Escrito por: Julio César Corredor
Carreta: dícese del carro ordinario de tracción animal, con un cajón, dos ruedas y dos patas.
Carreta: cháchara intrascendente, ligera, normalmente inútil, que busca convencer, sin argumentos concretos.
Dos definiciones sobre un mismo vocablo que se revuelven entre el desgarriate de duraznos, manzanas, cordones para zapatos, calcetines, ropa interior, plantas ornamentales, cuadros, cachuchas y demás mercadería, que hace parte del surtido diario de la miscelánea conocida como “Centro Histórico de Tunja”, muy publicitada por estos días, tanto local, como nacional e internacionalmente.
Todo, porque en medio de la balbuceada carreta del alcalde Krasnov, sobre su intención de organizar la mencionada miscelánea, una carreta le fue violentamente arrebatada a una impotente y humilde mujer, quien mientras luchaba infructuosamente para impedir ser despojada de su elemento de trabajo, veía cómo lo único que tenía para el sustento de su familia, quedaba esparcido sobre el pavimento.
Esa “desgarradora escena”, en segundos se multiplicó por las redes sociales; entonces el efecto cambió y la carreta que quedó por el piso fue la del alcalde Mikhail. De uno y otro lado se escucharon voces de rechazo ante tan vil acto, digno del despiadado zar ruso, Iván el Terrible.
Fue tal la compasión social que despertó la carreta de la señora, que en un abrir y cerrar de ojos, un reconocido creador de contenidos digitales, le entregó un bien surtido puesto de frutas, en la plaza de mercado de la ciudad, para evitar así que la balbuceada carreta de Krasnov, volviera a pasar por encima de su humilde carreta.
Pero, ¡oh sorpresa!, al día siguiente, la señora y su carreta, fueron vistas nuevamente en la “miscelánea Centro Histórico de Tunja”, tirando así al piso, la carreta de quienes protestaron en las redes, la carreta de sus colegas de lucha y de paso, dando nuevamente impulso a la carreta de Mikhail.
Toda esta carreta, hasta aquí relatada, se convierte en el eje de las ruedas que hoy mueven la problemática del espacio público en el centro de Tunja.
Krasnov y sus “carreteros”, dicen haber analizado y evaluado todos los insumos que tienen a su disposición, sobre las realidades de los informales de la ciudad, sostienen que han escuchado sus inquietudes, necesidades y planteamientos, por lo que no justifican las protestas.
Por su parte, los informales, muchos de los cuales no escapan a las consecuencias de desplazamiento y marginación social del país, empujan su carreta en contravía y dicen que solo han recibido evasivas y respuestas poco claras, por lo que no van a ceder ante las presiones e intimidaciones con las que les quieren arrebatar la única manera que tienen para subsistir.
En la mitad de estas dos carretas, encontramos a la sociedad, en la mayoría de los casos doble moralista, exigiendo, de un lado, espacios apropiados para la libre movilización y de otro, promoviendo la informalidad al adquirir los productos que en la calle le ofrecen.
Así avanza la historia de las atoradas carretas, en medio de las excusas, las farsas y las mentiras. Unos por querer a toda costa, sin estrategias serias y adecuadas, mostrar que están cumpliendo improvisados compromisos de campaña, otros porque escudados en la trinchera de la miseria, no aceptan nada, nada les sirve ni ayer, hoy o mañana. Quedaremos entonces condenados como en la leyenda de la Carreta Chillona, esa que rueda sola sin que nadie la empuje, llevando consigo calaveras humanas al ritmo del látigo negro, mientras el centro de la ciudad sucumbe, ahogado, por sus propios fantasmas.
Tomado de: https://ultimahoraboy.com/
