Como pájaros y hormigas, la vida no reparte tronos sino turnos.
El pájaro baja, observa y se come a la hormiga sin culpa ni explicación; no necesita justificar nada porque la regla es simple y el que puede, toma.
Pero la escena no termina ahí, porque el mismo pájaro que hoy domina el aire, mañana cae, se enfría y deja de imponerse, y entonces las hormigas hacen exactamente lo que él hizo antes; lo desarman, lo reducen, lo desintegran.
No hay revancha, hay continuidad y existe una lógica que no se detiene, que no negocia, que no se impresiona con la fuerza momentánea de nadie.
Esa misma lógica atraviesa la vida humana, aunque aquí se disfrace mejor, porque ya no se trata de pico y tierra, sino de decisiones, relaciones, posiciones, porque hoy alguien asciende usando la confianza de otro, toma información, desplaza a quien le abrió la puerta y se aposta con la tranquilidad de quien cree haber asegurado su lugar.
En una empresa, el que hoy celebra el despido de otro para quedarse con su puesto rara vez se detiene a pensar que está normalizando una dinámica que mañana puede aplicarse sobre él, en la política, quien hoy manipula cifras, discursos o lealtades para sostener su imagen, lo hace convencido de que el control de la narrativa es permanente, como si la opinión pública no fuera un terreno que también se mueve y en lo personal, hay quienes convierten la amistad en recurso, la cercanía en ventaja, y creen que ese uso calculado del otro no tiene retorno.
En esa misma lógica el sistema no cambia y lo único que rota es el lugar que cada quien ocupa dentro de él toda vez que las condiciones se transforman, los escenarios giran, las alianzas se diluyen, los respaldos desaparecen y el poder que genera dominio sobre el otro se esfuma, dejándolos a todos en las mismas condiciones o al dominado arriba y el mandón abajo. El que hoy se sirve del otro sigue estando dentro del mismo engranaje que mañana puede dejarlo expuesto, sin las mismas herramientas, sin el mismo margen de maniobra y no es castigo, no es justicia, es funcionamiento cíclico de la vida.
La paradoja es directa, porque quien se alimenta de la fragilidad ajena ya está inscrito en una cadena donde su propia fragilidad será, en algún momento, útil para otros y no necesariamente por las mismas manos, no en el mismo argumento, pero sí bajo la misma lógica.
El que hoy toma ventaja rara vez piensa en el día en que ya no la tenga, el que hoy desplaza, no imagina que puede ser desplazado y el que hoy utiliza, no calcula que también puede ser utilizado.
Y es que no se trata de una lección moral, sino de una constatación dificultosa, porque la vida no establece jerarquías definitivas, establece ciclos; no reconoce posiciones permanentes, reconoce movimientos y es justamente en ese movimiento, donde todo lo que se ejerce sobre otro queda registrado dentro de un sistema que no olvida la mecánica, aunque cambie a los actores.
Como pájaros y hormigas, todos circulan por el mismo orden, aunque algunos insistan en creerse por encima de él, y ahí está el punto más frágil de todos; la ilusión de permanencia, porque el turno siempre cambia, la rueda gira y gira y la ruleta se detiene cuando menos lo esperamos y aunque muchos se nieguen a aceptarlo mientras están arriba, tarde que temprano caerán como pájaro, por más que vuele alto.
Por: José Ricardo Bautista Pamplona
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