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𝑷𝒐𝒓: 𝑮𝒊𝒏𝒂 𝑹𝒐𝒋𝒂𝒔 𝑯𝒐𝒚𝒐𝒔
Hay preguntas que parecen un chiste hasta que uno empieza a juntar los hechos. Y esta nace de algo que podríamos llamar, usando uno de los recursos favoritos del Gobernador, el realismo mágico de los anuncios de Carlos Amaya.
Esta semana, su equipo de prensa mostró un sobrevuelo por el Valle de Tenza junto a empresarios y representantes del Gobierno de Canarias para promocionar la región como destino turístico. Muy estratégico, lo hizo en helicóptero, porque desde el aire todo luce distinto.
Y nadie puede negar que el Valle de Tenza es hermoso. El problema es que, para que los turistas lleguen hasta allá por tierra, hacen falta vías. Y eso fue precisamente lo que la comunidad hizo evidente en los comentarios de las redes sociales, donde reclamó por los anuncios, promesas y compromisos que durante más de 12 años se han hecho para mejorar la movilidad de la región, pero que no han llegado. Entre ellos, la pavimentación de la vía Tenza–Sutatenza, un proyecto anunciado hace más de siete años y que todavía no se convierte en la realidad que sus habitantes esperan.
Ahora, también nos quedó faltando saber cuántos proyectos quedarán estructurados, cuántos prestadores serán fortalecidos, qué inversiones llegarán y qué resultados podrán medirse dentro de uno, dos o cinco años como consecuencia de la visita de los canarios.
Porque lo de vivir en las nubes no es nuevo. Tampoco lo es hacer anuncios que, cuando menos, resultan extraños.
Hace poco más de un año también nos contaron que, después de un viaje a Dubái en el que participaron el Gobernador y el presidente Gustavo Petro, se habían adelantado gestiones para que la chirimoya de Chiscas llegara a Emiratos Árabes y, eventualmente, a la India.
Hoy, más de 12 meses después, parece que aquello terminó siendo poco más que una justificación de la agenda de los dos mandatarios al otro lado del mundo.
Hay datos que muestran que en 2023 se produjeron 742 toneladas de chirimoya en Boyacá, 600 de ellas en Chiscas, mientras otras fuentes describen una disminución histórica de la producción y una escasa disponibilidad local. Es decir, que aun si hoy quisiéramos cumplir con esos compromisos de exportación, la pregunta sería si realmente tenemos la capacidad productiva para hacerlo.

Turismo internacional, exportaciones y un Boyacá proyectado al mundo, suena maravilloso. Pero cuando uno se baja del helicóptero, o de la nube, como dirían los abuelos, el ‘totazo’ puede sentirse bien duro. Aquí es claro que se está haciendo costumbre que el show supere la realidad y que las mentiras lleguen como pan de cada día, aparentemente para justificar millonarios gastos públicos.
Aunque duele y aburre más, que crean que los boyacenses somos tan ingenuos que después de una década de lo mismo vamos a seguir cayendo ante las superproducciones audiovisuales que solo emiten humo verde y que, muchas veces, terminan siendo replicadas, desde el miedo, sin mayores preguntas ni cuestionamientos.
No tenemos la respuesta sobre qué llegará más rápido. Pero lo que sí queremos pedir, por vida suyita, que lo que no siga volando sean las mentiras.
P. D.: Y como parece que el vehículo personal del Gobernador es el helicóptero —quizás también para evitar las trochas que todavía no ha arreglado—, ya presentamos un derecho de petición para satisfacer una curiosidad muy sencilla: ¿para qué se ha utilizado y cuánto nos ha costado a los boyacenses?
Tomado de Periódico El Tunjano
