𝑷𝒐𝒓: 𝑮𝒊𝒏𝒂 𝑹𝒐𝒋𝒂𝒔 𝑯𝒐𝒚𝒐𝒔

Hace un año, varios boyacenses, incluidos apreciados colegas periodistas, celebraban con entusiasmo la elección de Jaime Raúl Salamanca como presidente de la Cámara de Representantes. Muchos lo veían como una oportunidad histórica para el departamento. Pero desde entonces advertí que la esperanza era mínima. La trayectoria del grupo político al que pertenece ha demostrado estar más enfocado en los intereses personales que en transformar las condiciones estructurales de Boyacá. Doce meses después, la evidencia lo confirma, pues a pesar de que seguramente en su rendición de cuentas destaca acciones propias del trabajo legislativo y el espacio que ostentaba, no hubo nada nuevo ni contundente para su región.

Escándalos, contratos bajo la lupa, señalamientos por violencia política contra mujeres y una notoria falta de manejo político resumen su paso por la presidencia. Para Boyacá, terminó incluso con una promesa incumplida, la supuesta visita del presidente Gustavo Petro, que llegaría con anuncios importantes pero que nunca se concretó.

¿𝗤𝘂𝗲́ 𝗼𝗽𝗶𝗻𝗮𝗻 𝗹𝗼𝘀 𝗯𝗼𝘆𝗮𝗰𝗲𝗻𝘀𝗲𝘀?

Los medios regionales hicieron su propio balance, y los resultados hablan por sí solos. Boyacá 7 Días preguntó: ¿Qué le dejó a Boyacá la presidencia de Jaime Raúl Salamanca en la Cámara de Representantes? La mayoría respondió, mala imagen (55,4%), seguida de desencanto (25,7%). Solo el 8,1% mencionó proyectos y un 10,8% buen nombre. Es decir, más del 80% de los encuestados considera su paso por la presidencia como una decepción.

El Periódico El Tunjano, por su parte, preguntó directamente: ¿Cómo califica su labor? El resultado fue aún más contundente, comentarios negativos, calificaciones de pésimo e incluso usuarios sorprendidos al enterarse de que Salamanca ostentaba ese cargo.

Esto desmonta cualquier intento de victimización por parte del representante, quien insiste en señalar toda crítica como una persecución personal. No lo es. Se llama veeduría ciudadana y control político. Y ambos son necesarios en una democracia que lo eligió y que puede exigir cuentas en cualquier momento.

¿𝗬 𝗲𝗻 𝗲𝗹 𝗽𝗮𝗶́𝘀?

A nivel nacional, Salamanca tampoco dejó buena impresión. Fue señalado por varias congresistas, entre ellas Catherine Juvinao, Katherine Miranda, Carolina Arbeláez y Jennifer Pedraza, por ejercer violencia política contra las mujeres. Apagarles el micrófono, negarles el uso de la palabra, interrumpirlas o tratarlas con inferioridad frente a sus pares hombres, como expresiones claras de un machismo institucionalizado.

En lo personal, no me sorprende. Como otras mujeres, he sido bloqueada por Salamanca en redes sociales luego de expresar opiniones que no le agradan. Parece que el debate con mujeres no es su fuerte, salvo que pueda silenciarlas.

Pero además, su nombre también hizo eco al ser protagonista de titulares por comentarios en redes sociales sobre su miembro viril. Un bochornoso episodio que en su momento retrató su desconexión con la dignidad del cargo y con los temas que realmente importan al país.

𝗖𝗼𝗻𝘁𝗿𝗮𝘁𝗼𝘀 𝘃𝗲𝗿𝗱𝗲𝘀, 𝗯𝗲𝗻𝗲𝗳𝗶𝗰𝗶𝗼𝘀 𝘀𝗲𝗹𝗲𝗰𝘁𝗶𝘃𝗼𝘀

Y por si fuera poco, El Espectador reveló este fin de semana que durante su presidencia se firmaron más de 3.500 contratos por cerca de 321.812 millones de pesos, muchos de ellos vinculados a cuotas políticas de la Alianza Verde, exfuncionarios del gobernador Carlos Amaya y personas cercanas al propio Salamanca. Él mismo admitió haber influido en algunas contrataciones “para abrirles las puertas a los boyacenses”.

Pero, ¿a qué boyacenses? A los de siempre. A los que hacen parte de su rosca verde. Porque la Boyacá Grande es muy grande para los de su círculo político, pero sigue siendo bien chiquita para el campesino que recorre trochas intransitables; para quienes viven en condiciones de pobreza extrema esperando respuestas reales a sus necesidades; para quienes han sido perseguidos y desplazados por alzar la voz contra una ola verde que todo lo coopta y todo lo calla.

𝗧𝗶𝗲𝗺𝗽𝗼 𝗱𝗲 𝗰𝘂𝗲𝗻𝘁𝗮𝘀

Ya vienen las campañas. Volverán las promesas recicladas de quienes se rotan los cargos para seguir sosteniendo el mismo modelo excluyente. Pero esta vez la ciudadanía no puede olvidar. No puede permitir que la política siga siendo una fiesta para unos pocos a costa del olvido de las mayorías.

La lógica del amiguismo y la ineficiencia no pueden seguir secuestrando el presente y el futuro de Boyacá.

Tomado de: Periódico El Tunjano

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