gobierno de la gestión? ¿Qué pasó con el multiverso de 2015 que prometía austeridad y una realidad diferente, alejada de la corrupción, el despilfarro y los discursos sin hechos?

Como señaló EL DIARIO, los ciudadanos no solamente tenemos derecho a conocer cuánto dinero quiere pedir prestado el Gobierno, sino también para qué se utilizará, cuánto costará devolverlo, durante cuánto tiempo se pagará y qué porcentaje del presupuesto futuro quedará comprometido.

Por eso, si la coalición de la Asamblea decide aprobar este nuevo empréstito, lo mínimo que esperamos es que pueda demostrar que los beneficios de las inversiones que se financiarán con esos recursos justifican el costo y el nivel de endeudamiento que asumirá el departamento. A ver si también validan un poquito su discurso rayado del gobierno que más ha hecho, más ha invertido, etcétera etcétera.

Tomado de Periódico El Tunjano

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